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Giorgio Agamben y la crítica al control social generado en pandemia

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Ante las diferentes situaciones que pueden presentarse, los puntos de vista y las reflexiones, pueden ser tan dispares como controvertidas. Un mismo hecho, suscita enfoques diferentes, algunos de los cuales no siempre se ajustan a lo que se da como un acontecimiento sin discusión. Sobre la situación sanitaria mundial, a pesar de existir un discurso hegemónico, también se dan otras interpretaciones.

Siempre es bueno escuchar todas las voces pero además, es fundamental que el ser humano no deje de cuestionar, de ejercer su libertad de pensamiento y expresión. Por ello, es interesante conocer otros enfoques, porque cuando no se permite opinar diferente o establecer argumentos que difieren del discurso “oficial”, pasamos a una peligrosa situación donde no cabe el debate, las libertades se vulneran y sólo cabe aceptar y callar.

 

ENFOQUE | El filósofo italiano Giorgo Agamben, ha sido un duro crítico la forma en que se abordó  la pandemia, así como sus consecuencias. Agamben es autor de “Homo Sacer: el poder soberano y la nuda vida”, “Creación y anarquía” o “Lo que queda de Auschwitz”.

Sus reflexiones, producto de la recopilación de algunas entrevistas, notas personales y ensayos referidos al carácter público de la pandemia, las reúne en su libro “¿En qué punto estamos? La pandemia como política” (2020). Su trabajo no estuvo libre de cuestionamiento y desprestigio debido a su posición frente al discurso único.

Agamben no se considera un escéptico ya que no niega el virus. Su posición tiene que ver con dar luz en favor de la cordura y la racionalidad y una de las formas que plantea para lograr esa cordura, es no sucumbir ante el miedo y el caos que provoca la pandemia.

Alumno de Heidegger y cercano a Simone Weil (a cuyo pensamiento dedicó su tesis doctoral), Agamben coincide con el alemán en que la tecnología transforma nuestra relación con el mundo, la cosifica y la vuelve mero cálculo e instrumentalidad. Coincide con Weil en que el capitalismo desvincula al ser humano de sus tradiciones culturales o espirituales y lo hace parte de la «Gran Bestia» de la sociedad de masas. “El capitalismo crea la sensación de existir en un estado de crisis permanente y con esto se apropia y seculariza las ideas de trascendencia y apocalipsis, las convierte en urgencia de consumo y en modos de conducta”, dice.

El filósofo italiano observa que nuestra época se caracteriza por el predominio de la ciencia, que ha desplazado creencias como el cristianismo y se ha posicionado como la principal religión. Su forma de ver las cosas, lo colocó en el grupo de los conspiracionistas pero su enfoque tiene un interesante valor por ser uno de los más lúcidos de la actualidad.

Ha investigado durante décadas el comportamiento de los gobiernos en los momentos de crisis y entiende que son utilizados para aumentar abusivamente su poder. “El Estado de excepción concede a un gobierno el poder y la autoridad sobre los ciudadanos, mucho más allá de donde la ley lo ha permitido hasta ese momento. En todo caso, el estado de excepción señala un umbral en el cual lógica y praxis se indeterminan y una pura violencia sin logos pretende actuar un enunciado sin ningún referente real”, dice.

Debido a ello, cree que lo que se da en ese estado es una fórmula legal a la que un gobierno se acoge para actuar fuera de la ley. En otras palabras, “el régimen se da licencia a sí mismo para neutralizar a todo aquel que considere enemigo del Estado. Para tal propósito, contará con recursos que van desde la censura de prensa hasta formulaciones represivas más extremas”, dice.

Cree que los estados de excepción (en especial las guerras con enemigos visibles o invisibles), suelen crear nuevos órdenes y producir nuevas tecnologías de control o separación. Agamben ha dicho que en esta situación de crisis sanitaria, algo ha llegado para quedarse y es la distancia social, no una distancia física sino social y que la misma es una medida tanto médica como política. “El miedo a enfermarse hace que se sacrifique todo lo demás”, dice.

