Elucubraciones

Elucubraciones semanales, edición 08/11/2022: El servicio sin inteligencia

5 minutos de lectura

“Se pasa el tiempo, se pasa volando (…), por fin buen tiempo, aunque no hay un mango”, dice Fernando Cabrera en una de sus composiciones más emblemáticas y el escriba, que de emblemas no sabe nada, le recuerda que el mes 11 avanza como si nada, acercándonos inexorablemente al final del año 22. Tranquila, tranquilo, no voy a empezar a hacer balances desde ya, es que me gusta recordarle que el tiempo es tirano y que estamos a su servicio. Tras un comienzo optimista (si no entendió la ironía de Sotelo, tampoco entenderá la mía), le digo que aquí comienza la columna elucubradora correspondiente al 8 de noviembre.

Y como en tantas otras ocasiones, hay que empezar donde se puso el punto final siete días atrás y por más que parezca insistir demasiado, al autor de estas líneas le parece importante hablar de situaciones que involucran a periodistas, porque como autor de textos periodísticos -malos, regulares o buenos, eso es algo opinable-, me gusta hablar de estos asuntos y si puedo, intento arrojar algún dato que despeje dudas a los pocos seres que puedan llegar a leer esta columna publicada en un insignificante medio escrito del interior de San José (aunque, vale aclararlo, para uno sea el más importante del mundo).

Dejando atrás tanto gre gre, pero sin decir jamás Gregorio, le cuento que creo injustificados los ataques de figuras del gobierno al periodista Eduardo Prevé por hacer su trabajo como profesional del periodismo. Hizo lo que un periodista haría, dar a conocer el documento que le fue aportado por una fuente cuya identidad, por supuesto, reservará, porque es parte de la confianza mínima que debe haber entre la fuente y el medio o profesional que emite la información.

Parece tonto, pero a alguna gente del gobierno habría que definirles qué es una noticia. Bueno, la definición más clásica y básica es que noticia es aquello que alguien, en algún lugar, no quiere que se sepa. Y se le puede agregar que todo lo demás son puras relaciones públicas, que es lo que muchas veces hacemos los medios chicos como éste en el interior del país (aunque en este pasquín, en 21 años, nos hemos caracterizado en molestar; quizás no tanto como deberíamos, pero sí, cada tanto exponemos una situación y eso es hacer periodismo).

Pero bueno, disculpe, otra vez me terminé diluyendo en historias personales que a usted no le interesan. Retomo el hilo (le he tomado el gusto a Twitter y por eso ando con el léxico muy a tono con esa red social), y le concluyo que siguiendo la definición arriba mencionada, el periodista de TV Ciudad actuó siguiendo la premisa básica de la profesión y con libertad de criterio como para decidir qué información difundir y cuándo hacerlo.

Por si no siguió el asunto, se trata de documentos “secretos” de una agencia de seguridad del Estado, que fueron entregados a legisladores en una reunión secreta con el jerarca de esa agencia; esos documentos, incluyen una referencia a la intención del gobierno de instrumentar un plan para vigilar a organizaciones de la sociedad civil -gremios, agrupaciones políticas-, que puedan cortar rutas o acceso a infraestructuras.

Dígame lo que quiera, pero eso es información de mucho interés público y si el periodista la tiene, la debe difundir. Evidentemente, lo que acá preocupa es que se sepa que el gobierno, además de hacer operativos de inteligencia para combatir la delincuencia, los hará para vigilar a aquellos ciudadanos que, en el pleno derecho de sus libertades, se manifiesten de una forma que pueda no gustarle a los gobernantes.

Así que si usted me permite, le digo que creo que está muy bien que Prevé haya dado a conocer ese documento; de ahora en más se abre un debate importante y es si el gobierno tiene derecho a vigilar a sus ciudadanos de esa forma. Entonces, el periodista cumplió su rol. Claro, a mí me parece un disparate que una agencia de seguridad estatal, investigue a la sociedad civil organizada, nos retrotrae a la dictadura y sus inmediatos años posteriores.

También resulta disparatado y exagerado que el Presidente diga que el que filtró la información cometió sabotaje contra el país. Las filtraciones a la prensa son una práctica habitual (todos los periodistas buscamos nuestro “garganta profunda”), y seguro es una práctica que el propio Lacalle Pou debe utilizar, así que parece un poco desmedida la indignación presidencial, que parece querer aprovechar este incidente para sacarse de encima a Astesiano, asunto del que sigue saltando cada día algo nuevo.

Otro que posó exageradamente indignado fue Heber con el procesamiento de un Policía de Durazno por homicidio. Puso el grito en el cielo Luis Alberto. Insistió con ese argumento “de la policía no se equivoca” que caracteriza al discurso oficialista, queriendo con eso, mostrarse como absolutos defensores del accionar policial, cuando en realidad la perjudican, porque les hacen creerse con atribuciones que pueden no tener constitucionalmente y terminan ocurriendo cosas como las que llevaron al policía duraznense a la cárcel.

A pesar de lo que piense Heber, los policías son seres humanos y se equivocan, como a todos nos pasa; lamentablemente, cuando éstos se equivocan pueden perderse vidas, como ocurrió con el joven motociclista que fue perseguido por dos policías, también en moto, y uno de ellos lo desestabilizó de forma que lo hizo caer, provocándole golpes que le causaron la muerte. La Justicia departamental lo absolvió, pero un Tribunal de Apelaciones condenó al Policía y de inmediato, quien dictó la condena se transformó en traidor/a a la patria (¿le dije alguna vez que me da escalofríos escuchar el “viva la patria”?), porque hizo cumplir la ley.

Mire, con mucho respeto lo digo, pero hace tiempo que percibo que está sobrevaluada la consideración social del rol policial. Son importantes en una sociedad, sí, claro que sí, pero no deben ser más importantes que los educadores, ni los que nos sanan o los que nos alimentan. Son una profesión de servicio más y está muy bien que se los considere, pero no al extremo de ponerlos en una categoría de infalibilidad, porque como toda institución humana, la Policía -con mayúscula-, es permeable a todas las fallas humanas.

Por eso es que está bueno que quienes vigilan sean vigilados, controlados y juzgados, de ser necesario (a Álvaro Garcé, que nos quiere vigilar a todos, también hay que vigilarlo). Eso se logra, entre otras cosas, con una justicia independiente, que en este país tiene mil defectos, pero que es bastante independiente y permite a los jueces actuar en base a su criterio y no al de los poderes de turno. Algunos hacen lo que dice el poder, pero porque les gusta estar bien con éste (también la Justicia es integrada por seres humanos imperfectos), pero quien quiere ser justo, puede, tiene las herramientas para intentarlo.

La voy dejando por acá; quizás las temáticas de esta edición elucubradora no hayan sido de su total agrado, pero es que ocurren tantas cosas de las que uno quisiera decir algo que al final, termina diciendo poco de muy pocos temas. Igualmente, fue otro texto en el que este escriba toma temas de la agenda, para expresar un posicionamiento más profundo, sobre la propia experiencia de su trabajo y de la visión de la Justicia. En siete días, seguimos improvisando, en busca de mejores mundos.

 

Por Javier Perdomo.

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