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Michio Kushi: el legado del padre de la Macrobiótica

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En temas de dietas y formas de alimentación, existe una variadísima oferta, para todos los gustos y estilos. Más allá de una forma específica de alimentación, algunas de ellas, representan mucho más, hasta podría decirse que son una filosofía de vida, una forma de entender la existencia con sus ciclos y de sentir una pertenencia a valores y creencias. Resulta ser, en definitiva, un camino que conduce a una transformación que trasciende lo puramente físico. Una de ellas es la Macrobiótica, que ha recorrido un largo camino y que representa una manera de aceptar e incorporar determinados preceptos.

Al hablar de Macrobiótica, es imposible no hablar de uno de sus referentes mundiales, que dejó un legado que, al día de hoy, continúa vivo. El japonés Michio Kushi, transmitió en su vida, los aspectos que determinan una forma de entender la alimentación.

LEGADO | La Macrobiótica es una forma de vida, que busca llevar al organismo a sentirse pleno y por ende, disfrutar de una vida con sentido y sobre todo, saludable. En pocas palabras, propone potenciar el bienestar físico, mental y espiritual de las personas, y esto de acuerdo a una dieta natural, basada en el equilibrio del yin y el yang.

La palabra Macrobiótica procede del griego y puede traducirse como “gran vida”. Este término fue acuñado en los años 50 del siglo pasado por George Ohsawa, pensador japonés de quien aprendería Kushi.

Desde sus comienzos, al surgir como un estilo sano y natural de vida, pronto contó con muchos adeptos. El movimiento hippie de los años 60 encontró en este estilo, una forma de encontrar otras alternativas a las existentes.

Michio Kushi, conocido como el padre de la Macrobiótica moderna, falleció en 2015. Dedicó su vida a investigar y difundir la importancia de la alimentación para mantener un buen estado de salud. Escribió más de 100 libros sobre Medicina Natural, alimentación, enfermedades; fue referente de muchos reconocidos expertos en Macrobiótica del presente.

Testigo de la segunda guerra mundial, Michio Kushi fue un gran defensor de la paz, motivo que lo indujo a investigar sobre la alimentación, como una forma de hacer más pacíficas a las personas.

SU LEGADO | Para Kushi, la salud debe entenderse como un todo, en el que intervienen una multiplicidad de factores. Expresaba, “La macrobiótica es vivir de acuerdo con la naturaleza y sus cambios”. En una de las últimas entrevistas que brindó, explicaba parte de su obra y las bondades que tiene seguir este tipo de dietas.

Decía Kushi: “el ser humano y la naturaleza son inseparables. Por eso, cuando la naturaleza cambia, también lo ha de hacer el ser humano. Y la naturaleza cambia constantemente. De ahí que la alimentación sea fundamental, porque la comida modifica la composición de nuestra sangre, pero también afecta a cómo somos y a cómo pensamos”.

Decía que lo que se llama dieta macrobiótica estándar no es un sistema rígido, que busca crear un equilibrio entre yin-yang y que pasa por comer cereales integrales -que han de ser la base de la dieta-, verduras y hortalizas de agricultura biológica; legumbres, semillas.

“Los alimentos han de ser procesados de formas tradicionales, como por ejemplo los fermentados, y tanto las grasas como las proteínas, deberían proceder preferentemente de fuentes vegetales. Las de origen animal, deberían reducirse al mínimo”.

Su historia y su relación con Ohsawa, fueron moldeando una vida que desembocó en un profundo convencimiento de las ventajas de llevar una dieta que ayuda a las personas a estar mejor, a revertir ciertas enfermedades e incluso comprobó que de ello dependía el comportamiento de éstas.

“Viví la Segunda Guerra Mundial siendo muy joven… el desastre de Hiroshima me impresionó tanto que decidí que tenía que dedicar mi vida a la paz. Al acabar la guerra me puse a estudiar derecho internacional y me fui a Estados Unidos donde conocí a George Ohsawa, que por entonces había creado una asociación en Tokio, y asistí a algunas de sus clases”.

Desde ese momento, aún sin saberlo, este suceso cambiaría su vida para siempre. A partir de conocer a Ohsawa, comenzó a entender la importancia de una alimentación consciente y equilibrada, para tener una vida más longeva, feliz y tranquila.

