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Elucubraciones

Elucubraciones semanales, edición 05/10/2021: «Otros Sánchez»

5 minutos de lectura

Entramos en el último tramo de este particularísimo año 21 por el que transcurrimos encerrados hasta hace unas pocas semanas nomás. Resulta que ahora, todos quieren hacer en poco tiempo lo que no pudieron hacer por culpa de la pandemia. Desde los cumpleaños de 15 hasta las interpelaciones ministeriales, salen como pan caliente. Por suerte en las elucubraciones no debimos limitar nuestros decires por el coronavirus, pero igual siempre aparecen nuevas cosas por decir, porque la realidad es tan dinámica, que nos exige posicionarnos a diario. Si le parece, a renglón seguido, vamos viendo lo que sale en esta oportunidad.

No, no se asuste, no le voy a narrar las incidencias de las interpelaciones de la semana que pasó, como he hecho en anteriores ediciones. Tampoco es cuestión de reiterarse en las temáticas abordadas. Además, el Alcalde del pueblo que lleva el nombre del escritor Florencio Sánchez -libertario como uno-, el “hombre de las mil gauchadas”, don Alfredo Sánchez, nos dejó material para escribir varias ediciones elucubradoras. Pero no, tranquila/o, sólo será en esta ocasión y apenas será un esbozo de las sensaciones que a uno le dejó el asunto.

A ver, como le digo, es muy importante lo que ocurrió en ese pueblo coloniense ubicado en el límite con Soriano. No sólo porque se haya enviado a prisión a un grupo de funcionarios públicos corruptos, sino porque se puso en evidencia una modalidad de corrupción que se ha practicado en este país -y por supuesto en este departamento-, desde épocas pretéritas, pero que no es percibida como condenable -por lo menos hasta ahora-, para la mayoría de la gente.

Las “gauchadas” de Sánchez, en otros pueblos y ciudades del país, las hacen otros Sánchez y se las ve como algo normal, como parte de la vida política de las comunidades. Por un lado, los aspirantes a cargos electivos procuran distribuir prebendas -y hasta alguna promesa entreverada-, para lograr el voto de la gente menos informada y más desideologizada. Por el otro lado, esa gente despolitizada o desinteresada por lo público, cotiza en bolsa su voto, busca al “político” que le dé más, procurando salir lo mejor parado que se pueda de cada instancia electoral.

Puede ser por unas chapas, por un par de viajes de arena o por algún trabajo entreverado (todos sabemos que luego de cada elección, las intendencias se llenan de gente que clavó cartelitos en la campaña electoral); por qué no, puede ser por algún contrato de proveeduría a largo plazo que se elija el voto. A nadie se condena socialmente por estas acciones, incluso hay quienes se consideran “avivados” por negociar su voto en las elecciones, cuando de verdad están siendo cómplices o co-responsables en un delito.

Por eso es que me parece tan trascendente el caso Florencio Sánchez. Visualiza una situación delictiva que muchos consideraban apenas una avivada. Quizás de acá en más, haya quienes se cuiden un poco más de no cometer este delito, quizás otros se den cuenta que en efecto es un delito (puede ocurrir que no lo percibieran así, porque nacieron en una sociedad en que eso era o es, la normalidad), y quizás otros empiecen a darse cuenta que la sola posibilidad de votar tiene que tener más valor que un viaje de arena o el laburo pal’ nene o la nena.

Para cerrar este capítulo elucubrador, me gustaría valorar la actividad de la fiscal Sandra Fleitas (una desconocida para usted y para mí antes de esto), quien con paciencia llevó el caso hasta las últimas consecuencias y logró que se condenara a un funcionario con enorme respaldo en el poder político coloniense y a todo su séquito. Precisamente, ese poder político que causa risa escucharlo cuando expresa que irán hasta las últimas consecuencias, cuando es vox populi     en tierras colonienses, que Sánchez negociaba los respaldos a nivel departamental, esgrimiendo poseer 650 votos de gente a la que le había hecho gauchadas.

Ya es tiempo de dejar a Sánchez, a Florencio y a Alfredo, y comenzar el viaje hacia el puerto de Montevideo en un abrir y cerrar de ojos para comentarle algo que veo que es una tendencia que se agudiza con el tiempo, un discurso que suena cada día más fuerte desde el gobierno y que repercute en parte de la opinión pública, azuzada por los grandes medios afines al oficialismo; me refiero al anti-sindicalismo.

Como sabrá, la semana pasada hubo un paro portuario. No me voy a detener en los detalles, en por qué se realizó y eso, sino en el discurso que se generó a su alrededor. La mayoría de los informes periodísticos que vi mientras duró el paro hablaban de las pérdidas que significaban para el país el paro de los trabajadores portuarios. Ninguno se preguntaba sobre las razones del paro, sólo les preocupaba cuantificar las pérdidas que esos insensibles sindicalistas estaban causando al país.

Es como que crece la cuestión de estigmatizar al sindicalismo y a los sindicalistas de parte de algunas figuras de gobierno. El propio Presidente dijo que su deber era hacer respetar los derechos de los que querían trabajar, quiere decir que cree que todos los que hacen un paro no quieren trabajar, que quien reivindica un derecho no quiere trabajar, es un vago.

Uno se ve tentado a contestarle que no ha habido en la historia de la humanidad conquista social que se haya conseguido sin movilización, sin conflicto y que todos los vagos del pasado son los que hicieron posible que no vivamos en un régimen feudal o una monarquía autárquica, pero claro, al Presidente poco puede interesarle la opinión de un insignificante escriba de pueblo; justo a él, que anda en foros internacionales hablando de libertades (le importan las empresariales, más que las sociales), le pretendo dar clases de progreso humano.

Y así como lo hace el Presidente, también lo hacen los que le siguen en la línea de mando, como el inefable Mieres, que desde su teórico izquierdismo hace gala de profundos sentimientos antisindicales desde el Ministerio de Trabajo. Podría seguir enumerando casos, pero no vale la pena. Lo cierto es que sus medios aliados machacan con la temática. En cada paro de la educación -o cada paro general-, son los maestros los que dejan sin comer a los niños, ahora los portuarios nos hacen perder plata; también los del SUNCA son condenables porque se pelean en UPM. Todas son miradas sesgadas, negativas, tanto sobre el sindicalismo como sobre los sindicalistas. Un discurso machacado con insistencia que gana la cabeza de alguna gente y que muestra con claridad que aquellos que dicen que la lucha de clases se terminó, son los primeros que van a la batalla.

Pero bueno, como siempre pasa, pretendo ser suave y al final me pongo algo radical. Es lo que tiene ser tan libre, uno no mide las consecuencias de los actos y cuando se le da por medirlas ya es demasiado tarde. Yo sólo pretendía decirle que como en todas las organizaciones sociales o políticas, hay buenas y malas personas. A este escriba no se le ocurre decir que porque don Alfredo -allá en Florencio Sánchez-, es un corrupto toda persona que hace política es corrupta. Con el sindicalismo ocurre lo mismo, quizás alguno actúe de mala fe, pero no por ello todos los sindicalistas son malos y menos, vagos.

Hasta acá llega la edición elucubradora de esta semana. La despedida será corta porque otra vez me estoy excediendo en la escritura. Si le parece, nos vemos en siete días, si todo sale bien, claro está.

 

Por Javier Perdomo.

 

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