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Paracelso, el médico suizo que le hizo frente a la medicina ortodoxa

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La naturaleza ha sido ese lugar donde todo puede encontrarse y, siempre que se respeten sus procesos, recrearse. Muchos lo han podido demostrar a través de diferentes investigaciones, mientras que otros lo han conocido a través de los saberes ancestrales.

De una forma u otra, ya no puede ignorarse lo que durante toda la existencia de la humanidad, las diferentes sociedades han intentado transmitir y que tiene que ver con el regreso a la naturaleza, para encontrar respuestas a la existencia y a los misterios de la vida.

La energía que nos contiene y se expresa a través de la totalidad, la relación mente-cuerpo-emociones y hasta la conexión de los ciclos naturales con los seres vivos, ha cautivado a innumerables investigadores a través de los siglos.

Estos temas, desarrollados desde mentes curiosas y en perpetua búsqueda, ha llevado a determinar que, tanta trascendencia tiene la naturaleza que es imposible no concebirla como el todo que nos sustenta como especie y se manifiesta directamente, seamos o no conscientes, sobre cada ser que habita este espacio.

Para hacer frente a algunas de las problemáticas de la vida actual, algunas concepciones y/o preceptos, pueden dejar mensajes importantes. Para ello, hurgaremos en los confines de la historia, intentando observar qué era lo que movía a ciertas personas a ir más allá de lo puramente académico o apreciado por los sentidos físicos.

ENFOQUES | Los postulados científicos, especialmente con lo sucedido en los últimos dos años, ha dejado demostrado, al igual que en otras ocasiones, aciertos y fallas, pero en particular mostró que no siempre la ciencia tiene todas las respuestas.

La búsqueda para lograr un equilibrio reparador, según un médico de la antigüedad, va por otro camino muy distinto al actual, por lo que, a pesar que han pasado muchos siglos, quizá, sea de ayuda intentar aceptar otros enfoques de los que nadie ya habla.

El médico suizo Theophrastus Philippus Aureolus Bombastus von Hohenheim, mejor conocido como Paracelso, revolucionó la medicina de su tiempo. Paracelso además de médico fue alquimista, teólogo y un filósofo de la naturaleza. Fue un médico que nació cerca de Zúrich, Suiza, en 1493. Además de doctor, era astrólogo y alquimista y su principal aporte a la medicina fue la creación de las primeras drogas basadas en químicos y minerales.

A pesar de haber recibido una formación universitaria, Paracelso se oponía a la enseñanza reglada de la medicina y chocó con el establishment médico. La base de sus innovaciones médicas, no provino de lo que hoy llamamos el método científico sino de su propia intuición, lo que él llamaba lumen naturae, una especie de fusión o simpatía con los elementos de la naturaleza.

Él creía que los seres humanos son un microcosmos y que un buen médico no es el que más se prepara académicamente, sino el que mejor entiende la naturaleza y el orden cósmico.

Este hombre, tan lejano en el tiempo, creía que la clave para sanar era separar lo puro de lo impuro y esto se lograba a través de la alquimia.

En algunos de sus textos escribía «Es de gran importancia que la alquimia se entienda en la medicina, debido a las virtudes latentes que residen en las cosas naturales, que pueden no ser evidentes para nadie, salvo en la medida en que sean reveladas por la alquimia».

Paracelso estableció una nueva teoría médica basada en cuatro pilares: la filosofía, la astronomía, la alquimia y la virtud o moral. El fundamento de esta teoría era la filosofía, a la cual concebía como un conocimiento de la naturaleza. De hecho, escribió que la naturaleza era un libro y que el hombre debía leer este libro.

Paracelso dice que “aquel que quiere conocer al hombre debe verlo como una totalidad, no como una serie de fragmentos. Si encuentra una parte del cuerpo humano enferma, debe buscar las causas que producen esa enfermedad y no sólo tratar los efectos externos”.

Entendía Paracelso que el hombre, al separarse de la naturaleza, se había desconectado de su esencia y que ello es la razón única y primera de tantas enfermedades.

