Sociedad

Paraje Buschental: entre rotundos fracasos y nuevas iniciativas

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Día atrás un colega de la capital departamental consultó a este cronista respecto a si había algo nuevo en relación a los accesos al río San José en el Paraje Buschental y de verdad no había mucho aporte para hacerle, más allá de comentarle que el acceso es mediante pago y que hay un litigio legal sin final a la vista por el acceso libre. Ello llevó a que recordara que una visita a la zona había quedado pendiente en 2018, por lo cual, aprovechando el estío y el hastío del verano en la ciudad, La Semana llegó hasta allí para, de primera mano, conocer las condiciones de acceso al histórico espacio público, que tantas polémicas ha generado.

REPASO | Como la mayoría de los lectores saben, los predios más cercanos al río en los que se ubica la vieja casona de Rincón de Buschental, son propiedad del empresario, además de ex presidente de la Cooperativa de la Seguridad Social de Ahorro y Crédito (COSSAC) y ex dirigente político, Julio César Talamás.

Durante los años en que la casona de Buschental fue salón de fiestas (recordadas son las comidas que organizaba COSSAC para sus socios allí), no se permitió el acceso a privados al río, pero con el paso del tiempo y el incremento de las presiones sociales, Talamás -junto a su asociado, el fallecido en un confuso hecho Eduardo Álvarez-, pretendieron transformarlo en un centro turístico de alto nivel, con acceso pago.

El proyecto no fue exitoso -así lo atestigua el parador que se construyó a metros del río, hoy casi abandonado-, pero igualmente se continuó con el criterio de cobrar el acceso.

Como el lugar no prosperaba hubo acercamiento de Talamás con vecinos de Libertad interesados en los deportes naúticos y se generó una especie de Club Naútico, que también quiso promover un proyecto para mejor explotar ese rincón privilegiado, que los más veteranos recuerdan como un lugar de reunión y disfrute para las familias que no podían irse lejos a veranear (esto ocurrió entre los años 50 y avanzados los 80 del siglo pasado). Pero este proyecto no funcionó tampoco, por diferencias entre el propietario y ese grupo de vecinos.

Otro intento de mejorar el sitio lo encabezó una organización no gubernamental montevideana, que contó con el respaldo del Municipio de Libertad, pero nuevamente surgieron las diferencias con Talamás y también quedó también en la nada.

ENCARGADO | Hasta allí lo sabido o escuchado hasta ahora, por eso partimos rumbo a saber qué está pasando hoy. Al llegar a la casona, se la ve bastante deteriorada desde afuera y uno se topa con la tranquera cerrada, un “chiringuito” de madera, abandonado (donde se suponía que estaría el recepcionista que controlaría el acceso de los cientos o miles de visitantes que esperaban Talamás y Álvarez en su proyecto), una bandera bastante venida a menos que dice “Paraje Buschental” y un cartel artesanal (con pinta de ser más reciente), en el que figura un número de teléfono.

Al segundo intento de contacto, responde Saúl Romasso, quien se identifica como el actual encargado del acceso al río, quien de inmediato da su permiso para el ingreso hasta allí, pero el cronista insiste en un diálogo personal con él y Romasso accede, pero para ello hay que “pegar la vuelta”, porque vive unos cientos de metros más alejado del río (como viniendo para Libertad, vio), en una casa en la que habita con su esposa y sus tres hijos.

Sorprende encontrar gente joven en el campo. Con pinta de tener unos 30 o alguno más, Saúl es tropillero y su vinculación con Julio César Talamás nace de su propia necesidad de espacio para dar de pastar a sus animales. Lo primero que aclara, antes de hablar, es que a él no le importan los litigios legales y los problemas del pasado. Dice Romasso que lo único le interesa es que Buschental sea un buen lugar para que, quien quiera descanso y tranquilidad, pueda ir allí.

Defiende el cobro de un canon para ingresar al río. “Hay que pagar una cuota para mantener la infraestructura, el camino, el césped. Son 100 pesos por persona por día, nadie se ha quejado, los que se han quejado es de llenos, porque han estado hasta 15 días allí”, declara Romasso.

“Acá hay mucha tranquilidad y a la gente que la busca, no le importa si tiene que pagar 1000 pesos por día. Si alguien va a una playa para despejarse debe pagar, entonces acá también lo tiene que hacer”, dice. Él y su familia se hacen cargo de ese mantenimiento que mencionaba antes Romasso, con los fondos que logran al cobrar el acceso que, por supuesto, no alcanzan para mucho.

Sobre su relación con Julio César Talamás dijo que lo conoció “como vecino, vi que tenía problemas con el campo y hablé con él. Empezamos a conversar, nos reunimos, entramos en confianza y llegamos a un acuerdo para que le cuidara esto, con el objetivo de sacarlo adelante”.

La pareja se hace cargo del mantenimiento de la Casona también, que es poco visitada por su propietario y que ya no tiene fiestas privadas como las que se organizaban otrora allí. En opinión de Romasso, no se hacen fiestas porque el alquiler es alto y no brinda los servicios necesarios.

Opina Romasso que “hay muchos obstáculos, muchos palos en la rueda”, para que el lugar se desarrolle, pero agradece a su vez el respaldo que recibe de mucha otra gente con la cual pretende desarrollar varios proyectos. Aclara que fondos para hacerlos no hay y apelará a la inventiva.

Contó que en algún momento realizó una experiencia vinculada a cabalgatas familiares “y anduvieron muy bien” y hacia ese tipo de iniciativas apunta Romasso. Combinar la tranquilidad del río con el turismo rural. Quiere tener un espacio en que ubicar cabras y también que la gente de ciudad, sepa lo que es el campo. “Hace poco vino gente de Maldonado y vieron que mis hijos de 5 o 6 años estaban ordeñando una vaca, cuando sus hijos tenían 12 o 13 años y apenas habían visto una vaca. Quiero que vean esas cosas”, cuenta Romasso.

“Quiero que la gente venga, pase bien, que lleguen a tomar mate o a pasar el día y que vean otras cosas”, añade Romasso, narrando los sueños que tiene para Paraje Buschental.

Hoy, cuenta, “llega cualquier tipo de gente y nadie se queja por pagar, los fines de semana está lleno, aunque entre semana también hay alguna gente”, dice y promete enviar fotos cuando el paraje esté lleno de gente.

EL LUGAR | Acceder al río sigue siendo la misma odisea que hace 30 o más años atrás (los recuerdos del cronista llegan hasta los años 80 del siglo pasado), un camino demasiado angosto, barroso, con grandes pozos y curvas que se vuelven peligrosas por las condiciones generales de acceso.

La costa parece inalterada, a no ser por la mole llamada parador, cuyo estado es testigo del abandono. Rejas despintadas, un par de sillas de plástico tiradas afuera, más sillas y colchones apilados en las habitaciones superiores (donde alguna vez supieron estar reconocidas modelos argentinas, rodeando a los exitosos empresarios que iniciaban el frustrado proyecto turístico).

Unas cuantas churrasqueras pequeñas en los alrededores, una casita que desde hace decenios está allí y el río, con sus ruidos y sus silencios, siendo testigo fiel de los innumerables momentos por los que ha pasado Paraje Buschental a lo largo del tiempo.

En una de las churrasqueras, hay una montañita de latas de cerveza y uno se pregunta si es necesario que se genere un nuevo “polo turístico”, donde los humanos -bichos sucios, si los hay-, dejemos nuestro rastro y desechos. En una de esas, Paraje Buschental, deba quedar como está y no hacer de él un lugar para destruir. Es una pregunta que queda planteada.

Por Javier Perdomo.

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