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Mariano Bueno y el contacto sanador con la tierra

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Las épocas traen consigo modas que por momentos parecen acapararlo todo. No todas las modas son buenas, hay que decirlo, pero en este caso, es muy meritorio y puede llegar a ser el comienzo de un gran cambio social, cultural y en este caso, alimenticio. Comenzando el mes de la primavera, que ofrece más horas de luz y en el que plantas y árboles dejan su estado de reposo y comienzan a rebrotar, es sin dudas una estación que trae una vuelta a la vida. Y justamente es en este momento del año, que esta moda se reinventa y pone de manifiesto todo su potencial.

 

UNA APUESTA | Las huertas ecológicas, tanto urbanas como rurales, son una apuesta a lo natural que tanto supimos abrazar en otros tiempos. En un mundo de plástico, basura y tóxicos, apostar a cultivar nuestros propios alimentos, es una inteligente y saludable alternativa.

Cada año, más personas intentan sumarse a esta antigua pero olvidada actividad que tiene que ver con la elaboración de su propio huerto, con todo lo que ello implica. Una nueva revolución se viene desarrollando, movidos quizá por entender que cultivar sus propias hierbas o verduras, es una tarea que ofrece un plus en lo que respecta a disfrutar de sabores auténticos, reivindicando lo natural. En esta ocasión, nuestro invitado es un campesino español que nos enseña a mirar la vida desde otra perspectiva.

En tiempos no tan lejanos, ni siquiera se dudaba de tener en la casa los alimentos para el consumo familiar. Ese modelo poco a poco se fue cayendo a causa de muchos factores, desde económicos hasta culturales.

Quizá sean las propias crisis que llevan a hacer esos cambios que nos hacen volver a costumbres pasadas y que después de un tiempo nos hacen ver que, con sus defectos, nos ofrecían mucho más de lo que pensábamos.

Más allá de lo económico, se trata de un cambio cultural, de prioridades y objetivos que son en definitiva, los que empujan a tomar otros caminos.

En la actualidad, está comprobado que los químicos que llevan incorporados las frutas, verduras y hortalizas, van directo al torrente sanguíneo y son la causante de muchas de las enfermedades que padecemos.

A pesar de que hay menos tiempo, que las casas tienen terrenos muy pequeños y que en el mercado se encuentra todo y a veces a buenos precios, buscar la forma de generar nuestro propio alimento, tiene una recompensa que va más allá del valor de mercado de los productos. Se trata de la conexión con la tierra, con nuestra capacidad de generar vida y con la importancia de consumir alimentos sanos, sin tóxicos y con sabor.

El español Mariano Bueno es uno de los pioneros en divulgar los beneficios de la agricultura ecológica y autor de El huerto familiar ecológico (Ed. RBA). Es también experto en geobiología, bioconstrucción y todo tipo de alternativas de vida saludable.

A los 13 años decretó que quería ser labrador y dejó los estudios, desde entonces se considera feliz y realizado. Se define como un hombre muy creativo y afirma que el huerto, le permite aplicar esa creatividad todos los días.

Durante años, ha desarrollado su trabajo como agricultor ecológico y ha intentado que otros sigan su camino para comprender la importancia de comer sano.

En su trabajo aborda tres áreas: la tierra (la materia, el cuerpo físico, lo que trabaja en el huerto), el cuerpo energético (la electricidad, las energías que nos rodean y mueven la vida, que trabaja con la geobiología), y la conciencia, que es la razón de existir.

Dice Bueno: “Nuestra labor ha sido ir sembrando semillas… Además, hasta la gente más reacia, pero aquejada ahora por enfermedades… Está empezando a cuestionarse sus hábitos de vida y su alimentación. En las últimas décadas se han incrementado la obesidad, las alergias alimentarias, el colon irritable, enfermedades asociadas al consumo de alimentos refinados, al uso de conservantes, a los antibióticos, a la no regeneración de la flora bacteriana. El problema es que hemos llegado al punto en el que el sufrimiento nos confronta con las actitudes de despreocupación respecto a la salud o a la alimentación”.

