Sociedad

«Nada crece a la sombra» alerta ante riesgo latente de coronavirus en cárceles

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El 13 de marzo de 2020 significará un antes y un después para la vida de una enorme cantidad de uruguayos y uruguayas. Ese día se confirmaron los primeros casos positivos de COVID19, una pandemia mundial que ha sacudido todas las estructuras de la sociedad.

La actividad económica cayó abruptamente como consecuencia de las medidas de distanciamiento social establecidas, los hogares se han transformado en el centro de confinamiento de las familias que han acatado, en una mezcla de resignación y miedo, que hay que quedarse en casa para ganarle entre todos a este nuevo flagelo mundial.

La emergencia sanitaria impone medidas preventivas no obstante lo cual se han confirmado ya, al viernes pasado, cerca de 500 casos positivos en medio de un reclamo generalizado para aumentar la cantidad de test diarios y potenciar las medidas cautelares.

Si todo esto ha significado enormes dificultades para la enorme mayoría de la población, fácil resulta imaginar lo que significa para el sistema carcelario, en el que se encuentran recluidas unas 12 mil personas en todo el país.

Desde el INR (Instituto Nacional de Rehabilitación), con sus nuevas autoridades encabezadas por su  Director, Crio. General (R) Luis Mendoza se respondió con rapidez a la emergencia y la evaluación de los riesgos que significa para las 26 unidades bajo su responsabilidad en todo el país.

Desde el primer momento de la emergencia sanitaria el colectivo “Nada crece a la sombra”, que desarrolla proyectos socio-educativos en algunos centros de rehabilitación lanzó una voz de alerta e inició una campaña solidaria para hacer llegar diferentes tipos de ayudas a las personas privadas de libertad, una tarea que no figura en sus cometidos pero que surgió como respuesta al enorme riesgo potencial que significa el ingreso de la pandemia a alguna de las cárceles.

PROPICIO | La Semana conversó con Daniel “Turco” Márquez, médico e integrante del colectivo, que ha asumido el manejo y la comunicación del grupo en temas referidos a salud. “Lo primero a destacar es que la situación ambiental y biológica de las cárceles es muy propicia para la propagación del virus”, dijo Márquez.

Explicó que “en lo ambiental porque hablamos de lugares cerrados, con humedad, donde no circula aire y hay poca luz solar y además hay una permanente aglomeración de personas”.

Márquez continuó explicando que desde el punto de vista biológico la situación es compleja porque “las personas que están allí tienen alta carga de enfermedades, vienen con algunas patologías que son propicias y son factores de riesgo para esta enfermedad, como es el consumo problemático de sustancias, una mala alimentación arrastrada durante mucho tiempo y ni qué hablar de la pobreza. Las personas que están presas son generalmente personas pobres”.

El médico agregó que “por eso es importante tener en cuenta el potencial riesgo de las cárceles ante la enfermedad y que no es un sistema cerrado sino que también contacta con la sociedad a través de los múltiples trabajadores que se desempeñan en las cárceles y hay un contacto diario de ida y vuelta, si no le prestamos atención a esos centros seguramente la situación de emergencia sanitaria nacional puede verse aún mucho más agravada”.

PROTOCOLO | Márquez explicó que “existe un protocolo, que nosotros acompañamos y aconsejamos a seguir que tiene que ver con el número de visitas, que no ingresen personas con factores de riesgo a las visitas, y que las visitas se den en un ambiente propicio para disminuir la propagación del virus, también se le toma la temperatura a todas las personas que ingresan, tanto funcionarios como visitas”.

Márquez agregó que “las medidas recomendadas para cortar la transmisión de la enfermedad son muy difíciles de tomar por parte de las personas privadas de libertad. Por ejemplo se aconseja evitar aglomeraciones y las personas no pueden definir eso cuando están privadas de libertad; se aconseja no compartir el mate, pero las personas en la cárcel no tienen un mate y un termo para cada una de ellas, y muchas veces el mate es la única colación que tienen a lo largo del día; se aconseja también no compartir utensilios, también eso es sumamente difícil, por eso es muy importante transmitir información, para que ellos sepan y puedan cuidarse ellos y ellas y también a sus familias”.

En cuanto a la restricción de las visitas, Márquez dijo que fue “principalmente por la propia voluntad de las personas privadas de libertad, como forma de cuidarse y cuidar a sus familias, pero eso ha repercutido duramente en la cárcel porque las visitas son una contención en salud mental, eso baja la tensión y ahora ha aumentado la tensión y también la visita es quien lleva los insumos para la higiene y para la subsistencia del día a día. Al bajar las visitas la situación es aún más crítica”.

CAMPAÑA | En ese sentido el médico dijo que “nosotros hemos iniciado una campaña de donaciones, hemos obtenido miles de productos de limpieza gracias al apoyo de algunas empresas, sobre todo droguerías que fabrican estos insumos y la semana próxima estaremos llevando cerca de mil canastas de alimentos, por eso invitamos a toda la población que pueda acceder a las redes de ‘Nada crece a la sombra’, para sumar la colaboración que puedan”.

