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Elain Aron y su estudio sobre las Personas Altamente Sensibles (PAS)

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El tema de las emociones, ha sido un tema que se ha tratado desde diferentes ámbitos y disciplinas y juega un rol fundamental en las relaciones sociales. En lo que tiene que ver con casos de personas que padecen de una forma más profunda lo que sucede en su entorno cercano, en la crisis sanitaria actual, deben esforzarse por manejar sus emociones frente al miedo. Desde esta perspectiva, nos referiremos al tema de una esas emociones: la sensibilidad. Las Personas Altamente Sensibles (PAS), representan un grupo de personas que tienen una forma diferente de manejar las emociones y por ello, tienen mucho para ofrecer a un mundo que ve en ellas, unas simples habilidades “blandas”.

SENSIBLES | Dos mujeres han profundizado en este tema, mostrando sus investigaciones y trabajos al respecto, a través de libros y charlas. Una de las pioneras en utilizar el término PAS, fue la psicóloga estadounidense Elaine Aron, a mediados de los 90 del siglo pasado, para referirse a los rasgos de un sector de la población, que destaca por su mayor sensibilidad perceptiva y cognitiva, a los estímulos medioambientales y de relaciones.

Por ese entonces, la especialista realizó una investigación sobre algunas personalidades, centrando sus estudios en la especificidad de detalles y características de un tipo de personas que hasta ese momento habían sido diagnosticadas con patologías que nada tenían que ver con este “don”, ya que aún ningún estudio las había analizado en profundidad.

A partir de esa realidad es que la doctora Aron comienza a identificar los principales rasgos de aquellas personas altamente sensibles, como ser muy reflexivas y empáticas. De acuerdo a sus estudios, estas personas registran mayor actividad en el hemisferio derecho cerebral, en el lóbulo frontal y en la amígdala. “En pruebas de escáner cerebral, se ha comprobado que la actividad neuronal es diferente, con lo que estas personas se ven inundadas, en un período corto de tiempo de multitud de estímulos sensoriales que se procesan además de forma más profundamente. Por lo tanto, la actividad en el sistema nervioso es cualitativamente diferente”, decía Aron.

En su libro “El don de la sensibilidad”, explica que “esta particularidad del Sistema Nervioso refleja una característica del carácter a modo de rasgo de personalidad, es decir, es el modo habitual de comportarnos en distintas situaciones y momentos, lo que nos describe y nos define. No se puede eliminar ya que lo tenemos adquirido desde el nacimiento, pero sí lo podemos modular, una vez entendamos cómo somos y cómo procesamos el entorno, podemos tomar las medidas necesarias para aprovechar al máximo esta cualidad sin sentirnos sobrepasados”.

Aclara que el término “sensible” no se emplea en términos peyorativos de persona débil o fácilmente afectada en sus sentimientos. “Son personas que presentan un procesamiento a través de los sentidos más profundo y por consiguiente se ven sometidas a sobreestimulación sensorial, son más reactivas emocionalmente”.

Explica que esa sensibilidad puede llevarlos a sentirse abrumados, incómodos frente a determinadas situaciones, así como tardar más en adaptarse y/o recuperarse a los cambios bruscos, ya que su procesamiento del entorno es más profundo. Por ello “no se adaptan bien a la música muy alta, a los sonidos estridentes, al ruido, a los lugares concurridos y aglomeraciones, a texturas rígidas o a la suma de mucha estimulación en un momento dado, lo que provoca que tengan más facilidad para estresarse o saturarse”.

Debido a ello, la doctora explica que estas personas necesitan mucho equilibrio interior, necesitan de inactividad al final del día, estar a solas para recuperar su poder interior.

Dice Aron que estas personas tienen una inclinación natural a mirar hacia dentro, “desarrollan esa totalidad tan necesaria en la conciencia humana. Lo que vivimos como un defecto, es algo así como un don”.

Habla acerca de la importancia de no verse como extraños o diferentes, todo lo contrario, “deben sentirte afortunados por contar con cuatro dones  que los identifican. Uno de ellos, “el don del conocimiento de las emociones que es un arma de callado poder. Entendemos más a las personas pero a su vez, nos hace más vulnerables al dolor. La sensibilidad es como una luz pero a su vez, nos hace más vulnerables al comportamiento de los demás, a las mentiras, a los desengaños, a las ironías, a la deslealtad. Por eso se establece que como es un don, también exige a la persona saber protegerse, cuidarse”.

