Sociedad

Celine Hameury: cara a cara sobre el método Montessori

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La educación, a través de la historia de la humanidad, ha tenido replanteos y cambios que se han ido ajustando a los tiempos y contextos de cada época, acompasando el desarrollo de los pueblos. Hoy, entre los avances tecnológicos de los últimos 30 años y la educación, la brecha se ha ampliado, por lo cual hay personas que buscan aggiornar y acortar esa brecha a partir de métodos que permitan llegar a una educación con sentido, para el siglo XXI. Uno de esos métodos, que si bien no es moderno si cuenta con un importante empuje, es el método Montessori.

MISIÓN | La creadora de este método, fue la doctora María Montessori, quien planteó una forma diferente de aprender y enseñar, apostando a la libertad y a la creatividad de los alumnos. Decía María Montessori: “el desarrollo del niño surge de la necesidad de adaptarse a su entorno: el niño necesita darle sentido al mundo que lo rodea y se construye a sí mismo en relación a ese mundo”.

Acercarse a esta propuesta es una invitación al cambio, y en ese camino nos adentramos. En una de esas lindas tardes otoñales, soleadas, en el entorno apacible de la ciudad de Rodríguez, buscando una casa rodante estacionada en algunas de sus tranquilas calles, llegamos al destino deseado, conocer a Celine Hameury, la educadora francesa que recorre el mundo tras su pasión, difundir y enseñar, el método Montessori.

Junto a su motorhome (casa rodante), aguardaba a La Semana y después de un apretado abrazo, dio comienzo una charla enriquecedora y agradable, buscando conocer de la vida de Celine y el motivo de su visita a Uruguay.

Celine es maestra, educadora, profesora de inglés y guía Montessori, aunque dice que no le gusta hablar sus títulos: “son etiquetas, en realidad yo soy Celine, en realidad lo que hago es vivir la vida, hacer lo que amo”.

Con su llegada a Uruguay busca mostrar parte de las herramientas que utiliza el método Montessori y establecer pautas, para llegar a desarrollar cambios que se vienen implementando en cientos de escuelas del mundo.

Decidí venirme a Uruguay con mi motorhome, primero para estar más cómoda y segundo para poder ir a los pueblos donde normalmente no se llega, porque hasta ahora llegaba a ciudades grandes con el ómnibus o el avión, y sé que entre medio hay mucha gente que le encantaría poder acceder, pero que, por razones de tiempo o de dinero no pueden venir a la formación, así que si ellos no pueden, yo me acerco”.

Celine hace más de más de 15 años que trabaja con niños de varios países en diferentes tipos de escuelas, por lo que ha podido vivenciar desde adentro, diferentes sistemas de educación. Cree que parte del proceso educativo debe tener ya, una gran transformación y su idea es sembrar una semilla para lograr esos cambios. “Esa es la idea, visitar lugares, tranquilamente, sin prisa, conocer la gente, las costumbres y llegar a todo el mundo que lo necesite y que lo quiera”, dice.

Su vida es un ir y venir por el mundo, con su casa a cuestas, pero siempre con el objetivo de motivar para el necesario cambio.

Con un marcado acento francés y mucha simpatía, Celine habló de sus comienzos, de su primer acercamiento al método Montessori y de sus visitas a escuelas de varias partes del mundo. “Yo creo que un método es como un buen libro, tu no eliges leer un libro, ni el animal que vas a tener, sino que ellos te eligen a ti y creo que eso fue lo que me pasó con Montessori. Cuando tenía 18 años mi padre pensó que era bueno para mí, irme de Francia, aprender inglés y me fui a cuidar una niña a Irlanda, que concurría a una escuela Montessori. Y ahí fue que descubrí lo que era y me encantó y cada vez que la llevaba a la escuela me sorprendía y me decía eso es exactamente como yo veo la educación, pero no tenía ni idea cómo hacerlo”, cuenta.

Así comenzó su aventura, una larga travesía que aún continúa, porque asegura, es lo que siempre deseó hacer. “Un día me lancé, fui a la escuela de la niña que cuidaba, me quedé a observar, me emocioné, dije sí, eso es lo mío y le pregunté dónde me podía formar en ese método, me dijo en Dublín, y hacia ahí me fui”, prosiguió contando.

Después de un gran esfuerzo, trabajando en tres lugares, pudo ahorrar y cumplir su objetivo de formarse en el método. Conto que trabajó “seis años en Irlanda y luego decidí ir a otras escuelas. Estuve en África, India, Singapur, Tailandia, China, Australia, Argentina y volví a Irlanda. Esto me abrió aún más la mente porque me permitió comparar, fue muy sano poder ver otras formas de educar”, narró.