Márquez agregó que “es muy importante transmitir que cuidar la salud de las cárceles también es cuidar la salud de la población en general, porque los servicios de salud se verán en un gran desafío si el virus ingresa a ellas porque claramente tendría una rápida propagación y eso sería un enorme desafío para evitar la saturación de los servicios de salud. Se podría alcanzar un pico de la enfermedad y sería muy difícil de atender todo eso junto al mismo tiempo”.

MUJERES | Recientemente el colectivo ‘Nada crece a la sombra’ realizó un estudio de situación sobre el estado de salud de las mujeres privadas de libertad en todo el país. El “Turco” Márquez comentó que se realizó “una medición antropométrica y bioquímica e hicimos una encuesta al 100% de las mujeres privadas de libertad en todo el territorio nacional”.

El médico adelantó que ese estudio muestra que “una de cada cuatro mujeres privadas de libertad intentó quitarse la vida y que el 32% lo ha pensado alguna vez; el 70% de las mujeres trans privadas de libertad dio positivo al test de VIH y/o sífilis, el 76% de las mujeres manifestó tener dificultades para el acceso a los servicios de salud. Eso nos preocupa muchísimo porque habla de una gran carencia de salud en la privación de libertad”.

Además el profesional agregó que “otro dato muy llamativo es que el 32% de las mujeres privadas de libertad pasan más de 10 horas sentadas o acostadas, sin contar las horas de sueño, eso muestra un gravísimo factor de riesgo como lo es el sedentarismo para las enfermedades cardiovasculares, podemos afirmar que las personas que salen de la cárcel llevan una carga de enfermedades que adquirió en el período de privación de libertad”.

Márquez añadió que “eso es algo que nos deberíamos cuestionar desde el punto de vista ético, pero también desde el punto de vista económico, porque la privación de libertad no puede tener consecuencias en la salud de las personas porque se requieren luego muchos costos para su recuperación en años de vida potencialmente perdidos de las personas pero también como causas de discapacidad por los factores de riesgo cardiovascular”.

Otro aspecto recogido en el estudio es que “las mujeres privadas de libertad mayoritariamente transcurren su reclusión en soledad, lamentablemente la sociedad atribuye a la mujer el rol de cuidadora y cuando ella requiere cuidados no hay quien cumpla esa función, por eso en las cárceles de varones hay largas colas en las visitas y en las cárceles de mujeres hay muy pocas personas para visitarlas, eso nos tiene que llevar a la reflexión como sociedad”.

 

SALUD MENTAL | Sobre las campañas solidarias que se están realizando “mayoritariamente tienen como foco las cárceles más grandes, que son las que tienen mayor riesgo para la propagación por la mayor circulación de personas, pero también si hay empresas del interior dispuestas a colaborar nosotros podemos hacer el vínculo con la cárcel local, eso también es sumamente importante”.

En cuanto a la salud mental en las cárceles “es un problema sumamente importante, imaginemos que el encierro que en este último tiempo todos hemos tenido que vivir en nuestras casas no se asemeja a la situación que puede vivir una persona privada de libertad”.

El médico dijo que “en nuestras casas mantenemos cierta autonomía que las personas privadas de libertad no tienen, así podemos acercarnos al menos un poquito al estado de salud mental y cómo se ve alterado vinculado a esto, he visto pacientes que me dicen que se sienten más irritables o que se ha potenciado su depresión” y agregó que “pensemos que en la privación de libertad eso es aún mucho más prevalente esos síntomas vinculados al encierro y potenciados por la falta de contención”.

Finamente Daniel Márquez se refirió a las reacciones que a través de medios de comunicación y redes sociales se han dado cuando circularon fotografías de las canastas que se entregarán esta semana en las cárceles incluyendo dos paquetes de cigarrillos. “En lo personal me genera una sensación encontrada, me gustaría escuchar a esas personas que están indignadas porque las canastas contienen tabaco manifestarse también cuando se violan sistemáticamente los derechos humanos en la privación de libertad, cuando no hay asistencia ante necesidades de salud, sería importante que la indignación no sea selectiva sólo cuando se suman dos paquetes de cigarrillos en las canastas”.

El médico indicó que “desde el punto de vista de carga de enfermedad esos dos paquetes no aumentarán mucho sus riesgos como sí aumentan por las condiciones de la privación de libertad, bajo ningún concepto la salud puede ser minimizada en ningún ser humano, la salud es un derecho humano básico, fundamental y universal, como sociedad no podemos permitir que ninguna población tenga disminuido el derecho a la salud, desde hace muchos años y actualmente seguimos viendo como no es un derecho la salud para las personas privadas de libertad”.

 

Por Jorge Gambetta.

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