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Elucubraciones

Elucubraciones semanales, edición 13/04/2021: «De milmillonarios y despidos express»

5 minutos de lectura

Viernes temprano a la mañana, comienzo muy avanzada la semana a tirar algunas líneas sobre la página de word; la búsqueda por decir algo original y que no remita a la pandemia es una tarea cada vez más dificultosa que todo enlentece. Pienso más de la cuenta, le doy vueltas y vueltas y no puedo salirme del tema. ¿Ahora entendieron qué es esto de la pandemia? Es un término que conocíamos, pero que nunca habíamos vivenciado. Ahora la defino como una palabra que se devora todo, incluso a los que niegan su existencia. Las elucubraciones existen para devorarse a sí mismas, así que a renglón seguido comienza el desafío de no repetirse, queda invitada/o a verificarlo.

Comienzo contándole que el miércoles 7 -sí señor, sí señora, encontré el tema no pandémico para comenzar-, Antel o los constructores de la doble vía de la ruta 3, hicieron que recordara al filósofo alemán Erich Fromm, quien en su libro “Sociología de la sociedad contemporánea”, escrito a mediados de los años 50 del siglo pasado, alertaba sobre el cada vez más significativo papel que ganaban los medios de comunicación en la cotidianeidad de la gente (en aquellos tiempos apenas la radio, el cine y la incipiente televisión), y sostenía que si en una ciudad como la Nueva York de aquel tiempo, se producía un apagón energético total durante 15 días, se generarían ataques masivos de neurosis, porque la gente no se soportaría en su propio silencio.

Pasado un montón de tiempo de aquello que dijo Fromm y con una enorme variedad de extensiones de nuestros sentidos a disposición, es decir televisores (de todos los tamaños, formas y tecnologías), equipos de audio ultra sofisticados que caben en la palma de una mano, variadas combinaciones de audio e imagen en una misma plataforma, teléfonos con todas las prestaciones imaginables, juegos hiper reales y la internet a disposición masiva y permanente, aquello de los 15 días para que se generaran neurosis masivas se reduce a unos segundos, porque ya no es que no sabemos estar en silencio, en verdad no conocemos lo que es el silencio y a muchos les aterra conocerlo.

Por eso, cuando se produjo el corte de todos los servicios relacionados con Antel por casi 14 horas en parte de la zona sur de San José (se lo explico así porque quienes no viven en las zonas afectadas pueden no haberse enterado de nada), debo reconocer que sentí esa sensación de desasosiego absoluto. “Y ahora qué hago”, me preguntaba, sintiéndome como un pobre niño perdido en la inmensidad de la nada cibernáutica, estaba casi como sin referencias, quedé como sin nada qué hacer (tenga en cuenta que de mi vida la televisión fue expulsada hace tiempo).

Claro, después uno se para, reflexiona un instante y se da cuenta del error que está cometiendo, por lo que de inmediato se refugia en alguna pendiente lectura en papel, deteniendo así el ataque de ansiedad que provoca la ausencia de comunicación por vía tecnológica, de la cual somos cada vez más dependientes.

Pero eso ocurre porque uno supo lo que era vivir sin esa omnipresencia de lo virtual o lo tecnológico y se readapta a la situación anterior, pero imagino que para las nuevas generaciones fue un momento de profunda crisis, se quedaron sin referencia alguna por más de medio día (los adolescentes, en la madrugada es cuando más tiempo están conectados), lo que debe haber generado algún estado cercano a la neurosis, aunque puedan haberlo aplacado en algo la ausencia mirando tele (solo los canales nacionales, porque sin transmisión de fibra óptica no funcionaba el cable local).

No, no hay cuestionamientos para Antel en estas líneas, fue un accidente; sí, que se pudo evitar con previsión, pero no se hizo y no quiero detenerme en eso, sino que pongo énfasis en que hechos como éste interpelan nuestra forma de vida, cuestionan esto que llamamos actualidad o mundo de las comunicaciones, que no nos deja ver más allá de una pantalla.

Pero claro, después, uno empieza a atar cosas y se vuelve más consciente de lo que ocurre. ¿Qué cosas ato? Al otro día de la rotura -ya con la conexión a pleno-, me puse a mirar -en Youtube, claro-, un programa atrasado de “La letra chica” de TV Ciudad. Estaba Álvaro Padrón (uno de los cientistas políticos más lúcidos del país, en la nada humilde visión de este escriba de pueblo), quien hablando de ganadores y perdedores en la pandemia (¡otra vez la pandemia!), desmitificaba la idea extendida de que en este momento todos los sectores económicos están perdiendo. Decía Padrón que esto no es así, que hay una nueva camada de nuevos milmillonarios en el mundo y curiosamente -o no tanto-, todos ellos provienen del mundo de las tecnologías de la información.

Es más, decía Padrón, en el top 10 de los más ricos del mundo, recién en el puesto ocho o nueve aparece alguien que no está vinculado a las tecnologías de la información o a la transmisión de datos, alguien que vende o produce un producto tangible, comida, vivienda.

No, no creo que esto sea una “plandemia” creada por esos nuevos ricos para encerrarnos y obligarnos a consumir mediante sus plataformas (el culpable del coronavirus es el desarrollismo capitalista sin control, ya se lo dije en alguna edición anterior, creo recordar), sólo le pongo contexto la dependencia que tenemos de las tecnologías de la información y le cuento quiénes son los ganadores en este juego de encerrarnos, que dicho sea de paso, está bueno para jornadas como las del fin de semana que pasó, pero que si se debe seguir extendiendo demasiado en el tiempo, otra qué neurosis provocará.

Dejo a los milmillonarios -entre los que por suerte no me cuento-, y me vuelvo un comentador de agenda, para hacer referencia al desafortunado incidente en que estuvo involucrado Rafael Michellini. Digo desafortunado, no por lo que dijo “Rafelito”, sino por la censura que sufrió su persona tras lo que dijo respecto a la recolección de firmas por el referéndum contra la LUC.

Y discúlpeme, moléstese conmigo una vez más, pero en este país está faltando comprensión lectora (algunos tienen intencionalidad política y comprenden lo que quieren, claro está). No es la primera vez que tengo esa sensación (por ejemplo, les cuesta entender un montón cuando habla Mujica), porque en las declaraciones de Michellini no hay amenaza, sólo hay un comentario sobre las consecuencias que a su entender tendría que no les den más plazo para reunir las firmas (ya le hice algún comentario la semana pasada), que es que las brigadas deberán salir a los barrios a buscarlas.

Pero además, para llegar a este comentario, hay un contexto, hay que leer toda la nota, que es lo que obvian muchos opinólogos a la hora de pegarle a alguien. Toman una frase o hecho sin contexto y lo destripan.

Me asombró lo solo que dejaron a Michellini en el Frente Amplio, cuya dirigencia debe tener claro lo que acabo de escribirle. Al parecer se actuó en función del discurso oficial y lo sacaron del carguito de morondanga que tenía en la coalición. Un punto más para la coalición de gobierno, que sigue marcando toda la agenda.

Y al escriba se le terminó el espacio, teniendo tanta cosa más por decir sobre este asunto y otros que se me vienen a la mente. Es lo que tienen las elucubraciones, podrían dudar por siempre, pero no, inevitablemente deben tener un final y es éste.

Por Javier Perdomo.

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