El don de disfrutar de la soledad. “Estas personas encuentran cierto placer en sus instantes de soledad, rincones que buscan con anhelo para llevar a cabo sus tareas, sus aficiones. Son personas creativas que disfrutan de la música, de la lectura… Y aunque también disfrutan de la compañía de otros, es en soledad cuando más satisfacción encuentran y no temen a la soledad, porque es en esos instantes que pueden conectar más íntimamente con ellos mismos, con sus pensamientos, libres de apegos, lazos y miradas ajenas”.

El don de una existencia desde el corazón. “La gran diferencia con el resto de las personas es que pocas emociones se viven con tanta intensidad como el amar y el ser amado, la amistad, el cariño cotidiano, representan una vivencia intensa, enraizada en el propio corazón”.

Y otro de los dones es el del crecimiento interior. “Estas personas ya vienen con esa particularidad desde que nacen y no se cura, se puede manejar no curar, porque es innato”.

Agrega Aron que no es fácil vivir con estos dones a lo que aconseja, “no debes dejar que las emociones negativas te desborden en ciertos momentos. Una vez hayas descubierto tu propio ser y tus facultades, encuentra tu equilibrio y fomenta tu crecimiento personal. Eres único y vives desde el corazón. Anda en paz, anda en seguridad y sé feliz”.

 

OTRA GUÍA | Siguiendo por el camino trazado por Aron, otra mujer se ha dedicado a estudiar el tema, sumándose a la concientización de lo que la alta sensibilidad, representa para muchas personas en el mundo.

La alemana Kathrin Sohst ha expresado que “la gente con alta sensibilidad percibimos antes cuando algo no es bueno. Estas personas tienen un sistema neurosensorial más desarrollado que la mayoría, provocándoles complejas vivencias y sensaciones que pueden sobrecargarlos. Su don es un rasgo, no una enfermedad”, dice.

Escribió el libro “El poder de la sensibilidad”, tratando de  desentrañar lo que representa la alta sensibilidad, identificando esos rasgos que mucha gente tiene y no lo sabe y por lo que sufre en la sociedad actual que no acepta la sensibilidad como valor.

Para ella, “el tipo duro ya no tiene sentido en una sociedad cambiante y necesitada de solucionar grandes retos donde cobran gran valor la empatía, la fortaleza y la creatividad de los altamente sensibles”.

Explica que estas personas perciben todo de una manera diferente, “no es una enfermedad, es un rasgo que identifica a ciertas personas”.

Agrega que a este tipo de personas siempre se las etiquetó de débiles, a lo que opina que “nada más alejado de la realidad. Este mundo pide cambios, y gente que actúe con consciencia. Cuando te haces consciente de tu alta sensibilidad, tienes que aceptar eso bueno de ti, integrar pequeños detalles que te hagan estar bien y bajar el ritmo”.

 

CARACTERÍSTICAS | En su libro El Poder de la sensibilidad, Kathrin desvela detalles de estas personas e imparte consejos para ayudarlas a que el entorno no las devore. “Mi sistema neurosensorial es más fino que el de la mayoría de la gente… Soy extremadamente sensible a estímulos externos e internos. Hay diferentes grados, en mi caso, mi alta sensibilidad marca mi vida. Lo siento todo más intensamente: no debería ser malo, pero tiene inconvenientes para vivir en sociedad”.

Escribí “El Poder de la sensibilidad” para ayudar a que los adultos también puedan identificar a los niños PAS y sobre todo en las escuelas, se los proteja de burlas que les dañan, o para que no sean diagnosticados con otras patologías, y medicados por TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad), ya que quizá sean demasiado sensibles y el entorno les turbe y se aíslen”.

En su búsqueda personal, fue que se encontró en 2008 con el libro de Elaine Aron, y al leerlo, se dijo “¡Todo eso me pasa a mí! Y esto cambió mi vida. Fui consciente de lo que me pasaba, pude entenderme y aceptarme”.

Ser altamente sensibles, explica, es congénito, ya se nace así, es un modo de ser, “su don es un rasgo, no una enfermedad. Por ello, dice Kathrin que “aprender a atender la necesidades propias antes que las ajenas, buscar un momento diario para desconectar y equilibrarse interiormente, practicar yoga, meditación, técnicas de relajación y respiración, llevar una vida ordenada y tranquila, saber decir no,  tolerar la frustración, gestionar el estrés, son estrategias que mejorarán la calidad de vida de estas personas premiadas con ese don de percibir la vida más intensamente que el resto de las personas y este maravilloso rasgo de personalidad es una pieza fundamental para mejorar la sociedad en la que vivimos”, asegura , Kathrin.

Por Yudith Píriz

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