Reforestación en Arazatí, respuesta social a un acto contra la naturaleza

El camino a balneario Arazatí está plagado de curvas; comenzando en el kilómetro 72 de Rafael Peraza, son casi 18 kilómetros de camino de bitumen en condiciones medianamente aceptables, hasta llegar a las costas del Río de la Plata. La razón del viaje hacia ese punto semi olvidado de la costa de San José, es el llamado público a replantar árboles, luego del crimen ecológico perpetrado, presumiblemente, por los propietarios del aserradero que lleva el nombre del lugar (Industrias Forestales Arazatí).

Como ya han sabido los lectores por distintos informes que se han difundido en los medios de la capital departamental, a mediados de julio se supo que maquinaria pesada había barrido con la mayoría de los árboles que estaban sobre la costa y que servían de refugio a quienes en verano, se acercan al lugar para disfrutar de sus aguas o de la vista que se tiene desde las barrancas (no tan altas como las de Kiyú, pero altas al fin).

El alerta lo dio un vecino de las inmediaciones y llegó la noticia a los medios, a la Junta Departamental y también a las autoridades de la Intendencia, de la Dirección Nacional de Medio Ambiente y de Prefectura Nacional Naval, que investigan, pero que se encuentran, cada vez que hay un problema en Arazatí, con el dilema de las jurisdicciones, a quién le pertenece qué y es por ello que existe un parálisis permanente del cual se aprovechan los propietarios de Arazatí (los hermanos Voulminot), para seguir haciendo lo que quieren allí.

En el lugar, el sábado 3 al mediodía un puñado de vecinos, más de 30 personas, de distintos puntos del departamento, con palas hacen hoyos para plantar ejemplares de especies autóctonas, en tanto otros muestran a La Semana el destrozo realizado por las máquinas.

Tirados en la barranca hay decenas de árboles, un destrozo singular, grosero se podría decir, que ni siquiera fue bien terminado, porque no tuvieron ni la delicadeza de limpiar lo destrozado; árboles con varias décadas de vida, tirados a la arena, como quien tira una vara recogida del suelo.

RESPONSABILIDADES | La molestia de la gente es grande, se suceden anécdotas y comentarios sobre lo ocurrido ahora y en tiempos pasados. La coincidencia es grande también, los propietarios del aserradero no quieren que la gente llegue hasta allí en verano y por eso toman este tipo de acciones.

Pero la respuesta social es más importante que el destrozo, la gente respondió al llamado que un par de personas realizaron. Sofía Mansilla, es de Villa María. Cuenta que la idea surgió desde su núcleo familiar. “Esta es la playa que conocemos desde chicos y la única a la que vine hasta los 12 o 13 años. El año pasado vinimos a acampar acá y al enterarnos de lo que hicieron, lanzamos la convocatoria”.

“Nosotros queremos que las autoridades tomen acciones e investiguen qué pasó; no podemos acusar a nadie, tenemos algunas dudas porque unos te dicen una cosa y otra, pero nosotros podemos culpar a alguien”, dijo Sofía.

“Hemos venido en forma pacífica a plantar árboles, con nuestros niños, familias que en verano nos juntamos acá. Fue la primera jornada y de verdad fue muy concurrida. Estamos a muchos kilómetros de Rafael Peraza y Villa María y la convocatoria fue de una semana. Hicimos algunas notas en medios, pero como en realidad esto no es una organización, lo que hicimos fue un ‘folletito’ en el Facebook y la gente se copaba en hacer folletos ellos mismos, nos decían nos vemos allá y por suerte vinieron, eso es lo importante”, dijo Sofía Mansilla.

DE TODAS PARTES | De Peraza y Villa María, pero también desde Libertad, Puntas de Valdez (integrantes del Eco Grupo de esa localidad), y hasta de San José de Mayo, llegaron delegaciones para ser partícipes de la actividad, que sobre las 13 y 30 ya había finalizado, con una foto sacada por la fotógrafa de La Semana, que está desde el domingo está recorriendo las redes sociales y los medios de prensa de todo el departamento. En una pizarra, escrito con tiza, un llamado de atención a las autoridades y a los propietarios del aserradero: “Balneario Arazatí, es de todos”.

Lentamente, todos comienzan la retirada. Antes de retirarnos del lugar, una visita al pescador Sánchez, otro de los desplazados por los intereses del aserradero, quien por acuerdo con la Intendencia, vive ahora unos cientos de metros retirado de donde tenía su campamento hasta que la empresa inició acciones legales contra él.

Él y su esposa cuentan que vieron cuando las máquinas estaban trabajando y no dudan en afirmar que son de la empresa aserradera. Respecto a su situación, dicen que están allí, a la intemperie, al borde de la barranca, esperando que la situación legal por la que atraviesan se solucione. Dicen tener el respaldo de la Intendencia, que les hizo una bajada hacia la arena y cada vez que necesitan arreglarla, llaman y de inmediato se lo solucionan. De todas formas, saben que quieren volver hacia el lugar en donde estuvieron casi 40 años, refugiados bajo árboles, a escasos metros del agua.

Así culmina una crónica que quiere destacar el valor de la acción social en pos del cuidado del ambiente. Pasarán muchos años para que los árboles plantados el sábado 3 de agosto estén en su esplendor, todo lo perdido no se recupera, pero es mejor eso a la inacción social. Juntos, se pueden vencer las injusticias y lo que hicieron en Arazatí, fue una de ellas.

 

Por Javier Perdomo.