Pero el recorrido no terminó ahí: “un día desperté y me dije, me voy a España, quizá porque allí no conocía a nadie y no hablaba español, creo que me motivó el desafío que eso representaba”, dijo

En España, la gente no conocía el método Montessori: “había desaparecido por completo, Franco se encargó de eliminar todo, pero tampoco eso me detuvo, seguí enseñando el método”, dijo.

La situación cambió y cuenta que ahora existen muchas escuelas que trabajan con el método, en España y también en América Latina. Explica que en India hay muchas escuelas Montessori debido a que “es allí donde María Montessori estuvo viviendo durante 12 años, invitada por Ghandi. Fue por tres meses pero al comenzar la Segunda guerra mundial, tuvo que quedarse y desde allí, comenzó a enseñar su método”.

PROPUESTA | El método Montessori se orienta hacia una transformación en la forma de enseñar y de aprender, a partir de pequeños pero creativos cambios, que hacen la diferencia. “que no todo sea el lápiz y el papel y el profesor que habla al frente de la clase. Los chicos deben tener más autonomía, más libertad, más independencia para que de mayores, no sean tan dependientes de otra persona, sino que por sí mismos puedan decidir”.

Al igual que muchos pedagogos, está convencida que educar hoy es muy difícil, por lo menos desde la metodología tradicional, creada para otros tiempos, en la que se educaba para obedecer y seguir estructuras que ya no se sustentan. “Hoy, ser profesor de una clase de 20 o 30 niñas y niños, con el sistema tradicional, es casi un milagro, porque tienes que ser o bien un dictador o un payaso para que te atiendan o te hagan caso, sino, es imposible. Esto lleva a que acabes agotado”, dice.

Frente a esto, el método Montessori propone un modelo diferente donde el profesor tiene otro lugar. “No es que cada niño hace lo que quiere, sino que quiere lo que hace y cuando quieres lo que haces, lo haces con una pasión que se transmite. Hoy, con el acceso a la tecnología que tienen, obligar a los niños a tener enciclopedias enteras en su cabeza no tiene sentido, hoy lo tienen todo gratuito, no sirve para nada, son mucho más importante otras cosas”.

La estrategia es buscar un cambio hacia otra forma de llegar a los estudiantes, porque eso determinará los valores que tendrán de adultos. “Ante la crisis mundial que vivimos, muchas personas han perdido su trabajo y han tenido que buscar otros caminos y eso no te lo enseñan en la escuela, te enseñan a obedecer al adulto, pero no te enseñan a ser creativo, a buscar la solución frente a un problema, hoy el resultado no es tan importante sino entender lo que hago, amar lo que hago y buscar la solución para llegar a ser creativo, no tener miedo, atreverte a confiar en ti mismo y ahí trabaja Montessori”, dice.

Expresa Celine que la educación hoy no forma personas felices, que trabajarán en lo que les apasiona, por eso entiende que lo importante está en buscar sus dones, sus puntos fuertes y trabajar desde ahí. “Un niño de 3 años que es apasionado por el jardín y que es obvio debe aprender matemáticas, historia, geografía, biología, lo puede hacer aplicando este método; por ejemplo, cuántas semillas tengo que poner, cada cuántos centímetros, observar la vida de la planta, eso es biología, lenguaje, de donde viene ese semilla, es autóctona o es de afuera, de que país, ahí estás aprendiendo geografía, se come o no se come, ahí aprenden nutrición, eso permite sacar el don del niño, su pasión y a partir de ahí recién ver todo lo demás”, dice.

El método invita a dar un giro a lo aprendido respecto a educar, para tomarlo desde otro enfoque más integrador y comprometido, donde el profesor debe ser el guía en el aprendizaje del niño. “El profesor es quien va a encender esa llamita, es quien va a poner la madera para que el fuego crezca y se haga más fuerte cada vez y además, es quien debe cuidar esa alma, educarla en el respeto, el amor, el cuidado, eso una máquina no lo hace y ese es ahora el rol del profesor. Si tuviera que ponerle un título al método Montessori diría que es el Mandala de aprender a Ser, empezar por Ser antes de Hacer”, dijo.

METODOLOGÍA | El método consiste en mezclar edades, de 3 a 6 años, de 6 a 9 años y así hasta los 18 años, “porque la sociedad es así, da igual si tienes menos años o más que yo, si queremos prepararlos para la vida debemos mezclar edades. Eso permite trabajar desde la empatía y la ayuda. El mayor sabe que el más pequeño no sabe atar sus cordones y lo va a ayudar y el más pequeño al verlo, quiere ser como él, aprender y así se enseñan unos a otros”, dijo.

