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Elucubraciones

Elucubraciones semanales, edición 21/09/2021: Tratado del libre albedrío

5 minutos de lectura

Por favor, no me insista con que si fue o no fue un paro político el de la semana pasada; todo paro es político -que no es lo mismo que partidario-, y ahí habría que culminar cualquier discusión al respecto. En las elucubraciones son otras las cuestiones que nos desvelan -bueno, quizás exagero un poco-, y no nos enredamos en discusiones bizantinas, así que ya es hora que vayamos entrando en lo que de verdad nos ocupará. Si le parece, a renglón seguido vamos comenzando estas casi despreocupadas líneas primaverales.

Vengo con la decidida intención de profundizar en algo que deslicé en la anterior edición, pero que las urgencias del momento me impidieron abordar con la seriedad que caracteriza a esta columna (bueno, ya sé que largó la carcajada, pero esa era la idea). Me estoy refiriendo a la algarabía que ha producido en amplios sectores de la vida del país, el anuncio de un posible tratado de libre comercio con China.

Uno escucha a alguna gente a la que no la va a “rozar” el valor de un yen en toda su existencia, que están locos de la vida con el futuro tratado con China, parece que se sacaron el 5 de Oro y ya andan repartiendo plata, felices y contentos porque vamos a vender, pagando menos impuestos al entrar con algunos productos a la oriental tierra del otro lado del planeta. Porque en definitiva un tlc -sí, con minúsculas, porque se me ocurre nomás-, no es mucho más que eso, pagar menos impuestos para entrar a un país. No tiene mucho más misterio.

El problema -digo yo sin saber nada de macro economía ni de micro economía-, es que los chinos también nos van a vender sus productos sin pagar impuestos por ingresar a Uruguay y al final los de abajo -usted, yo, el vecino o la vecina-, podemos llegar a perder más de lo que nos vamos supuestamente a beneficiar, porque los únicos que se aseguran mejorar sus ingresos con esto son los ganaderos, los productores de soja y algunas compañías lácteas; los demás, es difícil que sintamos los beneficios concretos, más que comprar baratas las baratijas que puedan llegar “Made in China”.

Sí, yo sé eso que esas ventas “derraman” su éxito en la economía interna, pero sabido es que los sectores que se beneficiarán son los que menos trabajo generan y los que más acumulan en los bancos -en particular en los extranjeros-, así que no se ilusione mucho con el derrame tampoco.

Mire, yo entiendo que la gente común se ilusione con los anuncios, cómo no se va a ilusionar si hace 15 días que de lo único de lo que se habla en este país es del acuerdo con China; de un lado al otro del espectro partidario se multiplican las voces que dicen que sí, que hay que ir en ese camino. Sesudos analistas, encumbrados economistas exponen sus cifras, números, datos, conclusiones y mucho bla, bla, bla, queriendo convencernos que allí está la panacea.

A ver, mi estimada/o lector/a, yo no juego nada en esto, no tengo intereses ni entre los ganadores ni entre los perdedores (para perder está uno), lo que sí considero es que se están magnificando los resultados que puede tener la firma de un tratado, sea cual sea éste. Al final uno de puro escéptico que es, concluye que todo esto se está inflando, que parece ser más una estrategia para distraernos del complejo presente que está pasando el país, que una verdadera solución a algo. Tenga usted en cuenta como dato anecdótico nomás, que llegar a la firma de uno de estos tratados puede llevar hasta cinco años, así que si habrá que carnear vacas antes de venderlas sin aranceles.

Claro, yo podría ahora dedicarme a enumerar en este escrito las varias cuestiones negativas que este acuerdo tendrá, pero ese no es el fin último de mis decires, sino comentarle que “no se coma la pastilla” -como decía el recientemente fallecido Enrique Yanuzzi-, no se deje llevar por la ola mediático-política, no hay nada perfecto ni salvación definitiva, mucho menos un acuerdo comercial, en el que para ganar algunas cosas hay que perder otras. No sea cosa que a usted le toque estar entre los perdedores del acuerdo.

Y ya le informo que llegó el momento de cerrar esta parte del acuerdo semanal que firmamos hace tantos años -en el que yo deliro y usted lee-, para pasar a otras temáticas, porque para que profundicen en los temas están los señores analistas, nosotros apenas  sobrevolamos cada asunto.

El viernes se realizó en San José de Mayo la primera marcha del departamento y el próximo sábado tendrá lugar la primera movida en Libertad -en las letras corpóreas-, en la que se reinvindicó y se reivindicará la diversidad sexual. Usted sabe que a mí las etiquetas me molestan sobre manera y el término “diverso” ya me rechina un poco, porque hasta hay “merchandising diverso”, así que yo prefiero hablar de libertad más que de diversidad, pero usted y yo sabemos que el sentido es el mismo.

Vio, para aquellos que dicen que yo no escribo sobre cosas positivas, le menciono hoy como algo más que positivo esta apertura mental de buena parte de la sociedad. Estas movidas, multitudinarias, participativas, reactivas, son consecuencia de una larga acumulación de lucha de gente de lo más “diversa”, que le ha ido ganando la cabeza al provincianismo mental con el que hemos crecido en el interior.

Como decíamos con un amigo días atrás, al común de la gente ya no le asusta ni le sorprende encontrarse una pareja de chicos o de chicas caminando tomados de la mano por las calles de nuestras ciudades; 20 años atrás -sí, póngale cuando estaba naciendo La Semana-, era una situación impensable de ver y si nos vamos más atrás, hubiese sido escandaloso y hasta criminal. Esto significa avance social, aumento de las libertades y todo aquello que nos permita ser más libres (como ya le he dicho, libres para ser no para acumular), no puede ser considerado más que positivo.

Sí, es cierto, aún quedan sectores que rechazan estos avances en las libertades civiles -como les dicen los yanquis-, pero son cada vez menos y se concentran en sectores religiosos fundamentalistas y en la extrema derecha. El centro y la derecha liberal del espectro político nacional, también han entendido (quizás algunos a regañadientes), que no pueden ir contra la corriente y la sola idea de perder votos por no aceptar lo “diverso”, les hace abrir sus mentes y tolerar que el amor fluya.

Bromas aparte, le dejo un último apunte. No acepte que le digan más esa frase que dice “las cosas siempre fueron así”, porque en verdad todo lo que “siempre fue así”, está para ser cambiado. Aunque a usted le rechine el cambio, este se va a dar igual, porque lo único perpetuo es el cambio. Así que déjese llevar por los cambios o no reniegue de los que operan por cambiar lo que está mal del presente.

¿Usted cree que las elucubraciones tienen que cambiar? Bueno, esa es una discusión que podemos plantearnos para una próxima edición. En este momento se está acabando la hoja y si me meto en ese berenjenal no salgo más. Le desafío a que vuelva en siete días a esta misma página y vea si es tiempo o no de cambios. Será hasta entonces.

Por Javier Perdomo.

Imagen extraída de la web: El sector cárnico será de los favorecidos con un posible TLC con China.

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