EXISTENCIA | Aganbem busca dar luz sobre aquello que perdimos a partir de la pandemia. Cree que lo espiritual se ha dejado totalmente de lado y que esto provocará la ausencia de una parte fundamental que nos diferencia de otras especies. Dejar de lado la parte espiritual entiende, es tan riesgoso como quitar la parte integral y la característica intrínsecas de ser seres sociales. “Mientras que en el pasado el objetivo de la movilización era acercar a los hombres, ahora pretende aislarlos y distanciarlos unos de otros”. Entiende el Filósofo que el humano no es sólo biológico y que priorizar sólo ese aspecto, llevará a que las personas se sientan vulnerables y dependientes sin otros caminos posibles.

Según Agamben, “los hombres reducidos a su existencia biológica pura ya no son humanos… El ser humano no es sólo un ser biológico, y cuando su existencia se reduce a lo meramente biológico tiende a morir. El ser humano es también su pasado, su historia y su cultura, lo que algunos filósofos alemanes llamaron ‘espíritu’.  Vivimos en el tiempo que ya no quiere ver más caras y al desaparecer el rostro desaparece el hombre… En su lugar sólo hay una vida desnuda y silenciosa sin historia, a merced de los cálculos del poder y la ciencia”.

Para el filósofo, “la pandemia ha cambiado el paradigma sociopolítico que hemos vivido durante los últimos 100 años. Las democracias liberales sufrían de una fuerte crisis y el coronavirus ha llegado para rematarlas… El germen totalitario que se oculta en lo más profundo de todas las sociedades democráticas está saliendo a la luz”.

Explica que la característica fundamental de un sistema político totalitario es el uso del terror y la violencia para su sostenimiento. La pandemia ha provocado ese terror pero desde el interior de cada persona haciendo estragos en su psique. Para Agamben, hemos sucumbido a nuevas formas de totalitarismos, donde el Estado se permite un estado de excepción, un confinamiento radical y un miedo al otro como nunca se vio en la historia de la humanidad.

El terror actual ya no está dado por fuerzas violentas extranjeras o algún caudillo, sino por lo más ínfimo de la naturaleza, como un virus. “Este pánico al virus ha situado a la sociedad ante una nueva realidad: la bioseguridad que arrampla con todo y que despoja a las sociedades de su carácter vital, la comunidad”. Al respecto entiende que la salud y la seguridad son los ejes de la nueva religión que es la ciencia, que ahora convierte todos los espacios políticos de los humanos en peligrosos y los encierra en sus viviendas.

Entiende que la preocupación por la salud y el cuidado del cuerpo ha desprendido a la fisicalidad de su sentido, y el mundo ahora vive obsesionado por la salud, pero sin darle un propósito a la existencia misma.

De acuerdo a Agamben, los países han formado un nuevo paradigma que tiene que ver con el control en todo y en todos. “El estado de excepción que la gran mayoría de países del mundo ha optado por implementar, se ha convertido en la cuna para los biototalitarismos y la pérdida de las libertades públicas”.

Agamben asegura que muchos hechos que se han implementado a partir del coronavirus han llegado para quedarse. Entre ellos la dependencia de la tecnología. “Más que nunca nos hemos descorporeizado y nos hemos convertido en metadatos en la nube”. Y esto, para el pensador italiano, no solamente desvirtúa el aspecto social del ser humano, sino que se vuelve una herramienta política para el control de las personas.

Considera que el contacto es justamente lo político de nuestra existencia y que, sin este elemento, no hay realmente persona humana. “El ser humano es contacto y gran parte de los problemas que dejará esta pandemia es el miedo al contacto con el otro, al simple roce. Por lo cual parte de nosotros, de lo que somos como seres humanos, se pierde”, dice.

Por Yudith Píriz

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