Kushi intentó encontrar las causas que provocan los males sociales, los prejuicios, la discriminación, el odio o la rabia. Y en caso de haber una causa única, trató de investigar cuál podría ser y cómo se podría erradicar. “Me reuní con Albert Einstein, Norman Cousins, entre otros y todos convenían en que para que la paz fuera duradera había que mejorar la naturaleza humana, pero no sabían cómo hacerlo. Ahí entendí qué quería decir Ohsawa: son el entorno y lo que comemos lo que hace que seamos como somos”.

Contó Kushi que comenzó probando la Macrobiótica con el mismo, experimentando varios cambios; se sentía mejor físicamente y mejoró su memoria, incluso comenzó a recordar cosas de su infancia. Se sentía más sensible, percibía mejor los sonidos, el entorno, las vibraciones.

“En Japón solo era conocida por una minoría, pero en Estados Unidos no la conocía ni practicaba nadie. Empezamos promoviendo una alimentación natural y biológica, enseñando otras formas de cocinar. Introdujimos alimentos integrales, el tofu, el miso. Contribuimos a popularizar el shiatsu, la acupuntura, entre otras prácticas”, contaba.

Algunos de los preceptos básicos de la Macrobiótica, Kushi los detallaba así: “Primera: los cereales integrales son la base de la alimentación humana. Segunda: las proteínas han de proceder más de vegetales que de animales, el ser humano necesita muy poca proteína animal, por ejemplo legumbres, tofu, tempe… Tercera: hay que consumir menos alimentos refinados y más alimentos naturales y sin procesar. Cuarta: hay que volver a los alimentos biológicos, no tratados químicamente. Quinta: el comercio permite comer cualquier alimento en cualquier parte del mundo; se exportan otras formas de comer pero también enfermedades. Es importante respetar la propia tradición gastronómica y volver a una alimentación más local. El clima es diferente: las necesidades son diferentes”.

Decía que la Macrobiótica no es otra cosa que vivir de acuerdo al entorno, consumiendo lo que el entorno nos da, en cada momento del año. “En zonas de climas extremos, como los muy fríos, se puede incorporar más alimento de procedencia animal y en climas muy calurosos, conviene que la base sea vegetal, en las zonas templadas, se puede aplicar más la dieta Macrobiótica estándar. Al comer alimentos de temporada y que han crecido donde vivimos nos estamos adaptando al entorno y equilibrando”.

Decía el experto con referencia a determinados alimentos, “los cereales integrales, las legumbres y las verduras son absorbidas por el organismo de forma gradual, mientras que el azúcar y los refinados se queman rápidamente. Esta combustión afecta al estado de ánimo. Cuanto más lenta es la absorción de azúcares, como en los cereales integrales, más calmada se mantiene la mente”.

Entre otros preceptos de la Macrobiótica, se desaconseja consumir ciertas hortalizas como tomate, berenjena o papas. Al respecto decía Kushi, “Estos alimentos contienen ciertos ácidos que debilitan la sangre. Hay algunas artritis, las q0ue se acompañan de debilidad y cansancio, que pueden deberse a un consumo excesivo de solanáceas. En las artritis que se caracterizan más por la rigidez, el problema suele venir de un consumo excesivo de pollo, huevos y marisco”.

Sin abusar, no están desaconsejadas las frutas y verdura crudas. Por su parte, se deben evitar el pan blanco y no abusar de preparaciones demasiado especiadas o picantes.

Expresaba Kushi que el éxito en este tipo de dietas, está principalmente en comenzar de a poco, introduciendo pequeños cambios y acostumbrándose a ellos.

Con respecto a su visión de la medicina tradicional, expresaba Kushi, “siento un gran respeto por los médicos y su labor, pero creo que la medicina moderna tiene una limitación: a los médicos, en la facultad, no se suele enseñar sobre alimentación y cómo afecta el entorno en el que vivimos. No ahondan en la causa de la enfermedad. Si alguien enferma se ataca el síntoma”.

Michio Kushi, tras investigar durante décadas, concluyó que los beneficios de la macrobiótica pueden revertir problemas de salud y hacer sentir a las personas con una energía y vitalidad muy buenas. “La Macrobiótica enseña a las personas qué hábitos alimentarios lo enfermaron. para que pueda corregirlos. Puede que el tratamiento médico sea necesario y efectivo en un momento dado, pero si no se corrige la causa de la enfermedad, volverá a aparecer, en el mismo sitio o en otro”, decía.

 

Por Yudith Píriz.

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