En su larga trayectoria ha podido estudiar los procesos y el funcionamiento de las plantas, así como los peligros que acarrean los alimentos modificados y cubiertos de pesticidas. “Los seres humanos evolucionamos, sobrevivimos, ya sea por comprensión o por sufrimiento… Si no entiendes el funcionamiento de los procesos o las estructuras, sufres”.

La agricultura industrial de la cual hoy nos alimentamos, es tóxica y ya en estos tiempos, es un secreto a voces, lo que se ha comprobado y denunciado por muchos especialistas, asegurando que no son aptos para el consumo humano.

Para Bueno, es importante buscar la forma de revertir esa situación que ya está provocando graves desequilibrios en la naturaleza y en el organismo de las personas.

Convencido Bueno, afirma, “los alimentos son complejos, sus nutrientes no son sólo NPK (nitrógeno, fósforo, potasio), como determinó Liebig en el siglo XIX, algo en lo que todavía se basa la agricultura industrial. El cuerpo humano no funciona como una caldera de vapor y el alimento no sólo proporciona calorías para que se muevan las bielas humanas”.

Su trabajo desde niño en el campo, lo hizo comprender que todo puede crecer de forma natural y que los agregados que se hacen a los cultivos, se ven multiplicados por los demás procesos que se le hacen a los alimentos, lo que termina siendo una explosión de químicos y con cero nutrientes. “La producción actual, llevó a los procesos industriales, al refinado y al descarte de todo lo que se consideraba inútil, inferior o secundario. Pero ahora muchos estudios demuestran, por ejemplo, las ventajas del pan integral frente al pan blanco… O la influencia en la obesidad de la falta de flora bacteriana en el intestino”.

Según opina, todo lo desechable para la industria, es en realidad lo que nutre, un tema que siempre se supo pero que no convenía a los intereses de la industria alimentaria.

Su lucha es la de muchos agricultores alrededor del mundo que siguen trabajando para provocar un cambio en las personas y un darse cuenta de las mentiras que ha creado el mercado de los alimentos.

Como viene diciendo hace años otro español, el ingeniero agrónomo y agricultor José Esquina, “unos valores suben y otros bajan, sin importar el hecho de que se tratara de alimentos. Eso es un crimen de lesa humanidad. Pero es completamente legal, se puede hacer sin ningún problema”.

Explica Bueno que existen momentos y personas que nos marcan y enseñan temas fundamentales para crecer. En su caso, cuenta que tuvo un profesor en 1974 que en una clase sobre productos agroquímicos, le explicó que cuando echamos un insecticida para combatir una plaga, también eliminamos la fauna auxiliar y creamos desequilibrios, con lo que vienen más plagas y los insectos desarrollan resistencia.

CONEXIÓN | En el proceso de toda su vida, mezcló la tierra con la espiritualidad, por entender que todo está conectado y que la separación de ambos aspectos, es lo que provoca los grandes desequilibrios que vivimos en la actualidad.

También en sus libros explica la forma correcta y efectiva de preparar el compost, porque entiende que es una excelente forma de fertilizar. “Una tierra fértil, las plantas sanas, el suelo equilibrado… Si hay algún problema es que se ha producido un desequilibrio y tienes que estudiar el origen. La filosofía de base es: no les pongas nada a tus plantas que tú no te comerías”.

Cuando se conocen los procesos de las plantas, todo puede solucionarse en cuanto a plagas que puedan invadirlas. En sus libros explica varios de esos procedimientos con ejemplos. “Cuando las plantas se han cultivado al aire libre y no han sido forzadas, tienen más sabor y más sustancias que las protegen… y nos protegen. Compara, por ejemplo, un ají y un pimiento. El pimiento no tiene armamento de defensa. Porque el picante, la capsicina, es lo que ha creado esa familia de plantas para defenderse. Los ajíes son pequeños y los pimientos son grandes. La razón es que la primera gasta buena parte de su energía en protegerse. Ese extracto reforzante que describo está hecho a base de una amalgama de sustancias defensivas elaboradas por la naturaleza”, cuenta.

