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Elucubraciones

Elucubraciones semanales 08/12: Análisis sobre el «bicho»

5 minutos de lectura

Entre, entre nomás, sin miedo al “covicho”, que ya lo han dicho especialistas de todo el orbe: el papel no transmite este bicho y si eso no llegara a ser verdad, igual entre porque acá estamos cubiertos de una aureola mágica que nos salva de toda penuria, aunque eso no implica estar protegidos ante las malas nuevas. La columna elucubradora es pura catarsis de su autor, un para nada humilde escriba de pueblo, con pose de intelectual superado, con una mínima habilidad para el lenguaje florido y para las invenciones lingüísticas. Por lo tanto, si así le parece, vamos pasando a los asuntos que nos ocuparán en esta ocasión.

¡Cuánta alegría me dio saber que volvieron las conferencia-cadenas de prensa del presi! ¡Se necesitaba una de esas instancias en las que nos demuestra toda su sapiencia en las más diversas disciplinas del conocimiento! Tanto sabe, que muestra a su lado a los científicos asesores y al propio Ministro de Salud Pública (que por otra parte es un médico), pero no los deja hablar, monopolizando así el discurso.

Sabe, leí por ahí a algún psicólogo, que decía que esa actitud es propia de alguien que sufre complejo de inferioridad, pero como yo no soy un profesional de esa rama (“de qué rama habrás salido vos”, seguro que se pregunta usted), no puedo suscribir ese análisis y sólo se lo menciono como al pasar, porque las elucubraciones son para eso, para decir y entregar la piedra que nos tirarán por la cabeza.

Bromas aparte, lo cierto es que, sin ser especialista en comunicación política, me parece que el Presidente debería dejar hablar a los que saben y rematar él anunciando las decisiones políticas o de administración que se hayan tomado en función de la explicación científica. Ahí me resultarían más útiles sus apariciones. Pero claro, usted sabe que nadie le dará importancia a lo que diga un hablador como yo igual, créame lo que le digo, las sobreexposiciones son más negativas que positivas y el “presi” se excede en estas “confe-cadenas”.

Bueno, ya lo sé, en realidad hasta “los que saben” están cuestionados, porque el amigo Ramón Méndez (el responsable de la expansión de la energía eólica en el país), les salió con la plancha -desde lo moral y lo técnico-, a los más notorios integrantes del grupo de científicos asesores honorarios. Pero lo peor de todo es que de lo dicho por Méndez -en un grupo de Whatsapp del que supuestamente participaba gente de confianza-, se desmarcó todo el mundo, hasta su propia fuerza política.

Entre nosotros, en su momento me pareció extraño cómo la tercera administración frenteamplista había llevado al ostracismo a Méndez (fue Daniel Martínez el que lo “rescató” e iba a ser su Ministro de Industria si hubiera ganado), luego de su trabajo en la Dirección de Energía del MIEM, pero ahora que ocurrió esto, deduzco que quizás fuera porque sus incontinencias verbales eran más recurrentes de lo que uno percibía.

Entre nosotros, más allá de todo lo que le quiera cuestionar a Méndez, la perspectiva de una cifra diaria de 500 casos de la covid, que el manejó en su audio, no es antojadiza, es también manejada por el propio GACH y supuestamente las medidas que se tomaron en la semana que pasó son para impedir llegar a ese registro antes que comience el verano. Claro, quizás el problema haya sido la forma en que se expresó el Ingeniero. El tema es que cuando uno se comunica con amigos, se permite ciertas licencias lingüísticas y en parte eso le pasó al amigo Méndez. Eso sí, debería él cuidar con qué personas participa en los grupos, porque si el que “viralizó” el audio es un amigo suyo, que tenga cuidado con los enemigos.

Pero cambiando el enfoque -o en verdad siguiendo en tema-, a esta altura de la pandemia, lo que me tiene algo molesto es esa tendencia a echarse unos a otros la culpa por lo que está pasando, cuando en definitiva el fenómeno pandemia es nuevo para todos los seres humanos actualmente vivos en el planeta. No, no me refiero a los líos políticos en este caso, hablo de los ciudadanos en general, que se enteran de un caso y le endilgan todos los males a la persona contagiada, sin darse cuenta que ninguno está a salvo por -como ya le dije en alguna instancia anterior-, lo aleatorio que parece ser el contagio con el “covicho”. Es a suerte y verdad, mi estimada/o lector.

Otro tren al que tampoco me estoy subiendo es al de la crítica sistemática a las medidas definidas por los científicos honorarios (no tengo la idoneidad de Méndez para hacerlo). Yo no sé si hay que cerrar los shoppings antes que los gimnasios como demandan muchos, tampoco sé si el deporte es necesario que se detenga o si hay que autorizar o no a que haya fiestas. Estoy convencido que tampoco los científicos saben exactamente si las medidas que toman son las acertadas, por más que hagan estudios probabilísticos y se asesoren a partir de experiencias internacionales, porque estamos en una etapa de ensayo y error en la que ninguna acción puede ser definitiva y lo que parece correcto ahora, es probable que mañana ya no lo sea.

Claro, en lo que sí es hora que el gobierno ponga empeño es en la asistencia a los que están -estamos, si quiere-, sufriendo las consecuencias económicas de la pandemia. Es muy fácil mandar a parar, pero ¿Quién paga ese parate? Lamentablemente, con el verso de la libertad responsable, el libre juego del mercado y todas esas teorías de economistas al servicio del gran capital, la tendencia es a que nos arreglemos como podamos.

En la antesala de un evento inédito e inesperado como una pandemia, los uruguayos elegimos un gobierno que deja hacer y no interviene mucho o, mejor dicho, interviene poco y cuando lo hace es en favor de los mismos de siempre. Pero bueno, qué íbamos a saber, me dirá usted, si nos dijeron que había que evolucionar; y a los uruguayos nos encanta eso de parecernos “modernos” para seguir tan conservadores como siempre.

Cuando parecía que toda esta edición elucubradora iba a estar dedicada a la pandemia, me despierto el domingo con la noticia de la muerte de Tabaré Vázquez y no puedo dejar de decir algo, aunque es probable que me vea obligado a volver sobre el asunto en siete días.

Me tomó de sorpresa, si bien era una novedad esperada, despertar, abrir los portales noticiosos y encontrar esa noticia cachetea, porque cierra etapas en la historia de la nación y también en las propias vidas de muchos uruguayos.

Usted sabe que este escriba le cuestionó muchas cosas a Tabaré -a su segundo gobierno en particular-, pero menciono una iniciativa suya con la cual estuve por completo en desacuerdo cuando se anunció y sin embargo el tiempo me demostró que no era tan mala, es más, en realidad era buena para una convivencia más democrática.

Como fumador, rechacé la prohibición de fumar en espacios cerrados -en particular en los bares a los que cuando uno era “joven” iba-, pero hoy es una medida que está tan internalizada e institucionalizada que nadie, ni el más empedernido de los fumadores cuestiona. Es parte del legado que dejó.

Nada, queda por ahí, las elucubraciones llegan a su final por esta semana, sabiendo que todos los días está naciendo un nuevo país y se nos va yendo el viejo. Que los que tenga que venir sea para mejor, porque este 2020, nos ha dejado lo peor. Hasta la próxima semana.

Por Javier Perdomo.

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