Elucubraciones

Elucubraciones 2022, edición 29/03/2022: «Columna escrita sin conocer el resultado del referéndum»

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Es difícil escribir sin pensar en las implicancias del resultado del referéndum dominical. Sea cual sea éste -que usted ya conoce, pero cuando se estampan estas letras en el ordenador, el escriba no lo sabe-, marcará el próximo tiempo del Uruguay, así que todo lo que se escriba acá podría quedar desmentido por lo que surja de las urnas. De todas formas hay que seguir haciéndolo y como usted sabe, a este escriba de pueblo nada le queda grande, así que hasta en una de esas, me meto con la realidad internacional. Vamos a ir viendo qué pasa, siempre a renglón seguido.

Para comenzar le digo, sin alusión a referéndum alguno, que pese a alegrarme, no disfruté la clasificación de Uruguay al mundial. Hay algo que falta, no me pregunte qué es pero no logro identificarme con Alonso, por más que le reconozco un par de aciertos (en particular el de Olivera, porque, en mi poco conocedora opinión, ni Giovanni González ni Viñas ni Piqueréz calzaban los puntos para ser titulares), en la conformación del equipo.

Sigo insistiendo en que le dejaron el tramo más fácil a Diego Alonso, para que -metafóricamente-, hiciera el gol y de esa forma le privaron al maestro Tabárez la posibilidad de disputar su quinto mundial -cuarto seguido-, porque no le quepa duda que él también nos hubiera clasificado en este tramo de la clasificatoria.

Dicho esto, me parece fantástico que vayamos al mundial, no crea que soy de los que me hubiese alegrado quedar fuera; no, claro que me hubiera dado pena no ver la enseña celeste en una nueva “justa mundialista” (vio, parezco periodistas deportivo y todo). Sólo remarco la injustica cometida con el proceso Tabárez y me rebelo ante el apuro y la manija con que se procesó su salida de la selección. Ojalá que la historia los absuelva, pero en mi memoria seguirá presente el día en que traicionaron al maestro y lo recordaré mientras tenga voz y memoria, aunque a nadie esto le importe.

Yendo de un lado a otro, le quería comentar algo de índole más local y desde ya pido disculpas a los no libertenses por esta mención, que quizás sientan que no los incluye. El jueves, mientras se disputaba el partido de la celeste, fallecía el doctor Augusto García. De él se ha hablado mucho en el último tiempo porque donó el espacio conocido como el “arboreto” que se ha transformado en un nuevo espacio público en Libertad, pero un compañero de la redacción me hizo acordar de un momento de solidaridad desinteresada que tuvo el médico hace 20 años atrás en un momento de tragedia para los uruguayos todos y que es necesario recordar, al saber de su partida.

Me refiero a los tiempos de la crisis de los años 2001-2002 -esa que algunos insisten en relativizar apelando a la desmemoria de las famosas “mayorías silenciosas”-, cuando había gente que apenas tenía para comer -a veces ni eso-, y él cedió unas tierras muy productivas en las afueras de la ciudad (hoy son terrenos loteados, casi integrados al casco urbano que están a la venta), para que allí funcionara una huerta comunitaria.

En el peor momento de la crisis hubo quienes pudieron cosechar algunas verduras para compartir o intercambiar entre todos los participantes. El movimiento no duró demasiado, un par de cosechas quizás -la memoria no me ayuda-, pero García a nadie le pidió explicaciones de lo que allí hacían y es más, no debe haber ido nunca a ver qué era lo que estaban haciendo en su campo.

Con el paso del tiempo y la asunción de una nueva orientación de gobierno, la crisis fue quedando atrás (algunos dicen que no existió, otros la quieren comparar con la generada por el coronavirus, pero no les crea), y la huerta comunitaria se transformó en un movimiento obsoleto, que dio paso a los autos cero kilómetro y al confort burgués, el perfecto aliado del olvido.

Porque esta columna tiene bien claro que el presente es producto del pasado es que no olvida, por ello ante el deceso de alguien que tuvo gestos solidarios con sus congéneres, es que esta edición elucubradora, post referéndum, no podía no recordarlo.

Pero claro, habiendo dicho esto nos toca continuar el camino de nuestras vidas, pensando que lo que viene se promete siempre mejor que el presente, aunque no necesariamente lo parezca así en el momento. ¿De qué hablamos ahora?

Le dije que para evitar hablar del referéndum hasta me animaba a escribirle sobre la situación internacional, incluida la guerra que se desarrolla, otra vez, en Europa, aunque le confieso que me cuesta cada vez más interpretar lo que está ocurriendo con la invasión rusa a Ucrania, en particular por el fenómeno que apunta a la masiva desinformación sobre las características, razones y alternativas del conflicto bélico, que puede ser preludio de un enfrentamiento mucho más grande que lleve a la destrucción de la humanidad.

El problema es que es casi imposible saber realmente qué está pasando, ya que existe una potente guerra desinformativa, de ambos bandos. Uno se pregunta si es que los rusos no quieren seguir avanzando o si de verdad los ucranianos le están haciendo fuerza; si es que la barra de Vladimir está atacando con un mínimo de sus fuerzas o si de verdad están poniendo toda la carne en el asador; es verdad que los invasores están matando civiles, es verdad que neonazis de todo el mundo están yendo a combatir con los ucranianos, que mercenarios de variadas nacionalidades están yendo a hacer su negocio con la muerte.

Todas estas -y otras-, son preguntas difíciles de responder desde este rincón del mundo, en el medio de una guerra desinformativa global, en la que se desdibuja la idea de quiénes son los buenos y quiénes los malos.

Lo único claro para este para nada humilde escriba de pueblo, es que estamos ante el final del mundo unipolar, que hay naciones que no están dispuestas a seguir viviendo bajo el yugo del sheriff mundial -los anglosajones y sumisos aliados europeos-, y que esa es la razón principal por la que se está produciendo el conflicto en tierras ucranianas.

Claro, el problema principal es que Vladimir no es el referente que uno quisiera tener para enfrentar al poder hegemónico. Es un autócrata de derecha, autoritario, que cree en la existencia de la “ideología de género”, con delirios imperialistas, así que uno ya no sabe en qué creer.

Bueno, en realidad uno sí lo sabe, porque siempre ha entendido que lo mejor es resolver de forma pacífica los problemas, que hay que apostar a la cooperación entre las naciones en lugar de enfrentarse entre sí por las armas y que hay que pensar en los grandes problemas que tiene la humanidad a futuro, en lugar de estar peleándonos entre nosotros.

Lo sé, lo sé, esa es la utopía y la realidad es muy otra, pero si no vivimos con utopías, para qué vivimos. Si me pregunta a mí, trato de fijar objetivos muy largos, sabiendo que es difícil o imposible cumplirlos, pero que me ayudan a caminar. La utopía de la paz -con justicia social-, debe estar siempre, por eso es que no me identifico con ninguno de los bandos en pugna, allá en el norte.

Dicho esto, le anuncio que le tengo que dejar, la cobertura del referéndum espera por el cronista y ya es tiempo de poner cabeza en eso. Veremos por donde transitamos la semana próxima, seguro que habrá tela para cortar.

Imagen: arboreto del doctor Augusto García.

Por Javier Perdomo.

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