Sociedad

Bióloga Graciela Piñeiro y su visión sobre el «mercado» del agua

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Son muchos los expertos que cuestionan las políticas que viene instrumentando el Estado respecto a los usos del agua en Uruguay, en particular a su empleo en las actividades agropecuarias, a partir de la reforma e instrumentación de la llamada “ley de riego”.

Tal vez este tema siga pareciéndole como un tema ambiental más y por eso quizás poco se lo atiende como debería. Esto quizá suceda debido a que pocas décadas atrás, todo uruguayo se jactaba de vivir en un país rico en agua, tanto en cantidad como calidad.

En muchos textos de fines del siglo pasado, se solía expresar una frase que quedó grabada en muchos uruguayos: “Uruguay cuenta con una rica y abundante red hidrográfica”. De todas formas, existían hechos que auguraban algún conflicto a no muy largo plazo, con el agua en esta esquina del Plata.

Aquello de que se valora algo cuando se lo pierde, puede ajustarse en estos casos. Por estas regiones -Uruuguay, Argentina, Brasil-, aún no se valoraba lo que en otros lugares del planeta, era ya un tesoro a cuidar y proteger. La abundancia de cursos de agua recorriendo el pequeño país, marcaba desde tiempos pasados, la diferencia con respecto a lo que sucedía en lugares donde el agua además de escasa, estaba siendo altamente contaminada, lo que no permitía el consumo humano.

En Uruguay, el conflicto con respecto al agua está centrado en la racionalización y/o privatización del recurso. Ante la planteada discusión acerca si la modificación a la ya existente Ley de Riego es beneficiosa o no para el país, La Semana realizará de ahora en más, un aporte a la discusión exponiendo las visiones de distintos actores.

ENTREVISTA | Una de esas visiones es la de la doctora Graciela Piñeiro, que es paleontóloga, y ejerce como docente de esta disciplina así como desde la Cátedra de Biología, en la Facultad de Ciencias, además de desempeñarse como Investigadora en esa facultad. En 2017 recibió el Premio Nacional a la Excelencia Ciudadana y Ciudadano de Oro, por el Centro Latinoamericano de Desarrollo (CELADE). He aquí sus respuestas a nuestras consultas.

L.S.: ¿A que se debe el conflicto del agua en un país aún, con abundancia de este recurso?

G.P.: El déficit hídrico que tenemos hoy ocurre porque gastamos más de lo que debíamos guardar para evitar un desequilibrio. Es lógico que el pequeño territorio uruguayo no pueda soportar las mismas presiones en su régimen hídrico que por ejemplo Argentina o Brasil. Aun así, estos dos gigantes experimentan problemas de abastecimiento de agua en algunas provincias muy castigadas por el monocultivo, la minería y la forestación, recurriéndose al represamiento de los cursos superficiales en sus nacientes, lo cual es muy perjudicial para el mantenimiento de su dinámica.

L.S.: ¿Cómo se llega al actual conflicto del agua en Uruguay?

G.P.: Uruguay comenzó este sistema de producción enajenante de los recursos de agua más tarde que Argentina e incluso que Brasil, pero en pocos años, los efectos son muy evidentes: cañadas y pequeños arroyos que han virtualmente desaparecido y la mayoría de las cuencas con signos severos de contaminación por exceso de pesticidas y de fertilizantes.

L.S.: El peso que tienen hoy los grandes empresarios del campo es una realidad. ¿El Estado uruguayo no tiene incidencia o fuerza frente a la producción transgénica de estos grandes productores tanto uruguayos como extranjeros?

G.P.: Es totalmente comprobado que la contaminación del agua, del suelo y en general de la mayoría de nuestros alimentos se debe mayoritariamente al cambio en la matriz productiva que experimentó el Uruguay a partir del año 2000, pero que se ha incrementado sustancialmente en estos últimos 15 años. Otros proyectos como la forestación, cuyos efectos han sido menos estudiados, también inciden en la profundización del déficit hídrico. El gobierno tiene responsabilidad en cuanto al camino por el cual decide llevar al país, por supuesto, pero hay que decir que en usufructo de un sistema democrático, todos los partidos políticos tienen la potestad de expresar una eventual disconformidad en las cámaras o en los ámbitos correspondientes, pero no es lo que se ha observado”.

L.S.: ¿Por qué cree que el Estado no controla adecuadamente el uso de agrotóxicos? ¿Qué pasa con la producción orgánica, existe apoyo e intereses reales por parte de los actores políticos a este tipo de emprendimientos?

