Elucubraciones

Elucubraciones semanales, edición 31/08/2022: «De la vida, la fotografía y otros pasaportes»

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Con los bolsillos agotados llegamos al final de agosto, deseando que eso que le llaman primavera se instale al ingresar el noveno mes del año. Eso son las elucubraciones semanales, un mundo de deseos por cumplir, en el cual su autor se pierde al irlos estampando sobre el papel. Si le parece bien, cuando haya llegado el momento de poner el punto y aparte a este párrafo inicial, es que estaremos comenzando el recorrido semanal al que le tiene acostumbrado este insignificante escriba de pueblo. Veamos qué sale.

Antes que nada, debo hacer mención a una omisión ocurrida en la pasada edición del medio que nos sostiene y que quizás importe en particular a los libertenses (aunque siempre me las ingenio para interesar a todos). Me refiero al fallecimiento del fotógrafo Eric Sellanes, sobre el que nada se mencionó hace siete días atrás, cuando recién había ocurrido el deceso.

No se puede decir que de adulto tuviera una relación fluida con este vecino, pero sí lo recuerdo -como lo recuerdan generaciones enteras de libertenses-, en todas las fiestas escolares de la ciudad y de localidades cercanas, ofreciendo su trabajo a los orgullosos padres que concurrían a presenciar los eventos en que niñas y niños eran los principales protagonistas. Seguro que muchos tendrán una foto por él sacada en alguna de esas reuniones públicas.

Hoy la fotografía de eventos está casi en desuso -aunque existen nuevos “Erics”, la suya ya no es una tarea tan atractiva en lo económico, como lo podía ser hace 40 o 50 años-, es que casi nadie considera necesario pagar por sacarse fotos en el acto cultural de la escuela; las sacan con sus celulares e incluso muchos, con sus propias máquinas fotográficas familiares (¡que además graban vídeos!), que llegan a módico precio a todos los hogares del nuevo milenio.

La que ejercía Sellanes, es otra de las tantas profesiones que de forma inexorable ha debido cambiar, transformarse a partir de los cambios tecnológicos. Todas aquellas tareas que no han desaparecido con la automatización, ya no se hacen como se hacían 25 años atrás (bueno, en verdad, no se hacen como se hacían hace un año atrás). La velocidad de los cambios es enorme y si no estamos dispuestos a acompañar esos cambios, seguro que quedaremos relegados.

De verdad que es una gran discusión interna que tengo y ya que estoy se la cuento. Hay momentos en los que me digo que no quiero más avances tecnológicos en mi vida, que no quiero nueva tecnología que asimilar, ya basta de tanta cosa nueva, porque al final, uno está siempre distraído en aprehender esas cosas y no tiene tiempo para dedicarse a lo que de verdad le importa, que en mi caso puede ser crear unos textos que es casi seguro que nadie leerá.

Por supuesto que la actividad laboral que desempeño exige que tenga una relativa actualización (es imposible utilizar y asimilar todos los recursos), y la llevo bastante bien, pero por momentos me agota tanta nueva tecnología por entender.

Disculpe usted que me fui metiendo en las callejuelas de mis solitarios pensamientos;  en principio sólo le quería hacer mención al fallecimiento de un vecino de Libertad, que por su profesión era conocido por mucha gente y al final terminé, como ocurre siempre que hay que darle forma a la columna elucubradora, yéndome por las ramas.

Seguro que usted estaba deseando que yo le saliera con toda una exposición sobre el pasaporte del caso Marset, pero dígame la verdad, qué de nuevo le puede aportar un escriba de pueblo sobre ese asunto. Además, usted bien sabe que esta columna tiene la costumbre de meterse con las cosas que puede manejar y sobre la guerra contra el consumo de cierto tipo de drogas y sus consecuencias (Marset sería una de ellas), tengo una postura en la que prefiero no ahondar demasiado, porque sé que genera rechazo y uno no es tan tonto como para querer que su mensaje caiga en saco roto.

Pero bueno, ya me está convenciendo, quizás le comente algo de la interpelación, algo muy breve, le voy avisando. Escuché parte de ella mientras se terminaba de cerrar la pasada edición de su periódico. Sí, se lo confieso, me aburrí y la saqué (además tenía aburrido al pobre diagramador, que quería ver un partido de fútbol). Parece que cuando empezó el intercambio de posturas entre los senadores tuvo algún momento interesante, pero con mucho respeto lo digo, Bergara no me parecía el adecuado para comandar la interpelación y al escuchar su argumentación inicial, lo confirmé. Por momentos me pareció monótona.

Pero más allá de eso que es bien discutible, me quedé preocupado con el comentario inicial de Heber. El Ministro, muy enfático, arrancó su intervención diciendo algo así como que se alegraba que Bergara no hubiera deslizado entre sus palabras la idea de que el sistema político uruguayo está influido por el narcotráfico porque en efecto no lo está. De ahí en más, fue y vino en su discurso, reiterando una y otra vez que el sistema político no está influido, intervenido, influenciado por el narcotráfico.

Lo decía de esa forma imperativa que tiene, eso de “yo soy el Ministro y tengo la verdad” que siempre le pone a sus dichos, pero usted y yo sabemos que la verdad es que no hay verdad definitiva, por eso no alcanza con sus palabras para estar tranquilos. Es más, tanta vehemencia en asegurarlo, me genera más dudas que certezas.

Por supuesto que no estoy afirmando lo otro, porque no tengo pruebas para hacerlo, simplemente pregunto, por qué esa necesidad de reafirmar y reafirmar que no influyen. Parece ingenuo diciendo eso, cuando como Ministro debe saber que son diversas las formas en que el narcotráfico influye en la sociedad y que de la mayoría de ellas no nos damos cuenta. Por eso nadie puede asegurar tan suelto de cuerpo que no hay influencias, al menos eso me parece a mí, que no soy nadie y a quien nadie perdería el tiempo intentando influirme.

Dejo el pasaporte encima de la mesa y me voy para otro comentario final. El Presidente recibió abucheos en Florida y hay polémica por los cánticos de los gremios de la educación, pero para recibir cariños luego de la bofetada se fue para Baires a festejar la independencia de Uruguay con la flor y nata del jet set y el poder económico porteño. Me eximo de comentarios, cada uno sabe para quién gobierna.

Antes de la definitiva retirada, un comentario sobre la “renuncia” del Jefe de Policía de San José. Orestes Leles es un ortodoxo en el más amplio sentido del término, un milico de raza -en el mejor de los sentidos-, y por eso mismo tiene poca cintura para tratar con los civiles. Se notó desde el primer día que llegó al departamento; generó diferencias fuertes hasta con los periodistas. Tuvieron que mandar a todo el equipo de Relaciones Públicas del Ministerio para calmar las aguas con la prensa, por los exabruptos del Jefe.

Con el tiempo logró calmar sus ímpetus y tuvo mejor relación con los ciudadanos en general; participó de muchas reuniones, pero lo cierto es que al evaluar la gestión no se puede desligar de lo que ocurre a nivel nacional. Seguramente todo lo ocurrido en torno al Liceo de Delta El Tigre ha tenido mucho que ver con su “renuncia” y pongo la palabra entre comillas porque dudo que haya sido tal cosa.

Ahora sí, se cierra una nueva edición elucubradora, espero que en siete días estemos nuevamente aquí, transmitiendo una forma diferente de ver este tiempo.

 

Por Javier Perdomo.

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