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Zygmunt Bauman y el caos de la incertidumbre

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Las fechas invitan a recordar, a recrear aquello que marcó un camino, una idea, una reflexión. Los grandes personajes de la historia de la humanidad, nos dejaron sus pensamientos, sus investigaciones y sus obras y sus aniversarios permiten experimentar el retorno a la lucidez de mentes que aún brillan, pese a su ausencia física.

Esos seres invitan, olvidando las barreras del tiempo y del espacio, a continuar en la búsqueda, a observar, a identificar realidades que no interesan ver o se intentan ocultar. A lo largo de la historia, han existido personas que no se conformaron con ser simples espectadores de la vida. Para ellas, todo aquello impuesto, necesariamente debía ser cuestionado, aun más, si esa verdad, no podía ser foco de debate.

Uno de ellos, fue Zygmunt Bauman un hombre que no aceptó vivir sin criticar su mundo. El trabajo de este sociólogo y pensador polaco, no pasó ni pasa desapercibido.

 

MIRADAS | Zygmunt Bauman, sociólogo, filósofo y ensayista polaco de origen judío, nació en Poznan el 19 de noviembre de 1925 y murió el 9 de enero de 2017 en Leeds, Inglaterra.  Su investigación, enfocada en la modernidad, lo llevó a definir la forma habitual de vivir en nuestras sociedades contemporáneas como “la vida líquida”.  Escribió más de 50 libros y un centenar de ensayos en los que desarrolló su teoría.

Bauman fue uno de los intelectuales más relevantes y críticos de la modernidad, mostrando las sombras de un sistema que sólo busca sus propios intereses. Su mirada siempre atenta al presente, lo llevó a realizar un constante estudio de la sociedad, desde la problemática de las clases obreras, de los internautas, hasta el consumismo y la globalización, lo que lo ayudó a entretejer y forjar una visión muy personal respecto al presente, que lo llamó «modernidad líquida».

Desde finales de los años 40 del siglo pasado, se dedicó a descifrar el nuevo mundo desde el análisis de los comportamientos humanos y concluyó que en un momento de la historia, lo estable y sólido tanto de las relaciones, personas o cosas, se rompió y se licuó para sumir a la humanidad en una profunda incertidumbre.

“Elegí llamar ‘modernidad líquida’ a la creciente convicción de que el cambio es lo único permanente y la incerteza la única certeza. Hace décadas que acuñé el concepto de modernidad líquida para definir la sociedad actual. La vida moderna puede adquirir diversas formas, pero lo que las une a todas es precisamente esa fragilidad, esa temporalidad, la vulnerabilidad y la inclinación al cambio constante”, decía Bauman.

Según Bauman, las personas no son más que números que deben ingresar a los diferentes mercados. Vio esto como algo preocupante, un desequilibrio que hace peligrar la vida y las relaciones. Para Bauman las personas corren tras el espejismo de ideales “contaminados” por su propia individualidad, alentados por el sistema político-económico y esos ideales se dan a partir de tres parámetros, modernidad, globalización y ciberespacio.

“Todo lo que hacemos no tiene otro fin más que la búsqueda de la felicidad, un deseo contaminado por el propio sistema, por la ilusión, por la felicidad prefabricada y en serie, que ofrece esta nueva era. Una vida caracterizada por no mantener un rumbo determinado, pues al ser líquida no mantiene mucho tiempo la misma forma. Y ello hace que nuestras vidas se definan por la precariedad y la incertidumbre. Hay muchas formas de ser feliz. Pero sí sé, que sea cual sea tu rol en la sociedad actual, todas las ideas de felicidad siempre acaban en una tienda”, dice.

 

LIQUIDEZ | De acuerdo a Bauman, vivimos inmersos en un mundo problemático y eso se debe a la marcada fluidez, esa liquidez que acaba reflejándose en todo, en los sentimientos, en el conocimiento de nosotros mismos, en las relaciones.

Bauman identificó el mundo actual, como un escenario condenado al desencuentro y al conflicto, por eso decía que “una seguridad sin libertad equivaldría a esclavitud, mientras que una libertad sin seguridad desataría el caos”. Creía que “el capitalismo ha triunfado porque ha encontrado un punto sensible y clave en las personas, ha sabido explotar el fetichismo de la mercancía”.

