Elucubraciones

Elucubraciones semanales, edición 05/07/2022: La luz en la Armada y gastos afines

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Entre que me sube y no me sube el combustible, las elucubraciones llegan para templar los peores fríos. Del bajo cero de la mañana al cálido solcito de la tarde, vamos atravesando el invierno con la promesa de los buenos climas por venir. Como sospecho de todas las certezas, escribo en busca de respuestas propias, aunque al final siempre queden más interrogantes que verdades. Sin saber muy bien por dónde empezamos, es que comienza julio para la columna elucubradora.

Le mentí, porque en realidad tengo claro por qué tema quiero empezar esta vez. Aunque le sorprenda, le informó que lo voy a hacer en la Armada Nacional, porque allí hubo unos líos muy interesantes, que dejaron en evidencia una práctica asumida como natural, que a este escriba de pueblo le parece un atropello a la razón.

Resulta que por rencillas internas en la “fuerza del mar”, un oficial de alto rango del arma, dispuso que se dejaran de pagar los servicios públicos -luz, agua, si mal no recuerdo también había algún alquiler entreverado-, de organizaciones sociales de la Armada como, por ejemplo, “la asociación de funcionarios de la Armada” o algo así.

La decisión unilateral del oficial -que al parecer quería hacer caer al Comandante en Jefe- hizo que se produjeran cortes de luz y hasta debió suspenderse un cumpleaños para el que estaba contratado el salón de la citada asociación. Notas de prensa informaban que los servicios finalmente se restituyeron, porque las organizaciones usaron fondos propios -o hicieron colectas entre los socios; yo que sé-, para abonar las deudas generadas.

Ante esto, uno se pregunta, por qué eso no fue siempre así. Es decir, por qué la Armada en este caso, el Estado uruguayo en general, debe pagarle los servicios públicos a las instituciones militares (hablo en plural porque si esto ocurre en la Armada, debe ocurrir lo mismo en las otras armas), cuál es la razón para que usted y yo, cuando pagamos un 21% de IVA en casi todas las cosas que compramos -aunque sea una caja de fósforos-, estemos aportando para el alquiler de los salones de fiesta de los militares.

Es algo que no tiene razón de ser y hasta de aplaudir a quien tomó la medida, aunque fuera una venganza; permite visualizar una vez más que la sobredimensión de nuestro Estado no se soluciona sacando dos o tres funcionarios/as de alguna oficina perdida. Tenemos un presupuesto enorme volcado en cuestiones estériles, como es, mantener los caprichos de la casta militar. Por eso cuando me vienen a decir que hay que bajar el costo del Estado, les digo que sí, claro, pero empecemos por ahí. Hechos tan nimios como el que le acabo de contar me ratifican en esa posición.

A este escriba no le cabe duda alguna respecto a que podemos tener 10 mil militares menos y viviríamos igual de contentos. Claro, a esa gente hay que darle alternativas laborales, pero… disculpe, disculpe, me estoy yendo de tema, no es momento de profundizar en cómo pienso que tiene que hacerse la desmovilización masiva, eso lo podemos hacer en otro texto.

Yo tan solo quería insistirle que me parece un disparate que paguemos el agua y la luz del salón de fiestas de los oficiales navales, cuando hay tantas necesidades insatisfechas en otras áreas. “Bajen el costo del Estado”, sí, pero en estas cosas, no en educación, no en medicamentos o en vivienda para los que menos posibilidades tienen. Y tampoco en el cadete que le recibe el papel cuando usted va a hacer un trámite en la oficina pública; solo eso le quería decir.

Hablando de gastos y gestos superfluos, parece que nuestra señora vicepresidenta, la Bea, emprende viaje hacia Ucrania y Rusia a intentar convencer a Zelenski y a Putin de que no se peleen más. En serio se lo digo, no es broma, solo debo agregarle que la Argimón viaja a aquellas lejanas latitudes como parte de una delegación interparlamentaria, es decir, es solo una más de varios del mundo que se hacen el viajecito hasta allá.

Ella dijo que van a intentar acercar la paz a esa zona en conflicto, pero para mí que fueron a darse un paseíto para conocer la madre Rusia, mientras se muestran haciendo como que median en un conflicto en el que ha mediado todos los pesos pesados del mundo y no llegaron a nada.

¿Se imagina a Putin y Zelenski a los abrazos, con la Bea aplaudiendo emocionada? Sería la próxima ganadora del premio Nobel de la paz. Difícil que ello ocurra, pero soñar no cuesta nada, mucho menos cuando el viaje te lo banca todo un país.

Ya sé, ya sé, hay que participar de todas las movidas que se den en el mundo para mantener buenas relaciones e intentar hacer negocios (venderles una vaquita), pero eso no implica que nos subamos a cualquier carro. Hay que ver la utilidad de las acciones emprendidas. ¿Alguien piensa que esta delegación cambiará algo? Seguro que no.

Como tampoco va a cambiar nada el tratado de extradición que fue a firmar Lacalle Pou con el Presidente saliente de Colombia. A Duque le queda menos de un mes de gobierno y nuestro Presidente viaja a verlo, pero anuncia que no volverá a ese país para la asunción de Petro (el entrante Presidente), porque no puede hacer dos viajes al mismo país en tan poco tiempo.

Más allá de las distancias ideológicas o afinidades personales y tomando como prudente eso de no hacer los dos viajes tan seguido, ¿no hubiera sido mejor ir a la asunción de Petro y de paso visitar al Presidente saliente? ¿Estratégicamente, como país, no hubiera servido más un contacto de ese tipo? De ahora en más, a Lacalle Pou, le guste o no le guste, va a tener que vérselas con Petro y la izquierda colombiana en las relaciones bilaterales, no es inteligente un desplante como este.

Claro, después recuerdo que en la comunicación oficial del gobierno, casi se destacaba que Lacalle Pou iba a la despedida de Piñera y no a la asunción de Boric, entonces entiendo todo. Al gobierno le pesa mucho de qué signo sean los gobernantes de los otros países para definir su política de inserción internacional. Hace lo que le criticaba al FA que, si me permite, era más pragmático en su forma de relacionarse con el mundo.

Lo que me pregunto ahora es qué gesto negativo se mandará nuestro Presidente cuando Lula gane en Brasil (porque va a ganar y ni Bolsonaro tiene dudas de eso). Por ahora disfrutó de un fin de semana con su amigo Duque. Él y un montón de tipos y tipas más que viajan en estas comitivas oficiales, lo disfrutaron.

Le vuelvo a reiterar. Son necesarios este tipo de viajes, hay que hacerlos, hay que participar en todos los escenarios que se presenten y vender al país -en el mejor de los sentidos-, en todos los tablados, pero siempre en un marco de utilidad de la acción emprendida. No parece útil eso de andar visitando a presidentes salientes y casi ignorar a los entrantes.

Pero como siempre le digo, no me haga mucho caso. Yo no sé nada ni quiero saberlo tampoco. En mi ignorancia me revuelvo e intento ser lo más proactivo que puedo. Y cómo seré de proactivo e inventivo que empecé hablando de quién paga la luz en los clubes de la Armada y terminé en la política internacional del gobierno. Como siempre le digo, la cabeza del escriba es un misterio insondable.

Si quiere seguir descubriendo sus facetas, en siete días seguiremos escribiendo acá, intentando entendernos, sabedores que el mundo es difícil de entender. Hasta la próxima.

 

Por Javier Perdomo.

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