Elucubraciones

Elucubraciones semanales, edición 08/08/2023: Modelos sociales, educación y tevé

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Junto al pasquín de pueblo vuelve la columna elucubradora, tras un breve descanso invernal, ahora ya dispuesto su autor a seguir de largo hasta que las velas hagan arder el año 23 y nos depositen en el 24, el año que nos traerá una nueva instancia electoral.  Si a usted le parece bien, vamos a empezar a examinar algunas cuestiones ocurridas en este tiempo. Sin mucho preámbulo empecemos, ya que como siempre le digo, el espacio es breve y los decires del escriba, en ocasiones se hacen largos por necesidad.

Desesperados andan ahora a la caza de Marset, una vez que fue localizado en Bolivia viviendo a lo grande y haciéndose pasar por jugador de fútbol. Quién dudaría de un uruguayo queriendo hacer un “manguito” extra en el exterior jugando al balompié, se podría preguntar uno; bueno, el tema es que en este caso daba para sospechar alguna cosa, porque el pibe había comprado el equipo en el que jugaba y además era titular indiscutido, faltaba más.

El ministro Heber se ha adjudicado el aviso a las autoridades bolivianas sobre la presencia del “Seba” en ese país y te canta a cada rato alguna nueva noticia sobre lo que investigan los bolivianos y uno que es desconfiado por naturaleza, luego del asunto del pasaporte que le entregaron en Dubai, duda de la capacidad y el interés de los servicios de inteligencia uruguayos porque sus pares del altiplano, localicen al narco más famoso de la historia de este país.

Pero más allá de todo el entramado que hay desde que la figura de Marset se nos hizo conocida para todos (en este período de gobierno, los uruguayos más “famosos” han sido un narco y el “Fibra” Astesiano, arreglando licitaciones y otras yerbas desde Presidencia), me gustaba poner el foco en otra cosa, en algo más puntual.

Si usted lo mira bien, el primer gran narcotraficante uruguayo está cumpliendo el sueño del pibe, está alcanzando el ideal que les venden en las seriales de la tevé, el del éxito inmediato y la vida rápida. El problema con esos “ideales” es que el “éxito” (muy entre comillas), se da en un caso entre los miles que lo buscan y en el camino quedan vidas rotas, desperdiciadas en guerras que no son suyas; vidas que terminan siendo cadáveres de una batalla permanente y sin final a la vista.

Como ya le he dicho en anteriores ocasiones, la regulación de todas las drogas podría evitar muchos de estos males, pero también los podría evitar una sociedad que no enseñe para el éxito, que no normalice la ostentación y el despilfarro, que no se obsesione con las ganancias. Y no, no es solo un trabajo para el sistema educativo, es tarea de todos no dejar que esos valores primen. Si permitimos que el ideal del desarrollo personal, sigan siendo los narcos de las series de Netflix (o de otras plataformas similares), por mucho que se pueda hacer desde la educación, estamos jodidos. Aunque la verdad sea dicha, tampoco desde la educación se está haciendo mucho para educar con otros valores.

Días atrás leí declaraciones de la precandidata nacionalista Laura Raffo, quien defendió la reforma educativa en curso diciendo que a los jóvenes de determinados barrios o zonas del interior, no les son útiles los conocimientos universales, que necesitan saberes concretos para desempeñarse en el mundo del trabajo y que por eso se estaba realizando una reforma hacia una educación por competencias.

Bueno, yo le respondería a la economista y ex comentadora televisiva que los “conocimientos universales”, las ciencias humanas, son las que permiten a las personas tener una mayor formación intelectual que les lleva a comprender mejor el mundo en el que viven y quizás, a llevar vidas que no estén condicionadas por la sed de ganancias o el “hambre de éxito”. Claro, Laurita, como economista ultraliberal que es, mira todo por el bolsillo y vela además porque los “conocimientos universales” estén en manos de unos pocos privilegiados y no al servicio de toda la sociedad, incluso de los y las jóvenes, de contextos críticos, con necesidades de trabajo.

Le aclaro que esta idea no es únicamente de las mentes ultraliberales como la de Raffo, recuerdo que durante su gobierno, el “Pepe” abogaba por una masificación de la educación técnica, la educación para el trabajo y en función de las demandas del capital, en desmedro de las profesiones liberales, las ciencias sociales y las humanísticas. Para Mujica, pensar no era lo importante y para mí, que no soy nadie pero me creo mucho, el pensamiento abstracto, es la base de una sociedad sana, no violenta. Hay que formarse para trabajar, sí, pero también para pensar mundos mejores y no sólo para vivir en función de hacer más plata.

Usted estará creyendo que me fui por las ramas, pero no es así. Los textos del escriba se unen solos y van de rama en rama, tomando diversos frutos para unirse en una idea final y es que una sociedad que eduque para el éxito, que lo premie en shows de tevé, seguirá germinando miles de fracasos que querrán llegar más rápido al éxito negado, como es el caso de Marset y de toda la barra que va detrás de él.

Este asunto lo dejo por ahí; antes del final le quiero hacer otro comentario, que como siempre guarda relación con lo anterior. Escucho reiterativamente en los medios que existe gran preocupación por “la violencia que hay en la sociedad” (una frase hecha, vacía, aunque reiterada hasta el hartazgo), pero resulta que son los propios medios los mayores promotores de violencia, a través de sus principales figuras.

Hoy es un show ver cómo se gritan dos personas frente a las cámaras. Hoy es gracioso ver como el conductor de cualquier programa televisivo insulta frente a una cámara o frente al micrófono a alguna figura pública (en especial a los políticos de izquierda). Hoy, quien más grita, quien se muestra más rudo/a, quien insulta más, es quien más éxito tiene, entonces, ¿cómo esperar que no haya violencia en la “sociedad” si los modelos de comportamiento derrochan violencia discursiva?

Mire, como ya le he contado antes, mi único contacto con lo que ocurre en la televisión uruguaya (en realidad con la televisión en general), son los informes de Zin TV y me alcanza para seguir sin contacto con ella, ya que lo que muestran sus cortos de no más de cinco minutos me confirman que hago bien en no perder el tiempo en tipos como Puglia, Julio Ríos, Ignacio Álvarez, Marguery o Petinatti -y otros que no me vienen a la memoria ahora-, que a los gritos y de pesado quieren imponer su miope visión del mundo.

Que ese tipo de elementos sean los que marquen la agenda y definan sobre lo que se habla, habla mucho de la clase de medios masivos que tenemos (lo mejor de todo es que no hay gobierno que no los haya beneficiado con alguna dádiva, porque si bien es cierto que el actual les ha dado bastante, los frenteamplistas nunca dejaron de favorecerlos).

En síntesis y porque nos estamos quedando sin espacio, cuando alguien le diga que está preocupado por la violencia en la sociedad, pregúntele que programa de televisión ve. La violencia que esparcen los comunicadores del presente, es inédita para este escriba, nunca la había visto antes; ellos, que dicen estar preocupados por la “grieta”, son los que más grande hacen la zanja.

Y llegó el momento de ir cerrando el texto;  en siete días vuelve el espacio elucubrador, buscando llenar la zanja, pero eso sí, sin abdicar nunca de lo pensado, porque uno tiene claro de qué lado del alambrado está. Nos vemos en la próxima, siempre habrá de qué hablar.

Imagen ilustrativa, tomada de la web.

Por Javier Perdomo.

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