G.P.: La mayoría del poder político, ya sea por interés, o por desconocimiento de sus efectos, apoyan el agronegocio basado en el cultivo de organismos genéticamente modificados y las aplicaciones de productos fitosanitarios tóxicos como la mejor forma de forjar un crecimiento económico para el país. No obstante, no puede haber desconocimiento por parte del poder político de que este sistema de producción no es compatible con la producción orgánica en un país de reducido territorio como el nuestro. Entonces, existe como una especie de gobierno de facto ejercido por las corporaciones que regulan el agronegocio en desmedro de los pequeños y medianos productores de alimentos, incluida la producción de miel.

A estos últimos, se les torna difícil mantener sana su producción si, por ejemplo, a menos de 400 metros se fumiga continuamente un enorme campo de soja GM, para lo cual se utiliza el agua con la que el productor orgánico siempre regó sus cultivos. Es obvio que el agua va a escasear para el orgánico porque además, la que deja el productor sojero en general está contaminada. Este es solo un breve panorama que muestra la desigualdad de condiciones bajo las que se emprenden los dos tipos de producción hoy en el Uruguay.

L.S.: ¿Qué puede decir respecto a la producción ganadera y el agua?

G.P.: La ganadería de mediano alcance hoy ha cambiado, los animales se alimentan con fardos de soja y otros productos GM; se utilizan muchos más medicamentos para mantenerlos “sanos” y en muchos establecimientos se los encierra para engorde en los llamados feedlots. Esos animales reciben comida y agua que ha sido regada por la avioneta que aplica productos fitosanitarios. Por esta misma razón, los tambos están permanentemente con problemas económicos, tan graves que a muchos se les está haciendo difícil mantenerse productivos.
Los productos -en mi concepto y en el de mucha gente-, ya no mantienen la calidad de aquellos que los uruguayos estábamos acostumbrados a consumir, con lo cual, la pérdida es para el productor y también para los consumidores. El resultado es cada vez menos productores orgánicos tradicionales en el campo, cada vez más OGM y pesticidas tóxicos, cada vez menos agua, y cada vez más cuencas contaminadas. Es obvio que este sistema a mediano o largo plazo, nos dejará un Uruguay con tierras improductivas, con menos agua y con excesiva contaminación.

L.S- ¿Cómo es la situación del agua de OSE? La población ha optado por el agua embotellada, ¿cree que la calidad de este tipo de aguas es superior, es realmente más saludable que el agua de la canilla?

G.P.: Intuyo que la situación de OSE debe ser de las más complejas que le ha tocado vivir. Es indudable que la empresa se esfuerza por brindar a la gente un agua de consumo saludable, pero si la fuente de donde extrae el recurso no se mantiene en las condiciones adecuadas, es posible que la calidad que pretende brindar decaiga. Mucha gente en mi entorno me ha comentado que el agua de la canilla tiene mal sabor y que le produce problemas digestivos, sobre todo aquellos que consumen mucha agua con el mate. Muchos han optado por comprar agua embotellada, afrontando el consiguiente gasto extra en su presupuesto y han tenido cierto alivio. Otros, en cambio optan por colocar un filtro en la canilla y beben esa agua de OSE, pero sin el cloro ni partículas indeseadas. Pero lamentablemente, son muchos los vecinos que no pueden acceder a los filtros o comprar a diario una botella de agua; esos vecinos deben dejar el agua estancar en un recipiente en la noche y tomarla al otro día para que se libere el cloro y pueda ser mejor aceptada por el organismo.

L.S.: ¿Cree que de todas formas, sí pueden darse algunas posibles soluciones en cuanto a la alta contaminación del agua que llega a los hogares?

G.P.: OSE podría aplicar un sistema de purificación del agua que no utilice tanto cloro, si pasara el agua bruta a través de membranas de bentonita y zeolita. La bentonita y la zeolita son cenizas volcánicas fósiles de muchos millones de años que han sufrido distintos procesos de compactación diagenética para transformarse en rocas arcillosas. Las arcillas tienen la propiedad de adsorber las partículas por lo que si el agua pasa a través de ellas se purifica. Esas rocas son abundantes en Uruguay, existen yacimientos importantes en los alrededores de Bañados de Medina, Cerro Largo, y habría materia prima para hacer membranas y otros productos para más de 30 años. Eso significa que su costo sería muy bajo, no habría que importarla ni pagarla a precios tan altos como el cloro y los demás implementos que usa hoy la OSE para purificar el agua. Las membranas incluso se pueden limpiar y no hay necesidad de cambiarlas con frecuencia.

Asimismo, existe una cooperativa de vecinos radicados en la zona de afloramientos de las bentonitas y zeolitas que está esperando la decisión del ente estatal para comenzar los trámites para las instalaciones y ponerse a trabajar en la confección de las membranas, con lo cual, este proyecto daría trabajo a gente que hoy vive en una zona bastante deprimida desde el punto de vista de las oportunidades laborales. Estas rocas tienen además innumerables aplicaciones, por lo cual, Uruguay podría sacar provecho de una materia prima que hoy, aunque resulte poco creíble, se la están llevando en bruto para Brasil.

