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Elucubraciones

Elucubraciones semanales, edición 31/08/2021: «laica, gratuita…»

5 minutos de lectura

Sí, casi con la lengua afuera, pero llegamos al final de agosto; entre santas rosas y temporales anunciados, se está yendo un mes demasiado largo para los bolsillos flacos como los del escriba de pueblo. Ahora, con el advenimiento de setiembre, dicen que todo florece y uno que viene apagado hace rato, se ilusiona con encenderse, pero vaya uno a saber qué fuegos nos podrán hacer arder. Con un poco de filosofía barata, comienza la columna elucubradora de esta semana. Veamos qué sale.

Primero es lo primero. Como escribí en mi red social el martes 24 (escribo poco en la red social y prácticamente todo lo publicado en ella son notas compartidas de La Semana o alguna referido al mundo musical. Cuando quiero emitir opiniones serias -o no tanto-, lo hago acá), la muerte del baterista Charlie Watts no fue una muerte más para este para nada humilde servidor.

Más allá de no tenerlos ni entre mis 10 bandas favoritas (no se las digo porque varían según los tiempos), soy consciente que las “piedras rodantes” (Rolling Stones), son parte de la “realeza” de la historia del rock y Charlie fue el que influenció un montón de “toques” que vinieron después de él.

Es una pérdida generacional y eso fue lo que me hizo sentir más pena aun, confirmar que ocurre cada vez más seguido eso de terminar entristecido por la partida de alguien que fue un referente de mi generación, ya sea en el mundo de las letras, de la música o por qué no, de la política.

Pero bueno, déjela por ahí. Yo no quiero aburrirle con temas que quizás no sean de su interés. “Qué es eso de andar hablando de roqueros muertos en esta columna”, seguro que está pensando usted, que espera que le hable del renunciado ministro Germán Cardoso o de los líos del puerto, pero como uno se siente demasiado libre, habla de lo que le va surgiendo sin pensar mucho en la agenda del día o de los demás.

Tampoco es que uno se vaya tanto de las agendas; por más que sea un viejo “radical rocker” (no me ha pasado eso de que después de “viejos” a algunos roqueros les empieza a apasionar el tango), sé que estos son tiempos de “cumbia villera” (en ese término englobe todo lo que se le antoje), y cuando ando en la calle, me “fumo” los sonidos chirriantes que salen de los comercios con las melodías de moda, calladito la boca.

Pero basta, pasemos a hablar de cosas de verdad serias, que es lo que usted está esperando desde que posó su vista en esta página. Me sitúo en la capital departamental, en San José de Mayo, porque allí hubo algarabía estos días por el regreso a sus puestos laborales de los docentes suspendidos del liceo 1, cumplidos los seis meses de suspensión decretada a horas del arranque del año lectiva 2021 a partir de un insólito sumario. Por supuesto que esto no implica que se terminó todo. Jurídica de Secundaria no ha emitido una resolución y cuando lo haga es probable que tampoco sea el final, porque habrá apelaciones y más acciones de ambas partes.

A los docentes les queda un largo proceso por delante, con una exposición pública que seguro ninguno buscaba, a partir de una denuncia sobre violación de la laicidad, que deja demasiado que desear, porque hasta la propia idea de laicidad es tan relativa, que según quien la use, será el sentido que tendrá.

Veamos. El término laicidad deriva de “laico”, que según dice la “real”, es la persona “independiente de toda confesión religiosa”. Se podría decir que ésta es la acepción original del término. Una educación laica era (sigue siendo), la que no profesaba religión alguna y en el caso del Uruguay, fue el Estado el que estableció que nuestra educación pública, era (es) independiente de toda confesión religiosa hace muchos años atrás y eso es algo que no debería ofrecer mayores debates en el presente.

El término fue incorporando otras acepciones y la laicidad en la educación incluye en este tiempo a la imposibilidad de realizar proselitismo político dentro de las instituciones educativas, algo que nadie cuestiona, sin embargo el problema se presenta cuando se trata de definir qué es proselitismo y qué no lo es dentro de un ámbito estudiantil.

Mire, para mí es muy fácil: un docente no puede promover que los estudiantes voten a tal o cual partido o persona (los suspendidos no lo hicieron), pero eso no impide que dentro del “acto educativo” el docente promueva el debate de ideas y tampoco le prohíbe la realización de actividad sindical.

No es violatorio de la laicidad debatir con los estudiantes sobre, por ejemplo, los problemas del momento (el actual, los pasados o el futuro), la educación debe educar sobre la historia de las ideas y debe ser generadora de nuevas ideas, por lo tanto decir que en los ámbitos educativos, de tal o cual cosa no se puede hablar, cercena las capacidades creativas de los estudiantes y también de los docentes.

¿Por qué le digo esto? Porque en todo el conflicto por el sumario a los docentes de San José está subyacente -o bien presente, vaya uno a saber-, esta idea. En la escuela -en este caso en el liceo-, de determinadas cosas no se habla, están diciendo las autoridades educativas a los docentes y a las agremiaciones de docentes y eso no es así, en la escuela se puede y debe hablar de todo, se debe fomentar el pensamiento crítico, el análisis de los hechos que ocurren alrededor de los alumnos, porque si no, en lugar de educar personas, sólo buscamos formar buenos obreros para el mercado de trabajo, con habilidades operativas pero sin “pienso”.

Pero bueno, qué voy a andar hablando yo de educación y actos educativos, si apenas escribir sé; escriba de talentos pobres, se me da por expresarme en textos que cada vez son más largos y complican a quien diagrama la página. Por eso mismo es que trataré de controlar mis impulsos y no me extenderé en demasía; apenas sobrevolaré un último asuntillo.

Con esto del renunciado Cardoso anduvieron circulando datos y cifras sobre compra de espacios publicitarios en medios nacionales e internacionales, por cifras de verdad obscenas. Más allá de lo concreto del caso, esos números se repiten con todos los organismos del Estado.

Previo a la pandemia, las estimaciones eran que el Estado gasta unos 100 millones de dólares al año en publicidad. De toda esa enorme torta de plata, el 97 o 98% quedaba en medios montevideanos, con suerte un 3% llegaba a los medios del interior. Seguramente los números globales bajaron bastante por el “cobicho”, pero la distribución no cambia, al interior siguen llegando las migas de la torta.

A instancias de un senador nacionalista -Bottana-, se incluyó un artículo en el presupuesto que dice que el 20% -en algunos casos el 10-, de la publicidad estatal debe llegar a los medios del interior, pero eso, además de ser algo arbitrario -sin análisis de audiencias o mediciones-, no contó con el respaldo decidido de los medios del interior y además, se incumple desde el día siguiente a que se reglamentó el artículo.

Todo esto es para decirle, que en definitiva, si seguimos existiendo los medios en el interior, es porque la gente nos lee cada semana y no dependemos de la pauta oficial para sobrevivir, como sí ocurre con muchos medios montevideanos. Agradecido otra vez, el escriba se retira y esperando no haberle defraudado, se concreta la despedida. Hasta la próxima.

Por Javier Perdomo.

Foto archivo: S. Parentelli

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