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Elucubraciones semanales, edición 27/04/2021: «La gente es un peligro»

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Permítame anunciarle que acá está comenzando una nueva edición elucubradora y a su vez advertirle que si usted está dispuesta/o a continuar leyendo los siguientes párrafos, se atiene a seguir los desvaríos de una mente sin control, de la cual pueden surgir pensamientos políticamente incorrectos y expresiones poco convencionales. Es que si uno deja que la cabeza galope sola, las consecuencias pueden ser impredecibles, así que con todas las incertidumbres de este tiempo pandémico, comienza la última columna del mes de abril del año 21.

Qué nivel de alteración de la rutina que tenemos, pensaba antes de iniciar este camino semanal. Ocurría esto al darme cuenta que una de las clásicas informaciones que transmitía en una última edición del mes de abril en mi rol de periodista (acá soy sólo un elucubrador), era relacionada a lo qué iba a pasar con el primero de mayo, informaba sobre cómo los sindicatos del departamento iban a estar movilizándose en esa fecha emblemática en la lucha por sus derechos, pero tanto el año pasado como en este, la desmovilización marcará esa fecha, por más que los dirigentes sindicales -y también los periodistas-, nos esforcemos para que no pase desapercibida y se canalice la actividad popular con brigadas que saldrán por los barrios a reunir firmas contra la LUC.

En esta ocasión no es un régimen despótico el que impide la movilización ciudadana, es una enfermedad pandémica la que lo logra. Una pandemia que sin embargo, está volviendo a los hombres (usado genéricamente el término, aunque se me pueda enojar alguna lectora), más déspotas que nunca y por ello aplauden y piden la aplicación de normas cada vez más duras, que recortan derechos inalienables en nombre de la salud pública.

Vea, en estos días, se vivió en el Parlamento nacional un hecho que me pareció ciertamente insólito: el partido militarista Cabildo Abierto fue más “blando” que blancos y colorados al decirles, “muchachos, se les está yendo un poco la mano con esto de la represión”. Aunque usted no lo crea, sí, a Cabildo Abierto le pareció demasiado lo que discuten los legisladores en estos días.

Le explico, resulta que los partidos tradicionales (que frente a las cámaras de la tevé se rasgan las vestiduras diciendo que jamás promoverían toques de queda y medidas prontas de seguridad), promueven una ley que instaura el delito de peligro, quieren mandar a la cárcel a la gente por violar las normas sanitarias; por ejemplo se podría dar que ocurriera por no andar con tapabocas en un centro comercial o porque alguien salió a la calle sin conocer el resultado de un hisopado. Los cabildantes, que en principio habían votado la norma en Diputados, en Senadores la revisaron y dijeron a sus socios coaligados que no quieren darle un cheque en blanco al Ejecutivo para determinar qué es y qué no es un delito.

Claro, no es que los cabildantes no estén de acuerdo con que exista una norma de ese tipo, no concuerdan con la discrecionalidad que se le otorga al Ejecutivo para determinar cuándo hay o no delito, pero el espíritu de la iniciativa es compartido por todos; están dispuestos a mandar en cana a la gente por las dudas.

¿Sabe lo que me representa una norma de esas? Es como si al encargado de una parrillada lo mandan en cana porque al tener una cuchilla en la mano, pueden venirle ganas de matar a alguno de sus comensales. O que a un carpintero lo encierren por amenazar la integridad de las personas al andar con un martillo en la mano ¿Verdad que es absurdo? Pues bueno, eso es lo que habilita este delito de peligro, que por la sola posibilidad de cometer una falta, te puedan sancionar.

¡Imagínese el caos que se va a generar en los juzgados! Pero a los legisladores eso no les interesa, lo que les preocupa es hacer como que están protegiendo a los ciudadanos, cuando en realidad lo que hacen es limitar sus derechos.

Usted más o menos sabe que en las elucubraciones vimos que la mano venía jodida desde el principio con esto de la pandemia y recuerda que este escriba de pueblo no se sumó a ningún coro antipandémico -cuando era la postura más fácil y que podía caer más simpática-, pero tampoco puedo aceptar que se plantee que la culpa siempre la tiene la gente y que eso sirva de excusa para limitar libertades en procura de una falsa sensación de seguridad, basada en el orden, la disciplina y el estricto control policíaco de la sociedad, como ha hecho la coalición gobernante, que se refleja en proyectos de ley como el que le comento. Ir por este camino represivo es erróneo, como lo es en todos los ámbitos de la sociedad (algo que también se ha dicho acá).

Mire, cuando en alguna faceta de mi vida (empresarial, periodística, filial, en materia de amistades), las cosas no salen bien, tiendo a preguntarme qué es lo que estoy haciendo mal para que las cosas no se den como quiero; trato de examinarme, revisarme y a partir de allí sacar conclusiones para cambiar lo que esté mal y reafirmar los puntos fuertes.

En materia gubernativa entiendo que no debería ser de otra forma, sin embargo en el Uruguay de este 2021 el gobierno responsabiliza a la gente de todo lo que no ha logrado comunicar bien y este proyecto de ley punitivo es una demostración del fracaso de una política de comunicación gubernamental que no advirtió bien sobre lo mortífero que era el coronavirus ni sobre la importancia de los cuidados personales para combatirla, dedicándose el Presidente a “cancherear” frente a las cámaras mientras los datos anduvieron bien y desapareciendo de escena una vez que los números de contagiados fueron subiendo a niveles de récords en el mundo.

Ahora, cuando las cartas están jugadas, los legisladores de la coalición gobernante apuestan a la represión para que la gente se cuide, cuando de verdad la gente (suena demasiado abstracto eso de “la gente”), hace rato que tiene claro cómo cuidarse y cada día se cuida más, se aísla y toma todas las precauciones a su alcance para cuidarse. Claro, después tiene que salir a trabajar, si por eso los vamos a procesar por peligrosos, estamos en problemas.

Expresiones del absurdo de la pandemia de la cual vamos a salir menos libres y más temerosos de todo, incluso del cambio, que es el motor que debe mover el mundo.

Antes de cerrar, quiero dejar asentada mi protesta por el encarcelamiento y posterior condena de los integrantes de la “Caravana de la Verdad” en Maldonado. En las antípodas del doctor Javier Sciuto y sus socios estoy respecto a sus posiciones sobre la pandemia, pero rechazo que sean penados con tanta severidad por transmitir su pensamiento. Afectar el derecho de reunión es otro de los absurdos de la campaña anti pandémica, pero eso ya se ha mencionado en otras instancias elucubradoras y va quedando poco espacio como para reiterarse. Solo era necesario decir que no es así como se va a contener la pandemia.

¿Queda algo más para decir? Por suerte siempre queda algo más en el tintero y es por eso que está invitada/o a volver en siete días para que juntos entremos en el mes de mayo y sigamos elucubrando de cómo le va al mundo, al paisito y a la comarca, llegado el caso. Hasta entonces.

Por Javier Perdomo.

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