Los influenciadores de pensamientos (Elucubraciones semanales, edición 16/06/2020)

Le reconozco que es arriesgada mi apuesta de no comentarle nada sobre los temas del día a día, pero debo decir en mi defensa que me congratulo que sea así, ya que por momentos pasan tantas cosas que podrían merecer mención, que me resultaría difícil resumirlas en el mísero espacio que se le destina a elucubrar en este pasquín de pueblo. Dicho esto, le digo que es tiempo de comenzar el camino que nos lleve a descubrir nuestras propias fuerzas para afrontar este tiempo de insanía popular, en el que el humor y las libertades son un problema. El viaje empieza, si le interesa lo que acá se ha dicho hasta ahora, sígame y de alguna cosa le hablaré.

Vamos entrando en tema sin mucho preámbulo ¿Sabe cuál es el mayor problema de vivir en este siglo XXI? Que las preocupaciones ciudadanas cambian con cada nuevo posteo en las redes sociales. Por ello, los debates sobre los asuntos públicos no perduran en el tiempo y todo es abordado por arribita no más, porque con cada amanecer hay algo nuevo sobre lo que fijar opinión.

Entre usted y yo, le cuento que me asombra la capacidad de la gente de este tiempo para fijar posición sobre todo. Uno toda su vida ha buscado interiorizarse de las cosas antes de “meter cuchara” y resulta que era más fácil, que basta con tener cuentas en redes sociales, manejar en cada discusión dos o tres premisas (por ejemplo, la culpa de todo la tiene el FA o en los partidos tradicionales son todos corruptos), y después, irla peloteando con insultos, informaciones falsas o alusiones agresivas, hasta aburrirse del asunto y cambiar de objetivo.

Veamos algunos casos, porque la vida está hecha de ejemplos. Hace poco más de 15 días atrás hablábamos del fin de semana negro con los marineros muertos, los femicidios y los infanticidios ocurridos en Rocha. Todo el mundo se compungía en las redes, parecía una competencia por mostrar quién estaba más dolido, sobre todo por los marineros, porque lo de los niños y las mujeres sucedió allá lejos y en este país montevideano -céntrico, las muertes en el Cerro tienen más valor que las que ocurren en cualquier lugar del interior, aunque sean mujeres o niños.

Pero se olvidaron rápido del asunto, no hubo posibilidad de sacarle rédito político –ese, cortito y mediático, como se trabaja hoy en política-, y los medios y los “moldeadores de opinión”, encontraron rápido una nueva distracción. Apareció en escena la cuestión de los límites del humor, tras los dichos de un personaje radial de Rafa Cotelo sobre el departamento de Rivera. Otra vez, indignación, solidaridad con el pueblo de Rivera o respaldo al vilipendiado Cotelo; el “opinómetro” se disparó y cada uno detrás de su trinchera defendiendo su postura como si fuera una causa nacional.

Pero al momento de estar escribiendo estas líneas, también Rivera y Cotelo pasaron a un segundo plano y pronto serán olvidados. Ya no importan más, estamos esperando el nuevo escándalo por venir del cual todos van a opinar, pero uno que es medio lerdo y que le gusta masticar un poco las cosas, se queda esperando que como sociedad debatamos, que saquemos alguna conclusión sobre las causas de tantas muertes violentas o sobre el porqué de los ataques a la libertad de expresión en un tiempo en que se supone que disfrutamos de democracia plena. Pero no, eso queda para los “científicos”, porque el inmediatismo, la vida rápida –aún en aislamiento social voluntario-, nos exige de inmediato otra cosa. Y porque además, no hay que pensar demasiado, el que piensa pierde, como lo dijo algún sabio popular, cuyo nombre no recuerdo ahora.

Sabe, hablando de sabios populares, voy a tomarme el atrevimiento de citar a Alejandro Dolina, que en mejores palabras que este insignificante escriba de pueblo, expresa lo que intento transmitirle. Dice Dolina: “La ignorancia es mucho más rápida que la inteligencia. La inteligencia se detiene a cada rato a examinar; la ignorancia pasa sobre los accidentes del terreno que son las nociones a gran velocidad y jamás hay nada que le llame la atención. Así llega rápidamente a cualquier parte, especialmente a las conclusiones”. Es lo que le digo, en las redes todos tienen esa fabulosa capacidad de llegar rápido a conclusiones.

Por eso ahora están de moda los “influencers”, que no son más que tipos y tipas con pereza intelectual, que en lugar de tener la disposición o capacidad de elaborar un texto, se ponen frente a la camarita de la compu o del cel y se mandan largas diatribas sobre los asuntos del momento. Hay quienes se especializan en alguna temática, la mayoría no tiene ni idea sobre lo que hablan, no tienen base documental, estudios o trabajos científicos en los que respaldarse, solo hablan porque tienen boca y porque, por suerte, son libres de hacerlo, pero sabe qué, terminan siendo peligrosos, porque siendo formadores de opinión, deforman todos los mensajes y trivializan la realidad.

Y lo peor de todo, es que muchos de esos “influencers”, ganan bastante dinero con solo mover la boca frente a la camarita, mientras uno vive rascando los bolsillos para llevarla en la diaria. Pero bueno, más allá de la “envidia” que eso puede generarle a uno, el mensaje de estos influenciadores, llega a un público dormido, perezoso y extremadamente influenciable por lo visual, para el que algo no existe si no lo vio en una pantalla, en lo posible moviéndose.

Obvio es que un escriba como yo soy el menos indicado para cuestionar las perezas intelectuales de los demás, si vivo de ir planteando las discusiones y cuando la cosa está empezando a complejizarse, opto por la huida. Usted lo ha percibido un montón de veces que cuando es momento de entrarle a la cuestión de las soluciones, tomo mis “petates” (es decir el bolsito), y me mando a mudar. Algo de eso estoy haciendo ahora que ya me estoy quedando sin mucho para decir, aunque no puedo retirarme sin hacer alguna acotación final.

No por opinar mucho y sobre todo, uno es más inteligente, quizás lo mejor sea ir interesándose por temas, no deje que la/o lleven de un pozo al otro. Lea, investigue, cuestione, no asuma que todo lo que vea es verdad (tampoco que todo es una mentira), el mundo es mucho más complejo que el blanco y el negro. Está lleno de grises y también hay arcoíris multicolores (sin alusión a la coalición), en la diversidad está el secreto de una sociedad sana.

Déjese de odiar, no permita que lo lleven al fango; sea inteligente, apueste a entender al otro y aprenderá a no ser engañada/o por los desinformantes del siglo XXI. No crea en los guruses del internet.

Ya es tiempo de emprender la retirada, en siete días vuelve la columna elucubradora, que sigue en la línea iniciada desde que fue creada, ironizar sobre el presente, soñando en que habrá un mejor mañana. Hasta ahora nos hemos equivocado, igual lo seguimos intentando testarudamente. Hasta la próxima.  

Por Javier Perdomo.