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Elucubraciones

Elucubraciones semanales, edición 02/02/2021: «Los otros y nosotros»

5 minutos de lectura

Ya llegamos a febrero y no se escucha ni una sola voz del carnaval más largo del mundo; pandemia mediante, lo único que se oye son las súplicas de quienes quieren ser los primeros en vacunarse contra el bicho que nos tiene a todos aislados, distanciados y sin poder disfrutar de nuevas creaciones artísticas sobre los escenarios del mundo. En las elucubraciones ya estamos vacunados contra las emociones fuertes, no dejamos que los virus nos condicionen la existencia y tampoco renunciamos a las viejas utopías de una mejor y próspera humanidad. Si le parece, vayamos viendo por dónde nos lleva el derrotero de esta semana.

Disculpe que le insista en hablarle de cuestiones que quizás no tengan nada que ver con los problemas que a usted le pueden estar aquejando en este período pandémico -es decir incertidumbre laboral, aumento de impuestos, rebajas salariales y otras yerbas-, pero lo hago porque estoy convencido que, aunque no parezca, hacen al pasado, al presente y al futuro de todos.

Le cuento, el 27 de enero se cumplieron los 76 años de la liberación del campo de concentración de Auschwitz y su gemelo Birkenau, centros que fueron la máxima expresión del odio que pudo alcanzar el ser humano hasta ahora. Traigo a colación esta efeméride, no como un punto más en el calendario, sino con verdadera preocupación porque el odio al diferente, al otro, es una realidad cada vez más presente y preocupante en las sociedades de este inicio de siglo XXI, que suponíamos llegaba para nutrirnos de más iluminación intelectual y sentido humanitario.

En momentos en que se supone que deberíamos haber aprendido de todos los horrores que cometieron los seres humanos del pasado (veníamos en una dificultosa evolución, pero evolución al fin, hasta hace unos años atrás), cuando más que nunca deberíamos estar apostando a la cooperación internacional para una convivencia pacífica (que no quiere decir renunciar a las diferencias, que siempre enriquecen), por el contrario, vamos permitiendo que el odio vuelva a ser una forma de práctica política, lo que nos va retrotrayendo a épocas de barbarie e irracionalidad y quizás -tarde o temprano-, pueda hacer que terminemos enfrascados en una nueva devastadora guerra de proporciones mundiales.

Este fenómeno de creciente intolerancia política es mundial y claro que Uruguay no escapa a él, porque que miremos con indiferencia que en los informativos hablen de grupos de personas que salen a apalear a indigentes en Montevideo, es parte de esa “banalización del mal” (a decir de Hannah Arendt), que nos está ganando; que aceptemos la sola existencia de grupos de extrema derecha, declarados nazis (vinculados algunos sí a Cabildo Abierto, pero no es en el único lugar que están), borrachos de odio hacia los diferentes nos debería preocupar. Usted me dirá, son hechos aislados, puede ser sí, pero a este escriba le preocupan porque son las expresiones locales de un fenómeno de odio injustificado al otro, que recorre el mundo entero.

La filosofía que atraviesa a estos reciclados movimientos de extrema derecha (reciclados porque se muestran modernos y juveniles, pero es la misma ideología de siempre), es que la culpa siempre es del otro y en esa supuesta culpabilidad basan su argumentación violentista para eliminar a ese “otro”, al que identifican como responsable de sus propios fracasos. Para los nazis, los judíos y las “razas inferiores” eran esos “otros”, los culpables; para los yijadistas del presente, la culpa es de “occidente” así como los neonazis canalizan su política de odio a los extranjeros, a los latinos, a los negros y a los musulmanes que “invaden” Europa y Estados Unidos. El culpable de sus problemas nacionales, étnicos o grupales, siempre está afuera y para terminar con esos problemas deben eliminar al “otro”, al culpable.

El enemigo, para los que viven enraizados en el odio, puede estar en otro país, puede ser de otra “raza”, pero también puede ser un culpable interno; el “otro” que está en la ciudad en que se vive o hasta en la esquina de su propia cuadra lo pueden encontrar. Para los que no logran ser sin tener un enemigo, es fácil determinar un objetivo de su odio, siempre tendrán una razón para justificarse y no habrá culpa en sus conciencias.

Por eso como escriba de pueblo que se atreve a expresarse como quiere y cuando desea de todo lo que se le pase por delante (y lo peor de todo, disintiendo con los discursos mayoritarios), no hay que dejar pasar cuestiones como el holocausto sin decir nada, porque bien puedo ser un “otro”. El germen que “normalizó” esa política del mal, está presente entre nosotros otra vez y en el mundo entero debería ponérsele coto.

Los neonazis en Europa, los creacionistas y racistas norteamericanos, los fundamentalistas islámicos, son movimientos que no conciben que el diferente pueda desarrollarse libremente y hasta de mejor forma que ellos. Los que desde la política odian al extranjero porque roba el trabajo, los que odian a los jóvenes porque se quedan hasta tarde en la plaza, los que odian a los pobres porque afean las calles, a los negros porque son negros, a los chinos por chinos o a los musulmanes porque son todos fundamentalistas, deben ser aislados si es que queremos evitar algún tipo de conflagración mundial definitiva. Mientras normalicemos que el odio puede ser parte de un programa político, vamos camino a eso, no le quepa duda.

Ya sé que usted está diciéndose que es mejor que cambie de tema de una buena vez y en este mismo momento lo estoy haciendo. ¿Sabe qué pasa, por qué me demoré tanto? Es que tuve que estirar un poco, mientras buscaba alguna información concreta y fidedigna sobre la llegada de las vacunas al Uruguay. Estuvimos tres o cuatro días que sí, que no; que hubo intermediario, que fue una compra directa, que Butantan y que Sinovac y que blah, blah, blah. No saqué nada en limpio, así que no sabía qué decirle.

Ahora que ya no puedo estirarla más y que debo ir cerrando más que explayándome en algo, le digo que al final concluyo que todo fue un papelón y no digo mucho más que eso, no sea que se me molesten algunos lectores susceptibles y mal pensados sobre mis intencionalidades.

A ver, no es que a mí me saque el sueño saber cuándo llegan las vacunas, el tema que en un país serio, esas inconsistencias gubernamentales en sus “negocios” con el exterior no pueden ocurrir. ¿Qué va a pasar cuándo tengan que salir a vender alguna producción nacional? ¿Hacemos como que les vendemos a unos, pero en realidad se las mandamos otros? Es todo muy desprolijo, muy impulsivo, sin planificación ni estrategia, como se vaya dando. Y de verdad, a uno le da cierta pena ver tanta improvisación, se lo debo de confesar.

Dicho todo esto y sin apuro ni pausa, las elucubraciones semanales comienzan su inevitable retirada, que no es murguera ni quiere embelesarle con su canto. Tan sólo son unas letras sueltas en una hoja de Word, que van tomando forma y al final componen un cuerpo textual con un sentido o significado a partir del cual el lector (receptor-destinatario), puede disentir o concordar con el emisor de ese mensaje. Mientras esto pueda seguir ocurriendo, estamos salvados. En siete días, volvemos a utilizar significantes, sin odio a los significados de los “otros”.

Por Javier Perdomo.

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