La tecnología en el banquillo de los acusados

Tal vez si nos hubieran dicho décadas atrás, cuando de niños jugábamos con autitos y muñecas, trompos y pelotas, que en el futuro gran parte de los niños del mundo sustituirían esos juegos por aparatos electrónicos, juegos virtuales y teléfonos móviles, que además tendrían cámara de fotos, y se podrían comunicar con cualquier lugar del planeta al instante, muchos no se lo hubieran creído ni siquiera, en sus más locos sueños. Hoy es una realidad a la que nadie escapa y que convive en los hogares de cada ciudadano del mundo, salvo pocas excepciones.

La tecnología, sin juzgarla como buena o mala, y sólo viéndola como una diferente forma de concebir el mundo, se ha ido entrelazando en la vida de todos. Si bien coincidimos que son de gran ayuda, sobre todo para los avances de la ciencia, la medicina, o las comunicaciones, también es real que presentan su otra arista, que para muchos expertos, no es tan beneficiosa.

Refiriéndose en concreto a los aparatos de alcance público, como celulares, así como a las redes sociales, desde diferentes investigaciones, creen que más que una ayuda han comenzado a sustituir momentos, encuentros, abrazos y juegos, con las consecuencias que esto conlleva y en un camino ya si retorno.

 

INVESTIGACIONES | Muchos especialistas critican la sobre exposición a las redes sociales, lo que estaría provocando preocupantes cambios en las personas de este tan controversial siglo XXI. Incluso para muchos de los propios creadores de las redes, estos inventos están cambiando las interacciones humanas y lo más preocupante, están provocando serios problemas en la conducta de las personas. Los móviles y las redes sociales, han acaparado todo, sustituyendo muchas veces a las presencias. Si todo es virtual y esto continua avanzando, dejaremos en cierto momento de ser seres sintientes y expresivos, lo que causaría, la auto destrucción de la especie como tal.

Y esto ya lo están advirtiendo, por ejemplo, quienes crearon una de las más utilizadas redes sociales, Facebook, afirmando que el objetivo principal fue crear una cada vez mayor dependencia, al igual que sucede con cualquier otro tipo de adicción.

Para los expertos, se trata de un fenómeno dramático, que tendrá, a corto plazo, consecuencias inesperadas y preocupantes, sobre todo, en el cerebro de los niños.

El psicólogo Ethan Kross de la Universidad de Michigan, realizó junto a otros especialistas un trabajo que arrojó como resultado que las redes sociales, cuanto más se usan, más tristeza causan, entendiendo que aquellas personas que están conectadas diariamente y por varias horas, les provoca infelicidad, volviéndose tristes y solitarios. “En apariencia, proporciona un recurso inestimable para satisfacer la necesidad humana básica de conexión social, pero en lugar de mejorar el bienestar, hemos encontrado que el uso de Facebook predice el resultado opuesto, lo socava”, argumenta el Psicólogo.

Para Kross y los demás participantes del trabajo, el resultado es relevante. Estuvo dirigido a 82 adultos jóvenes, todos ellos propietarios de teléfonos inteligentes y con cuentas de Facebook, con los que se estableció un sistema de muestreo, sobre lo que pensaban, sentían y cómo se comportaban en cada momento en su vida diaria, a partir de mensajes de texto aleatorios, cinco veces al día, durante dos semanas. Concluidos los estudios, pudieron demostrar que “cuanto más se usa la red social, peor te sientes después” y que por el contrario, descubrieron que las interacciones directas con otras personas llevaron a la gente a sentirse mejor.

El periodista británico Andrew Sullivan, daba su enfoque sobre el uso de las redes sociales: “Todos entendemos las alegrías de nuestro mundo siempre conectado…, las risas, la información… Pero apenas estamos empezando a darnos cuenta de los costos. Las redes sociales, forman parte del sistema capitalista al que le interesa ganar y crecer, pero cuando este sistema sólo se base en ello, olvidando el bienestar de las personas, pasa a ser tan nefasto como macabro”.

Cree que lo prioritario es generar ganancias y para ello, lo fundamental es que las personas se vean atraídas primero y enganchadas o adictas después al producto. “Los ingenieros y diseñadores de Google, Facebook, Apple, Amazon y demás, ganan por hacer productos que capturen la atención de los usuarios”, dice. Según advierte, la tecnología digital ha creado “una economía de la atención”, la que se sostiene apelando al sistema de dopamina del cerebro. La dopamina es el neurotransmisor que está involucrado en el circuito del placer en el cerebro”

 

DESDE LA FÁBRICA | Varios expertos que han trabajado en la creación de gran parte de las redes sociales, opinan que las mismas, tienen serios riesgos para los usuarios. Para muchos la comunicación virtual genera “la canalización de la amistad, el culto a la personalidad ficticia, la sobreexposición y la ansiedad”, lo que tendría serias repercusiones en la mente de las personas y en su bienestar.

