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José Ignacio Latorre; beneficios y peligros de la física cuántica

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En las últimas décadas, las máquinas han sustituido a las personas en infinidad de prácticas y actividades cotidianas. Este cambio, cada vez más vertiginoso, ha transformado el quehacer de industrias, emprendimientos, arte, comercio, medicina, así como el ámbito privado y/o doméstico.

Es imposible negarse a aceptar a este fenómeno, del cual nada ni nadie puede escapar; conscientes o no, le abrimos la puerta a un invitado que vino para quedarse: el avance tecnológico.

Al respecto muchos especialistas dan su opinión, plantean argumentos y ofrecen diferentes miradas sobre el hecho. Para un científico español, que trabaja con este tema, el nuevo mundo que se abre ante nuestros ojos, en poco tiempo será tan diferente de lo que conocemos -y tan incierto-, que no quedará otro camino posible que sumarse a él.

INVESTIGADOR | En ese avanzar hacia las nuevas y cada vez más sofisticadas tecnologías, surge la llave maestra, la que conduce y conducirá a un ritmo impensablemente acelerado, y que tiene que ver con la física cuántica.

El físico español José Ignacio Latorre, catedrático de Física Teórica en la Universidad de Barcelona, investigador del Centre for Quantum Technologies de Singapur y director del Centro de Ciencias de Benasque Pedro Pascual, es uno de los mayores expertos en el tema. En su libro más reciente, ‘Cuántica, tu futuro en juego’, plantea que está próxima una segunda revolución tecnológica que nos llevará a la era de la cuántica que cambiará el mundo.

Explica el catedrático que avanzamos hacia las máquinas, hacia esa inteligencia artificial que muchos pronosticaron, sin retorno posible. “La inteligencia es un concepto profundo, inasible, difícil de definir. Pero estamos avanzando una barbaridad, hasta el punto de dotar a las máquinas de la capacidad de tomar decisiones. Eso se parece mucho a la inteligencia ¿Verdad?”.

Latorre tiene la certeza de que lo cuántico en poco tiempo, será una realidad cotidiana. Todo aquello que conocemos hoy, desde lo tecnológico, es apenas el comienzo de una revolución tan sorprendente que cambiará la forma de concebir el mundo, tal como lo conocemos.

Para Latorre, el mayor problema que presenta este tipo de tecnologías, es la pérdida de la libertad y del poder de decisión de las personas. “Mucha gente piensa que una máquina no puede ser inteligente. En vez de pensar lo contrario: que el cerebro humano es tan admirable que es capaz de crear máquinas comparables a él o que le superan: en fuerza, en capacidad de cálculo… Ahora en capacidad de decisión”.

Latorre explica que a pesar de ser casi imperceptible, es una transformación continua y silenciosa. “Casi todo avance tecnológico ha sido frenado por sesgos políticos, religiosos, ideológicos… Pero nuestra sociedad de hoy en día los ha dejado atrás. La adopción de tecnologías es un hecho silencioso, se da en el día a día. Ya hay IA (inteligencia artificial), en el teléfono que nos asiste cuando escribimos un mensaje, ya te gobiernan las corporaciones. Google te gobierna un montón y no te han preguntado, pero esto no ha hecho más que empezar. La IA está entrando en cada rinconcito de nuestra sociedad, como el transporte, la medicina, cadenas de producción, el sistema económico, las fábricas, internet, todo” dice.

Explica el experto que en ese proceso, sólo queda aprender a convivir con lo nuevo, pero espera que no suceda como con otros avances que han traído aparejados diferentes problemáticas para la gente y el planeta. “Temo que pase lo mismo que con la revolución industrial, cuando se produjo un cambio vertiginoso: el aire se volvió irrespirable en Londres, el Támesis perdió sus peces, las personas empezaron a trabajar 80 horas, unos pocos se enriquecieron como nunca en la historia y una gran mayoría pasó a vivir mal. Quisiera que con la IA no pasara lo mismo”.

El investigador español, tiene claro que no es fácil de asimilar lo que significa, el alcance y la aplicación que tiene la Física Cuántica, por gran parte de la población. De todas formas, asegura que “el mundo es cuántico. El mundo de lo más pequeño, hecho de átomos y de partículas aún más elementales como quarks y fotones, obedecen a las leyes de la mecánica cuántica. Pero no es fácil comprender estas leyes”.

