Parque Costero Alberto Kurz: olvidado al nacer

El martes 19 de diciembre de 2017 quedaba inaugurado el Parque Costero Alberto Kurz en Colonia Wilson, con la presencia de las máximas autoridades de UTE y la Intendencia de San José, que habían mancomunado esfuerzos para que el espacio, acordado como aporte oficial en las negociaciones por la instalación de la primera central térmica allá por 2005, fuera una realidad.

El parque lucía en excelente estado -como toda obra a inaugurar-, los parrilleros inmaculados, los juegos saludables y los no tan saludables también, esparcidos bajo frondosos árboles; el sendero de madera que lleva a la playa lustradito, mucha iluminación y un gran salón que funcionaría como parador y centro social del parque que, se dijo, iba a ser rápidamente concesionado para que cumpliera el rol al que se lo había destinado.

Muchas cosas se dijeron en aquella oportunidad; además de las alabanzas a la persona del vecino Alberto Kurz, se comprometieron el presidente de UTE Gonzalo Casaravilla y el intendente josefino José Luis Falero a trabajar en forma conjunta para mejorar el espacio público. Quedaba pendiente definir la forma en que se iba a gestionar el parador, pero había optimismo en que se eso, sería rápido. Sin embargo, a más de un año y tres meses de haberse inaugurado, el parador sigue cerrado e inutilizado.

 

RECORRIDA | Un viernes de febrero a la tarde, con mucho calor, hay una decena de vehículos estacionados en la explanada de acceso al parque costero. Un ómnibus de excursión, alguna moto, gente que sale de los baños químicos y en algún parrillero queda aún un breve hilo de humo, vestigio de un almuerzo sin apuros, en tiempo de descanso.

Por el parque transitan también guardias de una empresa de seguridad contratada por el ente energético para cuidar el parque, están terminando de hacer una recorrida -informan a La Semana-, antes de instalarse en la caseta que tienen en un rincón de la explanada de estacionamiento. Comentan al cronista allí, que el día está muy tranquilo en cuanto a gente, que hay que llegarse hasta allí los fines de semana para ver el movimiento que tiene el lugar.

Marcelo -es el nombre del guardia de seguridad-, llega a trabajar al parque costero desde Delta El Tigre -CDP-, dice que la cola de vehículos por el camino de acceso al parque puede llegar a ser de más de un kilómetro un domingo de mucho calor (como el pasado, por ejemplo). Parrilleros a full, playa llena, es lo que dice que se puede ver un día de calor nuestro interlocutor.

El lugar en general está prolijo, quizás tanto como el día en que se inauguró, ya que hay una empresa de limpieza, también contratada por UTE, que se hace cargo. “Mantienen el pasto, la limpieza en general”, dice Marcelo, que igualmente se lamenta respecto a que el parador no esté funcionando. “El lugar está vacío, hay unas sillas y una cafetera, que usa gente de la UTE cuando viene a reunirse ahí, pero nada más”, dice el funcionario consultado, que opina que si ese espacio funcionara el lugar explotaría.

Las razones por las que el lugar sigue sin habilitarse están en un diferendo entre UTE y la Intendencia respecto a cómo explotar ese lugar. Concesión, cesión, alquiler, son las alternativas, pero el acuerdo no llega y el lugar está totalmente inutilizado, pese a que se mantiene casi en las mismas condiciones en que fue inaugurado.

Su compañero, recuerda que tampoco se pueden utilizar los baños con ducheros que tiene el parador, y que la gente no tiene otra alternativa que usar los baños químicos, tanto para sus necesidades como para cambiarse.

Respecto a de dónde es el público que llega al parque costero, dice Marcelo que el público es de todos lados. Menciona lugares como de Las Piedras, Los Cerrillos, también de Montevideo, Ciudad del Plata y Libertad.

 

ARENAS | En la playa, el viernes hay poca gente, algunos pasajeros del ómnibus de excursión y un puñado de gente más. Bajo los árboles, una pareja de veteranos, toman mate. Dicen que vienen a la costa de Colonia Wilson hace muchos años, “desde antes que hicieran esa porquería”, dice el señor, moviendo su cabeza y una mano hacia atrás, como señalando las centrales de UTE, que desde allí ni se ven, pero que son omnipresentes en la dinámica de toda la colonia desde 2006. Se quedan en una casa de lata que está sobre la arena, se las presta un conocido. Vienen cuatro o cinco días y se van, pasa un tiempo y vuelven.

La playa llana -por los niños-, la tranquilidad, son las características por las que la prefieren a otras playas, por más que sepan que no está habilitada para baños y que no hay servicio de guardavidas. Del parque costero no tienen cuestionamientos, pero si está bien o mal no les saca el sueño, ellos la prefieren agreste como era antes.

Paula, una mujer de 33 años, casada y con hijos, está con su madre durante todo el verano en el lugar, con su puesto de torta fritas y bebidas. Vienen hace varias temporadas al lugar desde Las Piedras. “Mala”, dice que ha sido la temporada Paula, sin dudarlo. Responsabiliza la situación a que a comienzos de enero, un domingo, que estaba lleno de visitantes ocurrieron cuatro hurtos a autos. Luego de ese día, dice, la gente dejó de ir y se queja de la falta de presencia policial en el lugar.

Al marcharnos del lugar, una niñita intenta subirse a uno de los juegos saludables, mientras su madre la observa atentamente; por allá aparece un padre con un tiburón inflable rumbo a la playa y algunas parejas veteranas toman mate bajo la sombra de unos árboles, al lado de un alambrado, y así, uno queda haciéndose preguntas que no encuentran respuestas.

¿Para qué tanto esfuerzo, tanta inversión, si todo queda a medio camino? ¿Tan difícil es llegar a un acuerdo por el uso de un local? ¿Por qué no potenciar ese lugar privilegiado de la costa josefina? ¿Por qué no habilitarla como playa, designar guardavidas e incorporarla a las actividades de verano en la costa? ¿Por qué no tener buena voluntad y llegar a entendimientos que puedan beneficiar a todos los vecinos? ¿Por qué no generar un nuevo balneario en Colonia Wilson, ya que UTE hizo la inversión inicial?

Lamentablemente, pasará otro invierno y como todo espacio sin uso, el parador se estropeará, mientras los burócratas siguen discutiendo qué hacer. El tiempo, la vida pasa y los intereses sectoriales -y también los político partidarios-, siguen primando en detrimento de los vecinos.

Por Javier Perdomo.