L.S.: ¿Además de esos cambios que me menciona que OSE debería hacer, para soluciones de fondo, el Uruguay debería cambiar su matriz productiva?

G.P.: Claro que la calidad del agua de OSE mejoraría sustancialmente con el retroceso del monocultivo transgénico y el control muy estricto de las actividades mineras y de la forestación, pero es algo que se ve muy lejano en el espectro futuro de la actividad productiva del país.

L.S.: ¿Ley de Riego sí o no? ¿Por qué? ¿Qué objetivos se buscan con su aplicación? ¿Se está priorizando la correcta distribución del agua o se está atendiendo sólo a intereses privados?

G.P.: Hay que decir que Uruguay ya tenía una ley de riego, impuesta en 2009, y desde ese entonces el acopio de agua para riego o como abrevadero de los animales es una actividad común en el campo. ¿Qué se pretende cambiar ahora con esta modificación? Establecer el riego multipredial y el cobro de un canon, o sea, si quieren agua, los productores deben pagar por ella. Los defensores de la ley alegan que el agua es del Estado y por tanto de los uruguayos. Entonces la pregunta que surge es por qué los uruguayos deberán pagar por el agua que consumen por concepto de riego, si este se realiza de manera sustentable.

El tema aquí, que no se menciona, es que muchos de los campos sembrados con organismos genéticamente modificados son propiedad de extranjeros, o son campos arrendados por extranjeros. Entonces, considerando el inmenso volumen de agua que gasta esta forma de producción, lo resolvemos cobrándoles el agua que gastan y nos quedamos contentos con la recaudación, sin pensar que estamos resignando la fracción del recurso que le corresponde a las generaciones futuras de ciudadanos uruguayos”.

L.S. ¿Porqué cree que esta ley terminará hipotecando el suministro de agua a las nuevas generaciones?

G.P.: Porque desde el punto de vista ambiental, esta modificación agravará la situación de los cursos de agua, porque para asegurar un riego por el cual se ha cobrado un precio, los represamientos se incrementarán y si se realizan en las zonas de las cabeceras, como existen casos, toda la integridad ecológica del río se afectará y disminuirá paulatinamente su caudal a lo largo de su recorrido. Estos micro represamientos se realizan sin ningún control ambiental, nadie sabe a ciencia cierta cuántas especies asociadas al ecosistema serán afectadas y de qué manera, y no parece haber una conciencia política en torno a esta problemática, dado que todos los sectores que apoyan esta modificación de la ley, no tuvieron siquiera la deferencia de atender los alertas extendidos desde la Facultad de Ciencias por los expertos que han estudiado esos temas específicamente”.

L.S.: ¿Con esta ley estamos ante un retroceso ambiental, en lo que respecta a la calidad del agua? Si fuera así, ¿hay alternativas?
G.P.: Si el Uruguay quiere verdaderamente cuidar el recurso agua, por el cual hemos sido un país envidiado por el resto del mundo, deberá repensar el sistema productivo y cambiarlo por uno acorde a la caracterización fisiográfica de sus cuencas hídricas y a la distribución de sus mejores tierras. Este plan obviamente es diametralmente opuesto a lo que pregona la modificación de la ley de riego, que constituye en sí, una mercantilización del recurso agua.

L.S.: ¿Desde la ciencia, existen otras mecanismos para hacer frente a este grave problema?

G.P.: En el análisis sobre esta modificación a la ley de riego habría que estudiar la incidencia de la geoingeniería climática (modificación del tiempo meteorológico mediante siembra de nubes o destrucción de frentes de tormentas) para poder mantener los embalses con los niveles de agua adecuados a las necesidades del riego.

Existen otros países latinoamericanos que aplican técnicas de geoingeniería en el control de las condiciones meteorológicas. Uruguay no está entre ellos o al menos no estaba hasta el año pasado, pero si están nuestros vecinos Argentina y Brasil y sus acciones en este aspecto podrían afectar indirectamente nuestro territorio. Estas prácticas podrían inundar un área en desmedro de producir sequía en otra, con la consiguiente afectación a los cultivos que se intenta proteger con esta modificación de la ley de riego. Por tanto, la producción que no esté en la égida del negocio del agua no solo experimentará déficit hídrico por represamiento de los cursos de agua, excesivo riego y contaminación con agroquímicos, sino que también es posible que deba soportar condiciones meteorológicas extremas y otras inusuales en tiempo e intensidad, que sin duda afectarán cualquier cultivo que no esté modificado para ser resistente a esas adversidades.

 

Por Yudith Píriz.

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