Elucubraciones

Elucubraciones semanales: «La censura no existe»

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Amordazado, condicionado y vigilado, el escriba de pueblo comienza una nueva edición elucubradora, consciente de que el regreso a oscuros tiempos amenaza al periodismo. En la columna elucubradora se sigue diciendo lo que se le canta a su autor y no hay ley que pueda cambiar eso. Tampoco es que se nos dé por subvertir el orden social a diario, pero igual, siempre intentamos incomodar, porque como ya le dije alguna vez, aquello que no incomoda a alguien, no es noticia, son relaciones públicas. Si le parece, vamos entrando en tema.

Sabe, pensando en ese disparate que votaron los senadores oficialistas para dejar conformes a los cabildantes que quieren moldear (aun más), el pensamiento de los medios de comunicación audiovisuales, recordé al intérprete argentino Juan Carlos Baglietto -rosarino para más datos-, cuando en los primeros años 80, en la etapa final de las dictaduras argentina y uruguaya cantaba “La censura no existe”. Era una canción cortita, decía, “La censura no existe mi amor, la censura no existe, la censura no, la censura, la” y allí terminaba la letra.

Por supuesto que era una canción de denuncia, porque así como los regímenes dictatoriales prohíben la disidencia, el ingenio, la picardía y la profundidad de la poética, permitía a los artistas denunciar sin ser encarcelados, golpeados, perseguidos o vaya a saber qué. Uno espera no tener que vivenciar épocas similares (al escriba todo esto le fue llegando por terceros, ya que en dictadura era apenas un niño que no sabía que vivía en dictadura), uno espera que estemos ante los estertores desesperados del reverdecer reaccionario que significó la aparición de Cabildo Abierto en la política uruguaya en la elección de 2019.

Disculpe que haya entrado en tema casi sin explicarle de qué viene la mano, pasa que uno a veces se olvida que la gente no está atenta a estas cosas. Le cuento: los 16 senadores de la coalición multicolor acaban de votar de forma express la nueva “ley de medios” (el entrecomillado es porque no es el nombre formal), con la que habían insistido durante todo el período pero que no era aprobada porque no se ponían de acuerdo entre ellos.

Más allá de la forma en qué fue votada la ley -sin que la oposición conociera el texto y sin pasar por la comisión respectiva-, su contenido es jodido: abren todo el mercado de las telecomunicaciones, incluida la fibra óptica, al capital privado internacional. Desmantelan el monopolio de Antel de a pedacitos y permiten la concentración de medios en pocas manos. Es decir, no aceptan que el Estado tenga empresas exitosas y por eso las van horadando para que el capital privado las arrase. En el fondo, buscan cambiar el monopolio público por el privado.

Pero a eso que ya es negativo, le sumaron a último momento, un articulito, el 72, que fue una imposición de los cabildantes, que refleja el espíritu del proyecto presentado por el partido militar hace un tiempo atrás y que fue ridiculizado por los periodistas serios del país, porque parecía una locura imposible de aplicar.

Bueno, esa ridiculez está sintetizada en el artículo 72 de la novel ley, que dice que los servicios que regula la norma “tienen el deber de brindar a los ciudadanos información, análisis, opiniones, comentarios y valoraciones de manera completa, imparcial, seria, rigurosa, plural y equilibrada entre los actores políticos y respecto a los mismos”. La obligación incluye a “programas y espacios que emitan análisis, opiniones, comentarios, valoraciones e información de carácter político en el sentido más amplio del término, incluyendo contenidos de alcance gubernativo, parlamentario, legislativo, administrativo, partidario, jurídico, académico y electoral”.

Disculpe usted que haga un recorte y pegue tan largo, algo no habitual en esta columna, pero es necesario ser precisos con cada término usado, porque ayuda a dar cuenta de lo ridículo del artículo.

Imparcialidad, seriedad, rigurosidad, pluralidad y equilibrio, exige. ¿Quién mide todo eso? ¿Quién dirá si se es o no equilibrado? ¿En base a qué parámetros? ¿Quién va a fijar los criterios de imparcialidad? ¿Qué es ser imparcial? ¿Cuándo no se es riguroso? ¿Cómo medimos la pluralidad? ¿Qué sanciones, en base a qué criterios se aplicarán? ¿Quién dice que mañana no se les ocurra regular también la imparcialidad, la rigurosidad, la pluralidad y el equilibro de los medios escritos? Bueno, esas son solo algunas de las preguntas que se presentan, pero hay muchas más que a usted se le pueden estar ocurriendo.

Lo gracioso es que ahora no hay nadie que dé respuestas, porque ahora que fue votada la ley, ese artículo no lo defiende nadie. Se pasan la pelota, que bueno, que no hay que tomarlo tan literal, que es declarativo y al final no se va a aplicar, que no hay quién controle, que no habrá sanciones. Entonces, ¿Para qué dejarlo estampado en una ley? Si no se va a aplicar, que lo saquen o sencillamente que no lo hubieran puesto. Pero además, ¿Quién garantiza  que mañana no venga un loco desquiciado y quiera de verdad controlar según lo planteado por la ley? Nadie, por eso es mejor que no exista.

Ya hay diputados oficialistas que le piden al Presidente que vete el artículo, porque resulta que el proyecto -sigue siendo eso-, debe volver a Diputados y solo será aprobado definitivamente si esa cámara acepta los cambios que los senadores le introdujeron al texto aprobado por ellos inicialmente. Claro, si Diputados llega a hacer algún cambio a lo ya cambiado en el Senado, se arma terrible lío y debe llamarse a Asamblea General. Esto, por supuesto lleva su tiempo y los coaligados ya no tienen tiempo, la actividad parlamentaria los distrae de la campaña y es difícil que concurran a las sesiones a las que se llama. La más fácil es decirle al Presidente que vete ese artículo y se sacan el fardo de arriba, dejándole a nuestro “Luis” la tarea de pelearse con Manini.

Pero bueno, esos son problemas de ellos, lo cierto es que lo más lógico sería que encontraran la forma de dar marcha atrás contra esta regulación absurda, impracticable en los hechos y lesionadora del derecho a la libertad de opinión que por el solo hecho de ser personas, tienen cada uno de los periodistas del país.

Mayo es el mes de la memoria en Uruguay y el lunes 20, decenas de miles -quizás centenares de miles-, marcharon por las más diversas localidades del país por memoria y justicia. Estas marchas son consecuencia de un tiempo en que hubo militares y civiles que se creyeron con el derecho de decir lo que se debía pensar y por eso quienes no pensaban como ellos eran eliminados, irradiados, pisoteados. Todo comenzó limitando la libertad de expresión en democracia y terminaron prohibiendo todo, hasta la idea de disentir.

Le costó 11 años al país salir del oscurantismo. Y le insisto, todo empezó cercenando la libertad de pensar distinto por parte de las autoridades de turno. Esperemos que el artículo 72 sea solo una última imposición del partido militar a los sectores democráticos de los partidos tradicionales y que en las elecciones, la gente los devuelva a la periferia de la política nacional.

Dichas estas cosas y antes que la auto censura haga su trabajo, la columna elucubradora comienza a tener su final. En siete días seguiremos poniéndonos a tono con lo que ocurre en la comarca y más allá también. Es lo que tiene este espacio, se mete con lo que se le ponga adelante. Hasta entonces.

Imagen ilustrativa tomada de la web.

Por Javier Perdomo.

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