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Opinión

David Rabinovich y una peculiar charla con el busto de Simón Bolivar en San José de Mayo

4 minutos de lectura

Aquella mañana de marzo, el otoño lucía sus mejores galas. El color de los árboles iba de un rotundo verde a todos los matices del marrón y hasta alguno del rojo. El Parque era una verdadera sinfonía de aromas; los arbustos alcanzaban altas notas de los vientos.

-“Yo nunca me imaginé esto” oí en voz clara, firme y marcado acento centroamericano, aunque dicen que su lengua transitaba un español castizo. Apoyé el mate junto a su mejilla pálida para mirarlo de frente, con gesto incrédulo o por lo menos sorprendido. Siempre pensé que un día Simón hablaría conmigo. Nunca, que él iniciaría la conversación.

-“¿Nunca imaginaste qué?”. Se hizo un silencio largo, oprobioso y, sin embargo, saturado por el ruido de fondo de la perfumada brisa que jugueteaba entre las hojas de los árboles enormes.

-“Todo necio confunde valor y precio”. Dijo, con palabras prestadas por Antonio Machado que las usó varios años después de la muerte de Simón.

-“Es propio de los necios ver los vicios ajenos y olvidar los propios”. Contesté con palabras de Cicerón sin saber en realidad de qué estábamos hablando.

El busto de Simón Bolívar (1), olvidado, solo y triste, mira al norte con espartana impasibilidad. Despintado, herido en la nariz por inclemente e inconsciente mano, desconocido por casi todos los que por allí pasan, él, que tan hermano se sintiera de Don José, seguiría el camino de “La Redota” si no estuviese atado a la pétrea inmovilidad de un homenaje.

Cuando todavía tenemos patente en el oído sorprendido y en las azoradas retinas, el intercambio deplorable que mantuvo nuestro Presidente con el argentino, su absoluta falta de convicción sobre el destino de los pueblos americanos hermanados en una fuerte Federación como la que soñó el “Protector de los pueblos libres”, las palabras de Simón resuenan contundentes.

-“La unidad de nuestros pueblos no es simple quimera de los hombres, sino inexorable decreto del destino”. ¿Tendrá sustento razonable lo que fuera motivo de “afanes y desvelos” para los revolucionarios del siglo XIX? Pienso, lo miro y él responde, calmo, seguro…

-“La Justicia es la reina de las virtudes republicanas y con ella se sostiene la igualdad y la libertad”.

Colaboración, unidad y no desunión y competencia. No puedo evitar pensar en las largas décadas de gobiernos herreristas en San José, sin cambios ni alternancias. En las prácticas corruptas de un gobierno en manos de un grupejo de correligionarios, amigos, parientes… Las compras, los cargos, las ayudas… Todo al servicio del clientelismo más desembozado, prepotente, omnipotente e impune, sin intenciones de moderación ni gesto alguno de inclusión hacia “los otros” (que, además, somos nosotros).

-“Los empleos públicos pertenecen al Estado; no son patrimonio de particulares. Ninguno que no tenga probidad, aptitudes y merecimientos es digno de ellos”. La improbable respuesta del caraqueño resuena en la quietud de la mañana.

Es triste sentir la distancia entre el ser y el deber ser cuando de política hablamos…

-“Los legisladores necesitan ciertamente una escuela de moral”. Reflexiona imperturbable, el gesto adusto y distante.

Las críticas frases de Simón seguro no serán bien recibidas por tantos “peores americanos” de esos que infectan nuestras repúblicas promoviendo el desacuerdo, las divisiones que nos debilitan, el “mercado” inmisericorde donde el hombre es el lobo del hombre.

-“Corrige al sabio y lo harás más sabio. Corrige al necio y la harás tu enemigo”. Apunta el prócer desde su cemento despintado que alguna vez ¿quiso? parecer blanco mármol.

Me tomo algunos mates más. Pienso en el maestro de ese hombre, Simón Rodríguez fue otro personaje formidable ¿qué duda cabe? Desde la historia continúa ejerciendo el magisterio:

-“No es culpable un hombre porque ignora -poco es lo que puede saber-, pero lo será si se encarga de hacer lo que no sabe”. ¿Cómo no pensar en el que ajusta las perillas impávido ante el sufrimiento concreto de sus gobernados? El que no entiende qué diálogo se le reclama, el que se hace cargo y sostiene que nada deben “los malla oro” a las sociedades de las que todo lo obtuvieron.

Simón Rodríguez advierte: -“La etapa Colonial Española, impuso su cultura, su religión, sus leyes, se produjo la cultura de la dominación, de la explotación, de la exclusión social, en la América de habla española”. Y esperan los pueblos por liberaciones postergadas, ahogadas a sangre, fuego y bloqueos, por un sistema al que llaman democracia aunque asfixia nuestras doloridas repúblicas.

Pensaba Simón (el Libertador), siguiendo a Simón (el Maestro), que decía: -“El título de maestro no debe darse sino al que sabe enseñar, esto es al que enseña a aprender; no al que manda aprender o indica lo que se ha de aprender, ni al que aconseja que se aprenda”.

-“Enseñen a los niños a ser preguntones, para que, pidiendo el porqué de lo que se les mande hacer se acostumbren a obedecer a la razón, no a la autoridad como los limitados, no a la costumbre como los estúpidos”. Proclama que a través del tiempo y los extensos territorios quizá, algún día, se imponga en América la pobre, la india, la nuestra.

Porque como explica el insigne maestro: -“El hombre no es ignorante porque es pobre, sino lo contrario”.

Me vuelvo “al centro” pensando si este homenaje en tierras josefinas al Libertador americano no suena a insincero sarcasmo. Para nuestros gobernantes locales ¿el sueño de una Nuestra América libre, unida, próspera, justa, es algo más que una utopía impensable y quizá -acaso- hasta indeseable?

1 Emplazado en el Parque Rodó de San José, el busto de Simón Bolivar fue inaugurado en tiempos de Juan Chiruchi intendente con la presencia de la embajadora de Venezuela María Lourdes Urbaneja Durant. Pero esa es otra historia.

Por David Rabinovich.

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