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Cultura

Omar Díaz y la cultura en el medio rural

7 minutos de lectura

El escritor Omar Díaz, el medio rural y la cultura:

 

En un brevísimo resumen podríamos decir que cultura es el conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo. Con el paso de los tiempos la cultura, en su más amplia significación, ha venido transformándose con el desarrollo.

El siglo XX tuvo un predominio del desarrollo industrial, con base en una concepción patriarcal y férreos conceptos de algunos pilares básicos: la familia tradicional como eje, los hombres como proveedores y las mujeres como cuidadoras. Las artes recogieron tales conceptos fundamentales en sus distintas disciplinas, desde la pintura a la música, pasando por las transgresiones que inevitablemente implican los cambios que el propio desarrollo y sus conflictos han ido planteando.

 

El Medio Rural en Uruguay

 

Seguramente en el Uruguay del siglo XX a nadie se le ocurría que las y los trabajadores rurales pudieran tener un día feriado no laborable pago, una jornada de ocho horas y el reconocimiento de derechos como los que hoy tienen, porque a pesar de que la jornada laboral fue acotada a las ocho horas por José Batlle y Ordóñez debieron pasar casi 10 años para que tal normativa alcanzara a los y las trabajadoras del sector agropecuario, venciendo una férrea resistencia desde los grandes propietarios de la tierra.

Es que el siglo XXI ya no es la época industrial sino la época de Internet, la interconexión global. Es el siglo de la información al alcance de todas las personas y en Uruguay ha significado cambios en lo referido al reconocimiento de derechos básicos, en especial a las mujeres y a las diversidades que componen la sociedad. La cultura se transforma aceleradamente a pesar de los conflictos que puedan generarse a modo de focos de resistencia.

En medio de tales conflictos y desde esos mismos focos de resistencia hay quienes siguen considerando a las diferentes disciplinas artísticas como un hobby, como actividades de tiempo libre mientras los artistas defienden que su actividad es un trabajo del que aún la mayoría no puede vivir digna y plenamente.

Esa falsa dicotomía se repite en lo que puede ser la cultura urbana y la cultura rural. Quizás en este caso habría que remontarse a la fundación y desarrollo de las principales ciudades en la época colonial, cuando desde el diseño arquitectónico hasta las opciones educativas y culturales trataban de reflejar los modelos europeos traídos por los primeros y más influyentes inmigrantes.

Pero eso no impidió que en el medio rural se fuera desarrollando una cultura que abordaba los diferentes quehaceres de su gente. Así el folclore, el tango y el candombe lograron ganar espacios que mantienen hasta nuestros días.

Pintores, payadores, poetas y narradores lograron sortear obstáculos e imponer su arte a pesar de los prejuicios, aunque hasta mediados del siglo XX algunas tareas rurales fueron menoscabadas. Domadores, alambradores, los peones de estancia en general, sin considerarse que tales oficios resultaban en sí mismos un arte y así lo fueron testimoniando, desde Bartolome Hidalgo en adelante los cancioneros gauchescos y fueron luego recogidos por la pluma y la guitarra de compositores como Osiris Rodríguez Castillo, Aníbal Sampayo, Rubén Lena entre muchos otros, que rescataron gestas históricas y tareas, personajes o paisajes rurales, integrándoles para siempre al acervo cultural de la sociedad uruguaya.

 

La Literatura y el Medio Rural

 

Omar Díaz es testigo de los cambios culturales que se han producido en la sociedad, nació y se desarrolló en el medio rural y a través de su trabajo literario recoge recurrentemente las actividades de campo y sus paisajes también cambiantes.

El escritor de Puntas de Valdez dijo que “yo me crié en el campo y tuve la oportunidad de estudiar y creo que tenemos una visibilización de una cultura urbana y academicista, y parece que el que estudió tiene cultura y el que no estudió no la tuviera; tenemos una cultura urbana desde comienzos del siglo pasado, pero el poblador rural tiene su cultura, quizás no coincide con conceptos generales, pero conoce bien lo que hace, tiene valores muy fuertes en cuanto a la solidaridad y la lealtad”.

Díaz agregó que “curiosamente tengo una visión muy particular desde la literatura. Dejando de lado la literatura gauchesca que es un capítulo aparte, los grandes creadores hicieron literatura desde el medio rural, cito a Quiroga, Morosoli, los poetas nativistas como Osiris, gente que se proyectó desde la cultura del medio rural”.

El escritor explicó que “a veces tenemos el preconcepto de que el paisano es ignorante porque habla mal, porque muchas veces eso tiene que ver con el idioma arcaico, el “ansina” (por “así”) es algo que heredamos desde el siglo V o VI, no había otra forma de comunicarse en el medio del campo, no lo decía de bruto sino que fue algo que heredó a través de generaciones y como esa expresión hay muchas otras”.