Con su fuerte convicción, Bueno expresa que los cultivos industriales en base a pesticidas, son el polo opuesto al cultivo biológico. “Se los atiborra con abundancia de abonos sintéticos, tienen la temperatura y la humedad controladas, más los insecticidas y fungicidas que convenga para que nada los ataque. No necesitan gastar energía en generar sustancias defensivas, con lo que la planta se dedica exclusivamente a engordar, se vuelve obesa, pero carece de sabor y de sustancias aromáticas y protectoras”, explica.

Cree que las verduras orgánicas, son un plus energético y sanador que pocas otras cosas pueden dar. Al respecto expresa que antes los niños jugaban a comer tierra y que los bebés lo hacen instintivamente; pero agrega que en estos momentos “los niños se crían con un exceso de asepsia… Quizás ahí esté el secreto, ya que está más que comprobado que el exceso de higiene en la infancia propicia las alergias del niño y del futuro adulto, mientras que los niños de granja tienen un sistema inmunitario fortísimo. Si no te enfrentas a enemigos no generas defensas”. Al respecto agrega, “la epigenética enseña que en un huerto bien cultivado las bacterias del suelo son similares a las de nuestra flora intestinal”.

En cuanto a los huertos urbanos, una práctica que en la actualidad se viene impulsando con mucha fuerza, entiende Bueno que es importante apreciar y valorar esos espacios porque a pesar de cultivar en lugares muy pequeños, los beneficios son muy grandes.

“Gran parte de las patologías modernas son debidas a la falta de contacto con lo verde, con la tierra, al desenraizamiento y a una alimentación deficiente”. Explica el agricultor, que las plantas a pesar de estar en un medio urbano, hacen su filtrado y que esas plantas que crecen en el mismo entorno que nosotros, sintetizan sustancias que les permiten adaptarse y protegerse de los agresores ambientales. “Cuando comemos plantas que han crecido en el balcón o en la terraza, nos aportan nutrientes de calidad, antioxidantes y bioflavonoides, que protegen nuestro organismo o que, en cierta manera, actúan como vacunas que nos ayudan a hacer frente a las agresiones de ese entorno, por lo que resulta una práctica muy saludable”, dice.

Expresa que además de proveernos de alimentos frescos, de gran calidad nutricional y saludables, cinco minutos de contacto con el verde al día, pueden mejorar la salud física y mental.

“Los huertos son espacios vivos que si nos tomamos el tiempo de profundizar, quizás descubramos que somos seres biológicos estrechamente vinculados a la tierra y al entorno natural en el que nos hemos desarrollado durante milenios. Cuando nos alejamos de la naturaleza verde y viva, entramos en procesos de desequilibrio físico y emocional, y también espiritual. A fin de cuentas, la naturaleza está en la esencia de nuestra existencia.

El agricultor ecológico expresa que “si trabajas realizando tareas repetitivas, como en una fábrica o en una oficina, tienes pocas opciones de desarrollar tu creatividad; pero cuando cultivas un huerto, sin buscarlo, vas desarrollando dinámicas que mantienen tu mente muy despierta y creativa, resultando una excelente terapia preventiva para enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. Otros estudios demuestran que cultivar nuestras plantas hortícolas, aromáticas o medicinales producen una satisfacción que induce la secreción de endorfinas y dopaminas que incrementan la felicidad.

Concluye diciendo Bueno que “para mí lo importante es que las personas sean conscientes de que tienen un cuerpo físico, tienen un cuerpo energético y tienen una «conciencia lúcida» que también quiere ser despertada para expresarse”.

Por Yudith Píriz,

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