Sociedad

La Escuela de Educación Artística (EDEA), recibe a niñas y niños para enseñarles a ser «contempladores de arte»

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La fachada de la Escuela de Educación Artística (EDEA), 120, ubicada sobre la calle 25 de Agosto es la de una casa con frente, no muy diferente a la que uno se imagina cuando lee estas líneas. En una primera recorrida visual aparece el escudo de Primaria cerca de la entrada. Para ingresar, hay que tocar la puerta. Del otro lado recibe a La Semana la directora del centro, que tiene que resolver varios asuntos en poco tiempo, como por ejemplo, atender a una madre que quiere inscribir a su hijo en la escuela.

Puertas adentro, correteando en los pasillos y en un gran fondo que tiene un escenario hecho con madera, decenas de niños disfrutan de un recreo antes de volver a las aulas, en una jornada de viernes a la tarde.

Se trata de una escuela “con las reglas de Primaria”, explica la directora Caraballo a este medio, y funciona como un complemento a la escuela tradicional. Los pequeños estudiantes son mayoritariamente de Libertad, pero también llegan desde Ciudad del Plata. Desde que se creó en 2014 (en otro local), los niños toman contacto con diferentes artes clásicas como son el teatro, la danza, el canto, las artes visuales y la música. Y lo hacen entre paredes coloreadas que ellos mismos dibujaron.

“El arte es una integración de muchas artes”, cuenta Verónica Caraballo, y para ello hace una pequeña recorrida por los salones donde se pueden ver unas cuantas guitarras, pianos, teclados y una cartulina típica escolar con las fotos de los músicos clásicos europeos Ludwig van Beethoven y Wolfgang Amadeus Mozart, entre otros.

También hay un pizarrón que tiene una línea cronológica de la historia tal como la cuentan en la escuela: Edad Antigua, Edad Media, Renacimiento, Edad Moderna, Edad Contemporánea.

EL PROCESO | Para la Directora de la escuela artística del departamento es muy importante que los estudiantes se involucren en el camino creativo para formarse su perfil artístico, lo que no significa que serán artistas. “Consideramos que en nuestro país hay pocos contempladores de arte”, opina, y deja entrever que uno de los objetivos del centro es darle herramientas a los niños para que se expresen y, también, para que puedan apreciar y valorar una obra de arte. “El enfoque no está en la producción [artística]”, aclara la Directora.

Un niño se acerca a la Directora para comunicarle que un compañero lo está molestando. La escena atraviesa generaciones y un pintor podría retratarla en un cuadro. Es mucha la emoción de los estudiantes que retornaron a clases luego de unas largas vacaciones. Hay tres niñas de unos 9 o 10 años que comen unas galletitas durante el recreo. Cada una de ellas dijo a La Semana lo que más le gusta de esta escuela: “artes visuales”, “danza”, “galletitas”, dijeron a su turno cada una.

DISTANCIA | En esta escuela “se trabaja con contacto físico”, dice Caraballo, quien además señala que muchos aprendizajes no se aprecian en el mundo virtual, ya sea a través de una computadora o en el celular. El último año fue negativo para los estudiantes en general y también para los de esta escuela, ya que el protocolo impide la realización de muchas actividades. “Sufrimos mucho”, reconoce la Directora del centro, quien debe ahora dirigirse al salón central para comenzar una clase con cerca de 10 alumnos. En el pizarrón, una figura musical. En el diccionario de la academia española, la definición de figura musical: “es un signo que representa gráficamente la duración musical de un determinado sonido en una pieza musical”.

“La creatividad es la inteligencia divirtiéndose”, habría dicho el físico Albert Einstein, según se lee en otra cartulina ubicada en la recepción de la escuela. La madre termina de llenar un formulario para inscribir a su hijo y la directora pide silencio durante su clase. Así es un día en la escuela de educación artística de San José, ubicada en la ciudad de Libertad.

En Uruguay hay un total de 20 escuelas de este tipo funcionando, una por departamento, y dos en Montevideo. Los centros llevan los nombres -entre varias figuras- del pianista y profesor Hugo Balzo, el compositor Gerardo Grasso (quien realizó el arreglo “oficial” del Himno Uruguayo), el pianista Luis Cluzeau Mortet (autor de la obra de principios del siglo XX “Carreta quemada”), el investigador musical Lauro Ayestarán y el escritor y poeta Edgardo Ubaldo Genta.

Sorprende -o no-, el hecho de que los nombres que utilizaron para designar a las escuelas artísticas del Uruguay sean de hombres (y en su mayoría pianistas). No hay un solo centro que tenga el nombre de una artista mujer.

Por Nicolás Dovat

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