Debido a su oposición al sistema científico predominante en su época, fue muchas veces visto como un charlatán, brujo o pseudomédico.

“La naturaleza -no el hombre- es el médico. El hombre ha perdido la verdadera luz de la razón… Intenta capacitarte para que puedas seguir la naturaleza otra vez, y ella será tu instructora. Familiarízate con el almacén de la naturaleza y con los estantes en los que sus virtudes están almacenadas. Los caminos de la naturaleza son sencillos y no requieren prescripciones complicadas”.

SU LEGADO | Paracelso fue una figura muy importante en la historia de la farmacia, aunque se tiene de él una imagen distorsionada: un autor original, un renovador, un hombre que mejoró la farmacia de su tiempo y se enfrentó a los errores de la medicina de su época. Quizá sea para muchos, un personaje controvertido debido a que fue partidario y trabajó no sólo con la astrología sino también con la magia.

Según Paracelso existen dos tipos de conocimientos verdaderos en este mundo, uno es eterno y el otro temporal: «El eterno surge directamente de la luz del Espíritu Santo, y el otro directamente de la luz de la Naturaleza».

De acuerdo a su mensaje, es esa luz la que el médico debe aprender a distinguir y seguir en su práctica cotidiana.

Él creía que las plantas y minerales tenían fuerzas ocultas y que solo un médico inspirado por Dios podía reconocer y separar esas fuerzas, que tenían el poder espiritual para sanar.

Este médico gozó de mucha popularidad en su época. Al usar químicos y minerales para tratar enfermedades logró curar a pacientes que habían sido considerados incurables por la medicina tradicional.

Su mayor logro profesional fue ser el primer médico en describir clínicamente la sífilis. También creó uno de los primeros analgésicos: el láudano, una mezcla de alcohol y opio que reducía todo tipo de dolores.

Este médico brujo, alquimista, naturista y filósofo, luchó por transmitir su saber ante un sistema imperante que ya en su época, no aceptaba otras miradas más que las propias.

Así lo establecía hace más de cinco siglos, este médico que también pudo haber tenido algo de visionario.

“Han desertado completamente el camino indicado por la naturaleza, y construido un sistema artificial, el cual es sólo adecuado para estafar al público y socavar los bolsillos de los enfermos. Su poder está solamente en que su galimatías es ininteligible para el público, que tiene fe de que debe significar algo, y la consecuencia de esto es que nadie se les puede acercar sin ser engañado. Su arte no consiste en curar a los enfermos, sino en ganarse el favor de los ricos, estafar a los pobres y penetrar los aposentos de los nobles… Me denuncian porque no sigo su escuela; pero sus escuelas no pueden enseñarme nada que merezca saberse”, dijo.

Según Paracelso, el verdadero médico debe poseer por sobre todas las cosas la facultad que es llamada Intuición, y que no puede adquirirse siguiendo ciegamente los pasos de otro; debe ser capaz de ver por su propia cuenta. Existen filósofos naturales y filósofos artificiales. Los primeros tienen un conocimiento propio; los segundos tienen un conocimiento prestado de los libros”.

Continuaba en su mensaje expresando, “esta es una verdad que debe ser percibida por todo verdadero filósofo, pero una inteligencia meramente animal o una inteligencia basada en la conjetura no lo logran entender. Aquella filosofía que está basada en la sabiduría -eso es, el reconocimiento de la verdad de una cosa- es la verdadera filosofía; aquella que está basada en la conjetura y en la especulación estéril es falsa; la primera es el oro verdadero; la segunda es una mera imitación a la cual si se le echa al fuego no dejará más que cenizas y azufre”.

Una de las características destacadas de este médico era que representaba una persona muy querida, sobre todo porque era accesible y todos podían consultarlo, dando discursos en el idioma local (el alemán suizo) para que todas las personas pudieran entenderlo.

Su medicina se conoció como la medicina popular y fue el primer gran desafío a la medicina ortodoxa.

 

Por Yudith Pïriz.

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