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Elucubraciones

Elucubraciones semanales, edición 19/01/2021: «Del ciberespacio a la piscina»

5 minutos de lectura

Resulta una auténtica satisfacción volver a contactar con los lectores del pasquín de pueblo, luego de la breve vacación que nos hemos tomado, que por menos merecida y/o prudente que fuera, era necesaria. Comenzar un nuevo año elucubrador es saber que uno va a caminar por las sendas de la ironía en un tiempo en que los ánimos están muy caldeados y abunda la susceptibilidad. Por eso con pies de barro, le cuento que vuelve la columna que dice lo que quiere y se expresa como puede, para que usted siga sin entender nada, pero por lo menos se haga preguntas. Sin más preámbulos, ingresemos en los temas que nos ocuparán.

Tras el 6 de enero, estampé algunos comentarios sobre lo ocurrido en la capital del decadente imperio del norte en la página web de su periódico; es que ante tales hechos un escriba tan impulsivo como este para nada humilde servidor, no podía quedarse sin la posibilidad de decir alguna cosa -aunque ésta fuera apresurada-, dado que el reencuentro con los lectores de las ediciones papel, demoraba aún varios días y los hechos apremiaban.s, s en temaser nada, pero por lo menoss nos d

No voy a reiterarme en conceptos -quizás usted no leyó esos primeros comentarios por lo que lo/a invito a que lo haga entrando en lasemana.com.uy-, pero le cuento que allí brindé algunas impresiones sobre el tipo de personas que quiso tomar por asalto el poder en los “states” para entronizar a Trump (la flor y nata del separatismo sureño, blanco, belicista, racista y protestante, en síntesis). Pasados los días las informaciones de prensa confirmaban lo comentado en la web, pero ahora me quiero detener en algo que le pasó al pobre Donald y que me dejó bastante preocupado. No por él, aclaro antes de explayarme.

Todas las redes sociales del Presidente, que esperemos que entregue este miércoles 20 el mando, fueron bloqueadas o clausuradas y eso, a uno que no le cae nada bien este sujeto le podría resultar en principio satisfactorio o gratificante, pero luego pasa a preguntarse cómo puede ser que un empresario como Mark Zuckerberg -uno de los zares de las redes sociales-, pueda decidir por sí y ante sí bloquearle la cuenta a un Presidente.

En serio, póngale que no fuera Trump por cuyo bloqueo podemos estar todos locos de la vida (porque en sus publicaciones convocaba a una asonada), pero piense qué pasa si a Mark se le ocurre bloquearle la cuenta a Lacalle Pou porque dijo algo que no le gustó (es solo un ejemplo, nuestro “líder mundial” no haría algo así). ¿Cuál sería su reacción? ¿Qué pasa si mañana es Evo Morales el que dice algo que molesta al dueño de Facebook? ¿O si es Putin, o si es el actual “villano” favorito de los norteamericanos -Maduro-, el censurado por los dueños de una red social? Los espacios públicos de interacción y opinión no pueden ser regulados por una sola persona.

Es peligroso lo que ocurrió, porque por más que Trump es un ser detestable -y los que tomaron por asalto el Capitolio también lo son-, al momento de la censura, era aún Presidente de una nación y un empresario usó su poder decidiendo que él no podía hablar en el espacio público, poniéndose como regulador moral mundial, cuando de verdad las regulaciones en los espacios públicos de la red deberían surgir de acuerdos mundiales entre las naciones y no ser dirimido por un solo sujeto por sí y ante sí.

Es un tema que dejo planteado nada más, no tengo la capacidad intelectual como para abordarlo con mayor profundidad, pero son las discusiones que se dan en el año 21 del siglo XXI y hay que abordarlas, por más que no tengamos los elementos suficientes para hacerlo.

Ya que estamos, sigo en el mundo de la informática: en los últimos días fueron cientos los contactos de mi celular que se unieron a Telegram, la empresa de mensajería instantánea rusa, competidora de WhatsApp, porque todos andaban indignados y preocupados por las nuevas condiciones de uso que permitirá a las empresas de Zuckerberg (“guasap” y Facebook), compartir información.

Le digo la verdad, yo tengo instalada la aplicación rusa hace como dos años y la he usado poco y nada, porque nadie me escribe a ella. Muchos la descargan pero no la usan. Espero que después de toda esta andanada de nuevos usuarios, alguien me mande un mensajito por Telegram.

De todas formas causa gracia la preocupación por la seguridad de los datos que tiene la gente, cuando la mayoría de ellos ya están en poder de las grandes multinacionales porque usted misma/o ya se los brindó antes sin darse cuenta. Ellos ya conocen sus gustos y lo van a atomizar con mensajes adecuados a sus preferencias tenga WhatsApp, Telegram o la red de mensajería que más le guste. Pero además, a ellos no les importa lo que usted habla con su pareja o amiga/o, no lo van a espiar de esa forma, sólo buscan sus datos para saber qué le gusta y así venderle mejor.

Un mínimo comentario a los nuevos usuarios de Telegram, que supuestamente es más segura que WhatsApp. Recuerden que los mensajes filtrados del juez Moro y los fiscales del juicio contra Lula en Brasil -que demostraron que muchas de las pruebas del juicio fueron fraguadas de antemano-, se mandaban por la red social rusa, así que no sé qué tan segura sea.

Y como en las elucubraciones se salta de un lugar a otro con la mayor naturalidad del mundo, es que del ciberespacio me vengo hasta Libertad para hablarle del funcionamiento de la piscina de la Plaza de Deportes. Recién en estos días está pudiendo hacerse uso del espacio público en la modalidad libre (es decir sin asistencia de docentes), ya que los contratos del personal contratado a esos efectos no han podido firmarse por atrasos en la homologación en la oficina de “Servicio Civil”.

La razón de la demora es que se trabaja con la mitad del personal, como el gobierno ha definido en la mayoría de las oficinas públicas, para evitar así la expansión del coronavirus (algo que no se ha evitado hasta ahora). La medida puede ser acertada desde el punto de vista pandémico, pero por otro lado ha provocado que sean miles los trámites urgentes ante los organismos oficiales que se han enlentecido, trancado o simplemente detenido. Detrás de cada uno de esos trámites hay gente que espera y que muchas veces pierde dinero o se endeuda porque el Estado está trabajando al 50%.

Lamentablemente, cuando más se lo necesita, el Estado vuelve a estar ausente, en este caso para los docentes y guardavidas que esperan por un empleo temporal y para los usuarios de un servicio que funciona dos meses al año. Es una situación poco entendible.

Termina esta edición elucubradora con una mínima referencia a la partida de otra amiga del medio que nos soporta. Belta Díaz de Tonna falleció al final de 2020 y si bien hay una nota dedicada a ella en otra sección, no podía el espacio elucubrador despedirse de la primera edición de 2021, sin mencionar el respeto que este escriba tenía hacia esta amante de la poesía, la literatura y la cultura en general. Sin conocer en profundidad su obra, causaba asombro su absoluta dedicación a la tarea de narrar. Por eso, no podía pasar como un hecho más para este medio.

Y acá terminamos. En siete días volverá la realidad a invitarnos a seguir elucubrando. Los que así lo deseen acá nos encontrarán. Las y los espero.

Por Javier Perdomo.

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