Oliver Sacks, un neurólogo y escritor que dejó huellas

Hacer un paréntesis entre tantas noticias, que intentan bloquearnos y nos dejan inmersos en un círculo vicioso, es importante, pero además gratificante. Buscar, indagar, leer y seguir leyendo, permiten salirse de la avalancha informativa o desinformativa a la que se está expuesto. Por eso es importante mirar con ojos de asombro, de admiración, a  personas que han dejado un gran legado profesional y humano.

Al acercarnos a ciertos profesionales que han trabajado en pos de una sociedad mejor, siempre queda ese sinsabor al preguntarnos, qué tanto fue valorado por su generación y qué tanto lo harán las venideras.

Quizá alguno de sus caminos pueda ser recorrido por muchos jóvenes que al igual que ellos, encuentren en este mundo mucho para hacer y ofrecer a los demás. Reflexionar sobre la vida y el trabajo de algunas personas lleva a pensar que aún quedan esperanzas en un mundo caótico, que resalta lo efímero y lo mediático del show cotidiano.

 

MÉDICO Y ESCRITOR| Considerado uno de los grandes divulgadores científicos, el neurólogo y escritor británico Oliver Sacks es considerado un hombre sabio, que a lo largo de su vida se dedicó a entender su existencia y a transmitir sus experiencias como médico. Quizá su propósito principal fue trasmitir que las personas lograrán aprender de sus errores, a vivir con sinceridad, fieles a cada uno, con errores sí, pero siempre con integridad.

Sacks nació en Londres y vivió en la capital británica los bombardeos nazis durante la II Guerra Mundial. Sobre esta experiencia escribió un gran artículo en The New York Review of Books, titulado “Habla memoria”, en el que explicaba los complejos mecanismos de la memoria. Sus libros le proporcionaron reconocimiento mundial. Este neurólogo compaginó su trabajo de médico con el de escritor, y publicó algunas obras magníficas sobre el funcionamiento del cerebro.

El gran mérito de Sacks es haber hecho entendibles al gran público conceptos que habitualmente están reservados a neurólogos Uno de sus trabajos fue sobre el autismo. El autista que se acerca al lenguaje a través del dibujo –”El artista autista”. El personaje de este libro, lograba conexiones directas a través de su capacidad para dibujar. Su reto como científico era darle una oportunidad, buscar formas para guiarlo y lograr que encontrara una vida plena en su diferencia radical. Ese fue su objetivo como científico y como escritor.

Sacks se dedicó a entrelazar ambas situaciones, en historias clínicas de sus pacientes. Por ejemplo, el caso de 20 de sus pacientes afectados por la epidemia de encefalitis letárgica en los años sesenta, lo llevó a escribir uno de sus grandes trabajos, “Despertares”, libro que inspiró documentales y le interpretó el fallecido Robin Williams en el cine, obteniendo tres candidaturas al Oscar en 1990.

Como todos, tuvo sus sombras que fueron en definitiva lo que hicieron de él, una persona rica en saberes, experiencias, logrando ser para muchos, un gran ejemplo de vida.

De acuerdo a su biografía, se dice que Sacks vivió su infancia en el barrio judío de Cricklewook en Londres, que sus padres eran médicos, que fue rechazado por toda su familia debido a su homosexualidad, así como por su pasión por las motos, su religión y una larga lista de sucesos que fueron diseñando al ser humano en el que se convirtió.

Quienes conocen su obra lo catalogan de genio, por esa capacidad de ver lo que nadie ha vista donde todos están mirando. En la historia de la humanidad hubo muchos, algunos de ellos olvidados y nunca reconocidos por su genialidad. Y precisamente la genialidad de Sacks estaba marcada por ver cosas que frecuentemente pasan por alto los médicos, los escritores y los pacientes.

Su principal consejo a otros colegas era, “escucha minuciosamente y sin juicios a todos tus pacientes”. Entendía que siempre en la relación médico- paciente, el paciente es un ente pasivo, no existe un intercambio de verdadera información. Decía, “por más que se diga hay enfermos y no enfermedades”; sin embargo, no es nada raro presentar pacientes como números de cama o diagnósticos.