Agrega que “todas nuestras comunicaciones, los láseres, la fibra óptica, toda la informática, los chips, el sistema GPS, la resonancia nuclear magnética que nos permite ver una foto del interior del cuerpo humano, los ordenadores, todo trabaja a partir de las leyes cuánticas, éstas sustentan al universo. Ahora comienza la segunda revolución cuántica”.

Latorre comenta que la mecánica cuántica sólo tiene un siglo de existencia, pero que a partir de estos momentos, se ha activado otra revolución, diferente a la actual, de la cual poco se sabe pero mucho será el cambio que puede llegar a producir. “Toda la ciencia se encuentra en su infancia. Los humanos estamos empezando a aprovechar nuestro conocimiento. Al comprender las leyes cuánticas, hemos logrado crear ordenadores que controlan cada aspecto de nuestra vida, láseres que soportan todas nuestras comunicaciones y también nos operan la vista o leen un DVD, relojes atómicos que mantienen el sistema de geoposicionamiento GPS”.

PELIGROS | Todo cambio ha provocado en las sociedades avances positivos pero también tienen su contracara, con consecuencias nefastas para la humanidad. Al respecto, Latorre expresa que siempre existen peligros. “Lo más asombroso es comprender que un ordenador cuántico podrá romper la forma en que hacemos secretos los mensajes que enviamos a través de internet”, dice.

Explica que las grandes potencias ya saben lo que está sucediendo y qué alcance puede llegar a tener esta inteligencia. Opina Latorre que “cada país deberá decidir si participa del futuro o si será títere. La decisión es simple, o bien se paga la investigación ahora, o se pagará con creces por los resultados obtenidos por otros. Toda la criptografía que protege nuestra intimidad está en peligro, nada será secreto. Un ordenador cuántico rompe los códigos secretos. Quien disponga de uno potente, puede alterar el orden político de la Tierra, porque tiene acceso a todas las comunicaciones secretas de empresas, bancos, Estados y personas”, afirma.

“Los humanos hemos cedido el poder físico a las máquinas… Somos físicamente más débiles e intelectualmente más perezosos. La inteligencia artificial está acaparando un nuevo estadio, el de las decisiones, el lugar intelectual que creíamos reservado para nuestros cerebros. Pero no somos inimitables. Sabemos programar máquinas que toman decisiones más sabias que los humanos”, dice.

Cree que lo más preocupante es que a partir de este tipo de inteligencia, las personas perderán su identidad. “No lo duden: el problema que se avecina no trata de izquierdas y de derechas, sino de máquinas frente a humanos… En cierta forma, ya pasa, nuestros teléfonos móviles nos controlan, nos influencian. Un futuro cuántico aderezado con enorme cantidad de inteligencia artificial, hará nuestra vida muy diferente a la actual”.

Para enfrentar esa realidad compleja, entiende que es muy importante controlar en los centros educativos, la utilización de la tecnología, como forma de preservar nuestra intimidad y aprender a disponer de nuestro tiempo libre para no ser infelices.

Comenta Latorre: “soy un firme convencido de que el tiempo futuro traerá grandes sorpresas a la especie humana, por decirlo de una forma suave. Es sólo cuestión de tiempo que la inteligencia artificial supere a la humana. Podríamos ser un eslabón en la evolución que tuvo como gran característica relevante, haber creado máquinas más potentes que ellos mismos. Confío en que vamos a legislar dando mayor importancia a la capacidad de los humanos de decidir sobre sí mismos. Para eso hace falta que se legisle”.

A pesar de ello, explica Latorre que es un mundo apasionante el que se viene si se realizan bien las cosas, si en esa transformación se piensa en un avance para toda la humanidad y no sólo para los poderosos de siempre. “Somos muchos los que trabajamos para que los ordenadores cuánticos no tengan un solo dueño. El saber, la ciencia, es absoluto; no tiene que ver con razas, credos o geografía. La computación cuántica debería dar lugar a recursos que toda la humanidad pueda disfrutar. No será fácil, dada la enorme trascendencia geoestratégica que la construcción de un ordenador cuántico acarrea”, finaliza.

Por Yudith Píriz.

 

 

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