Otra de las estrategias de aprendizaje, es que no hay exámenes ni deberes. “Si el niño no aprendió durante el día con la maestra, cómo, cansado él, cansada la madre, va a aprender algo que no ha podido durante el día. No, el trabajo de los padres es pasar tiempo de lujo con sus hijos, leer cuentos, jugar al fútbol, hacer un biscocho, pero no estar en una mesa peleándose para que su hijo aprenda las tablas de multiplicar. Un examen es complacer al otro, te voy a reproducir algo que memoricé, para que, a dos días de haber dado el examen, me olvide porque no me gusta, entonces no sirve para nada, es perder tiempo y esfuerzo”, dice.

El método toma el ejemplo del bebé, que ya sabe lo que debe hacer, sin que nadie se lo enseñe, y de eso se trata, que la educación continúe por ese camino. “El bebé cuando nace, nadie le dice lo que tiene que hacer y todos los bebés en el mundo, hacen lo mismo. El niño sabe lo que necesita, donde tiene que alimentarse, entonces es instinto, ya lo saben, va por dentro”.

Cree que es necesario también hacer cambios, que permitan al niño, aprender jugando. Explica que no se les permite probar, experimentar. “Es eso lo que ellos quieren. Debemos confiar en el niño en lugar de decir no cariño, eso no, se rompe, te puedes caer, lo que quiere el niño es aprender a ser un humano, pero a su manera sino, termina aislándose cada vez más”.

Otra característica del método son los materiales. Celine muestra algunos de ellos, que impactan por su diseño, todos realizados en madera y que han sido diseñados por la propia doctora Montessori.

El método es autocorrectivo, es decir que el niño hace él mismo su actividad y no necesita que el adulto venga y le diga si está bien o está mal. De esa forma, trabaja desde sus gustos. “Así es que empieza de chiquito a trabajar por sí solo por su propio placer y cuando es mayor, busca un trabajo para él, no para complacer a nadie o por las vacaciones o por el dinero, lo busca también por eso, porque necesitamos vivir, pero primero y sobre todo lo busca porque le apasiona y ahí tenemos expertos de verdad en lo que hacen y al que hace lo que le apasiona, nunca le va a faltar ni trabajo ni dinero”.

Celine comenta que María Montessori escribió varios libros y en uno de ellos, expresa que la escuela prepara para la guerra, no para la paz. Al respecto dice Celine, “al niño se le dice, no respondas a menos que te pregunten, levanta la mano, ponte recto, no hables, no copies, no te muevas, pide permiso, es una preparación para ser un soldado, fue creada para la revolución industrial de Londres, para tener obreros que sepan un mínimo pero que no piensen, que sepan leer, como usar la máquina, pero poco más”.

Cree que muchos de los conflictos actuales se deben a que hoy sólo se busca crear miedo para manipular. “Se busca personas que obedezcan, que no reclamen y que sean adictos a todo, a la Coca Cola, a los caramelos, a las pantallas y así te controlo, te meto el miedo en el cuerpo, te digo no vayas afuera que es peligroso y la gente tiene miedo y con el miedo, ya te controlan”.

Sobre el aumento de niños con déficit de atención o hiperactividad, expresa que existen muchos factores que influyen a la hora de aprender, como la comida, la falta de sueño, la falta de tiempo al aire libre y las pantallas, la tele, el celular. “Ahí formamos a los típicos niños que no se pueden concentrar, hiperactivos, pero si duermen más, no les damos tanto gluten, azúcar, sal y carne roja y los dejamos jugar un poquito más en la plaza, al aire libre, trepar árboles, desaparecen esas patologías. Pero no conviene que los niños estén así, que haya que medicarlos y drogarlos, ya no piensan tanto y dependen de la pastilla, y necesitan dinero para comprar la pastilla que los calme y es un círculo vicioso”, dice.

Para el método Montessori, el niño siempre debe ir a su propio ritmo y nunca se lo debe comparar respecto a su tiempo y forma de aprender, cada niño es único y así debe ser su educación, expresa Celine. Ante esto expresa que debemos hacernos una gran pregunta muy importante, y es, qué queremos para nuestro futuro, si el estilo de vida actual, con la rutina del trabajo, pantallas, wifi, whatsapp, y se acabó, o queremos otra cosa. Y en ese sentido, el método Montessori, tiene las respuestas.

A través de sus talleres, Celine además de contar su propia experiencia con niños, enseña a trabajar con este método, dando pistas, a través de herramientas sencillas, las que se puedan poner en práctica con uno mismo, en el aula y en la familia. La pedagoga se presentará este miércoles 27 de marzo, a las 19 hora en el Club El Asador, para hablar del método a partir de un video.

Por Yudith Píriz

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