Sacks desentrañaba estructuras a través de su práctica médica pero también a través de su estilo literario, consciente y deliberado, ya que llegó a recomendar de manera explícita el registro en prosa de ideas y experiencias clínicas con objetivos científicos. Opinaba que, “los padecimientos lo serán menos si tenemos una actitud introspectiva y de aprendizaje”.

CONCIENCIA| Otros trabajos literario del Neurólogo, fueron por la misma línea, abordar los casos de los pacientes que trató en su carrera que, de acuerdo a testimonios de los propios involucrados, posibilitaron que sus vidas fueran transformadas positivamente por Sacks. Algunos de ellos, “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”, “Un antropólogo en Marte”, “Veo una voz” (Viaje al mundo de los sordos), “Alucinaciones”, entre otros.  

Más allá de la perspectiva científica, imprimió en sus ensayos un hilo conductor, el estudio de la conciencia humana, intentando desentrañar el origen y sentido mismo de la vida.

Indagó en temas como, qué nos convierte en seres humanos, el extraño viaje entre la mente y algo que podríamos llamar alma, ¿Cómo funciona la memoria? ¿Por qué y cómo vemos, ven los ojos o ve el cerebro? ¿Qué significa poder oír, escuchar lo que nos rodea? ¿Qué son el amor y el deseo sexual? ¿Qué dicen de nosotros las alucinaciones? ¿Hasta qué punto un autista está aislado del mundo en el que vive? ¿Nos define una enfermedad que padecemos? La búsqueda y conocimiento profundo de la psique humana

En ese devenir entre pacientes y escritos, llevó su vida  Sacks y paradógicamente un hombre que dedicó su obra a entender el funcionamiento de la mente humana, debió enfrentar como su última tarea, entender su propia muerte.

En su obituario, The New York Times cuenta una anécdota que resume bastante bien su forma de ver el mundo: recibía unas 10.000 cartas al año, pero respondía siempre “a los menores de 10 años, a los mayores de 90 y a aquellos que estaban en la cárcel”. Escribió en su último artículo  titulado “Mi tabla periódica”: lamentaba a la vez todo lo que se iba a perder ante la inminencia de su muerte –explicaba que ya se encontraba muy enfermo–; pero también celebraba la densidad de su existencia.

Una de sus frases más destacadas, fue la que publicó en “De mi propia vida”, que publicó The New York Times en medio de una conmoción global, donde decía: “Por encima de todo, he sido un ser con sentidos, un animal pensante, en este maravilloso planeta y esto, en sí, ha sido un enorme privilegio y una aventura”.

Su gran aportación es haber acercado a millones de lectores en todo el mundo a aquellos que la sociedad se empeña en tratar como diferentes y que Sacks siempre consideró iguales. Su gran  aporte fue además de su saber científico, ayudar a muchas personas a comprender la mente humana y cómo se enfrentan al mundo todos aquellos que preferimos ignorar. “No quiero parecer sentimental ante la enfermedad. No estoy diciendo que haya que ser ciego, autista o padecer el síndrome de Tourette, en absoluto, pero en cada caso una identidad positiva ha surgido tras algo calamitoso. A veces, la enfermedad nos puede enseñar lo que tiene la vida de valioso y permitirnos vivirla más intensamente”, explicó en una entrevista en 1996.

Su obra es una inmensa lección de solidaridad, “Nunca conoces realmente a una persona hasta que te has calzado sus zapatos y has caminado con ellos”. Sacks llevó así a que sus lectores pudieran caminar con muchos zapatos, los de un ciego, los de un pintor que ha perdido la percepción de un color, los de un autista, los de los sordos, todo desestructurado y hasta finamente divertido.

Quizá su marca desde la infancia fue el rechazo de su madre a su  homosexualidad, dejando un profundo concepto sobre la tolerancia hacia la diferencia, lo  que marcan todos sus ensayos.

Dijo en uno de sus últimos artículos, “no puedo fingir que no tengo miedo, pero el sentimiento que predomina en mí, es la gratitud. No tengo tiempo para nada que sea superfluo. Voy a dejar de ver el informativo de televisión todas las noches. Voy a dejar de prestar atención a la política y los debates sobre el calentamiento global. No es indiferencia, es distanciamiento. Debo vivir lo que me queda, de la manera más rica, intensa y productiva que pueda”.

 

Por Yudith Píriz