Bauman creía que entramos en una etapa de deterioro como sociedad y que en eso tiene mucho que ver Internet. Creía que existe un trasfondo, un lado oscuro, que ha modificado la vida de las personas en cuanto a gustos, alianzas, relaciones, que está anulando una parte fundamental: la interacción social, el encuentro. “Una de las estrategias, es Internet, que muestra que todo está al alcance, pero sembrando al mismo tiempo la duda de que siempre hay algo mejor a lo elegido, una búsqueda de satisfacción que nunca será colmada definitivamente. La alianza deseo-capitalismo-internet parece no tener fin… El individualismo y el yoísmo amplían su reino”, decía Bauman.

Fue un crítico que vio a la modernidad y sus artilugios, como una amenaza para la humanidad. Pudo identificar lo que pasa con las personas y el sistema, que los empuja a desear más de lo que en realidad necesitan para vivir y en ese desear, van perdiendo su propia identidad y libertad.

El Sociólogo dejó un legado que se fundamenta en transmitir la importancia de auto observarnos como especie, como colectivo -también individualmente-, y visualizar en qué estamos fallando. Invitaba a ser protagonistas, críticos, seres que viven de forma independiente, sin dejarse influenciar ni atrapar por las redes de un sistema que todos sabemos, se derrumba. “La incertidumbre, la impotencia y el sentimiento de perdedor, está volviendo agresiva a las personas en la relación con los demás”, decía.

 

ONLINE / OFFLINE | Según Bauman, “vivimos en dos mundos paralelos y diferentes: el online y el offline. Según él “hemos llegado a un punto en el que pasamos más tiempo frente a pantallas que frente a otras personas y eso tiene efectos perturbadores que no solemos percibir. Según las últimas investigaciones estadísticas, en promedio, cada uno de nosotros pasa siete horas y media delante de la pantalla”. Creía que Internet permite que estemos a salvo, pero nos aleja de las verdaderas experiencias de la vida, porque esas no están ahí, están afuera.

“El peligro que yace allí es la propensión de la mayor parte de los internautas a hacer del mundo online una zona ausente de conflictos”. Decía que cuando uno camina por la calle, “no puede evitar encontrarse con la diversidad de las personas. Uno debe negociar la cohabitación con esa gente de distinto color de piel, de diferentes religiones, diferentes idiomas. No se puede evitar. Pero sí se puede esquivar en Internet. Ahí hay una solución mágica a nuestros problemas. Uno oprime el botón ‘borrar’ y las sensaciones desagradables desaparecen. Estamos en proceso de liquidez ayudada por el desarrollo de esta tecnología. Estamos olvidando lentamente, o nunca lo hemos aprendido, el arte del diálogo”, opinaba.

La tecnología, en particular Internet, nos ayuda y mucho a funcionar en el mundo pero también es real que deja muchas secuelas que Bauman entendía como empobrecimiento de las relaciones. “Entre los daños teóricamente más nocivos de la vida online, están la dispersión de la atención, el deterioro de la capacidad de escuchar y de la facultad de comprender, que llevan al empobrecimiento de la capacidad de dialogar”.

Su mirada inteligente y crítica lo llevó a discernir que Internet nos protege de un mundo que queremos evitar. “Internet, esta maravilla tecnológica no sólo no te abre la mente, sino que es un instrumento fabuloso para cerrarte los ojos. Te protege a ti mismo de las posibilidades multiformes que te ofrece la vida. Hay algo que no puedes hacer offline, pero sí online: blindarte del enfrentamiento con los conflictos. En internet puedes barrerlos bajo la alfombra y pasar todo tu tiempo con gente que piensa igual que tú. Eso no pasa en la vida real (…). No puedes crear escondites artificiales. Es un modo infantil de esquivar vivir en la diversidad”, decía.

Bauman no intentaba mostrar un mundo utópico porque entendía que su papel como pensador no era señalar qué es una sociedad feliz, sino ayudar a los ciudadanos a que tomen sus propias decisiones. “Soy una persona ya mayor y creo que me voy a morir sin ver este problema resuelto”, decía Bauman, que falleció en enero de 2017.

Imagen tomada de la web.

Por Yudith Píriz.

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