 

El Arte

 

Díaz sostuvo que todas las actividades del medio rural implican un arte en cada oficio, “desde un cultivador de frutillas o un alambrador tienen su cultura en su oficio. Saben lo que hacen y por qué lo hacen, están tan capacitados como de pronto el profesional contador o escribano” y agregó que, sin embargo, “desde la ciudad a veces se menosprecian esos saberes y experiencias de la gente del campo en el manejo de la tierra, aunque eso es también cultura”.

El escritor también refirió a los valores que cultiva el medio rural “ni qué hablar de lo que era el concepto de solidaridad. En una trilla se juntaba toda la zona así como también en momentos de alguna desgracia o dificultades en alguna familia, la ayuda llegaba de inmediato. Yo tengo un trabajo hecho sobre las trillas y demandaba un gran esfuerzo durante casi dos meses, porque había que cortar el trigo, llevarlo hasta la cosechadora que era fija y eran 30 o 40 personas trabajando. El trabajo manual era fundamental”.

 

Algunos prejuicios

 

Omar Díaz sostuvo que aún en nuestros días prevalecen algunos prejuicios. Dijo que “aún hay como cierto desprecio hacia determinados oficios o trabajos. Por ejemplo en nuestra zona lo que significa el arrancador de papa, a los gurises se les suele decir ‘estudiá o vas a terminar juntando papas’, como si fuera lo peor y sin embargo es un trabajo digno y conozco gente que ha construido su vida y su familia en base a ese oficio”.

Asimismo agregó que “a veces esos trabajadores son denigrados o se les tilda de ignorantes cuando en realidad nunca tuvieron oportunidades para desarrollarse en otras cosas. Para poder llegar a la escuela rural había que recorrer grandes distancias en épocas de caminos que se anegaban con las lluvias y los arroyos desbordaban y eso hacía una diferencia brutal”.

Sobre la posibilidad de que las nuevas generaciones se afinquen en el campo el escritor sostuvo que “todo pasa por las oportunidades. Hace unos años pude visitar la sede de la UTEC en Durazno y vi lo maravilloso de las experiencias de los chiquilines, o sea que en la medida que se extiendan las oportunidades de educación creo que hay muchachos que no dejarían el campo por nada, quieren formarse en lo suyo pero con una visión más amplia”.

Agregó que recuerda la polémica que se generó “cuando se inauguró la Regional Norte de la Universidad, y hoy tenemos muchos profesionales que salen de allí y en su momento se decía que no tenía mucho sentido”.

 

Socialización

 

Hace algunas décadas los pobladores de la campaña se encontraban en las escuelas rurales y las capillas. Allí “se irradiaban ciertas actividades y yo citaría también a los clubes de fútbol en las ligas chacareras, que también tuvieron un papel muy importante en cuanto a reunir a los pobladores de sus zonas. Siempre digo que en la Liga de Rincón del Pino había una Divisional A y una Divisional B y había jugadores suficientes en todos los equipos y detrás de ellos estaba la familia y los vecinos. Eso también es parte de una cultura porque de esos centros también surgían grupos de música, teatro o danzas”.

En la zona sur de San José también había fechas muy sentidas como la Fiesta de San Isidro o el Día de los Difuntos. Díaz contó que “el 2 de noviembre era para recordar a nuestros muertos y ancestros y a la vez satisfacer la necesidad de socializar con familiares y amigos, como no habían muchas oportunidades se destinaban esas fechas o las celebraciones de San Isidro para encontrarse. También los velorios eran motivo de encuentro, en aquellos tiempos no era como hoy que todos los días hay un partido en la televisión o actividades varias con muchas posibilidades de comunicación”.

 

Referentes literarios

 

Consultado sobre si su trabajo literario tiene una intención de abordar temáticas rurales o es producto de una inspiración momentánea al escribir, Díaz dijo que “hay un poco de las dos cosas. Intento poner en valor algunas tareas del campo, pero también se debe a que descubrí muchos autores como Morosoli o el propio Ruben Lena por ejemplo, que muestran ciertos personajes y vi que mi camino tenía que ir un poco por ahí. Mirar un poco hacia atrás y ver las carencias que teníamos y al mismo tiempo las oportunidades que tuvimos”.

El escritor dijo que “todavía estamos lejos de que haya iguales oportunidades para la gente del campo, porque a veces tenemos la falsa idea de que en el campo están los estancieros y los grandes productores y nos olvidamos que también están los pequeños productores y los trabajadores, trabajadores zafrales y que todos ellos tienen diferentes modos de vida con muchas necesidades por satisfacer”.

 

Foto: archivo La Semana.

 

Por Jorge Gambetta.

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