En una entrevista realizada a diversos ex empleados de los grandes gigantes de Internet, aseguran que además de renunciar a sus puestos de trabajo, comenzaron a modificar sus hábitos para volver a tomar control de su atención, restringiendo el uso de aparatos en sus familias. Queda claro que los expertos saben que estar conectados constantemente provoca cambios negativos en la forma de sentir, percibir y ser, por lo que muchos comparan a la tecnología digital con una “mala droga”.

Las voces más calificadas son las que conocen los detalles desde dentro, el cómo se programan y diseñan estas tecnologías.

Tristan Harris, es sólo uno entre un importante grupo de ejecutivos, programadores y diseñadores de empresas como Google, Facebook, Twitter y demás, que están dejando sus puestos, apagando sus aparatos y advirtiendo sobre las profundas consecuencias que tiene esta tecnología.

Harris, uno de los más duros críticos del sistema y dice: “La tecnología digital se ha convertido en una adicción global que ha secuestrado nuestras mentes” y compara los smartphones con máquinas tragamonedas, llenas de lucecitas y sonidos. “Como estas máquinas, la tecnología se hace adictiva con la promesa de una recompensa, lo cual genera dosis intermitentes de dopamina”, dice y no entiende, cómo sabiendo esto, no existe ninguna advertencia de sus efectos.

“Esto es, una economía basada en la captura de la atención de los usuarios (antes llamados consumidores), la cual se traduce en datos que pueden ser vendidos”, cuenta.

Harris dice que las plataformas de Internet funcionan de manera similar a los casinos, jugando con los estímulos de una “recompensa variable”. “El motor detrás de la tecnología digital que nos parece irresistible y fabulosa es justamente enfrentarnos cotidianamente con la posibilidad de que algo nos produzca placer y nos dé sentido…y eso es lo que los hace tan adictivos”.

Por ello, sugiere Harris que “debemos generar un código hipocrático entre diseñadores y buscar primero no dañar, antes de ganar más dinero…Quizás también, en un futuro, tener aparatos con advertencias en sus paquetes, como hoy las tienen los cigarros”, expresa.

Los datos son ya el recurso más valioso en el mundo, superando al petróleo. Steven Kotler, autor de un libro que investiga cómo la dopamina está alimentando la economía, sugiere que “alterar los estados de conciencia es una manera sutil el motor de la economía mundial. En esta industria, están involucrados el porno y las redes sociales. Kotler advierte que, a diferencia de lo que ocurre con el alcohol y las drogas, “donde existe una legislación y restricciones para su consumo, no tenemos regulación en el porno y las redes sociales. Estamos exponiendo a niños y adolescentes a potenciales drogas adictivas sin darles herramientas para defenderse de ellas”, opina Kotler.

A su vez Justin Rosenstein un ex ejecutivo de Facebook, que desarrolló el botón de like (“Me gusta”: “brillantes golpes de seudoplacer”), el que fue un gran éxito, asegura que “el Like hizo que las personas disfrutaran de recibir cada vez más aprobación social. Con ello, Facebook capta datos valiosos de sus preferencias, como en qué momento los adolescentes se sienten inseguros, tristes o vulnerables, y monitorear en tiempo real las emociones de sus usuarios, es muy preocupante”, dice Rosenstein que agrega que “las personas se la pasan todo el tiempo distraídas. Asegura que ha limitado el uso de Facebook y se ha prohibido estar en Snapchat, al que llama “heroína digital”.

Otro de los críticos, Roger McNamee, un inversionista de Google y Facebook, dice que estas compañías “acreditan que están dando a los usuarios lo que quieren, pero lo mismo puede decirse de las compañías de tabaco y los vendedores de drogas”.

Según él las personas que dirigen Facebook y Google son buenos tipos, cuyas estrategias bien intencionadas llevan a consecuencias horribles no intencionadas. Todo acaba siendo un problema del modelo económico insaciable, basado en generar más ingresos a como dé lugar y no prosperidad real”.

James Williams, publicista de Google, señala que estamos presenciando “la más grande, centralizada y estandarizada forma de control de atención en la historia de la humanidad, mitigando con ello, la voluntad humana”.

El diseñador Loren Brichter, que creó el mecanismo “pull-to-refresh” de Twitter, dice “tengo hijos ahora y me arrepiento… Twitter es adictivo. Esto no es algo bueno. Cuando estaba trabajando en los diseños, no era lo suficientemente maduro como para darme cuenta de esto”, dice Brichter.

 

FELICES | Otro de los estudios es de The Happiness Research Institute, el que concluye que en solo una semana, las personas que dejan de utilizar Facebook se sienten más felices, menos preocupadas, tristes y solas y que esto se debe a que además de los sentimientos positivos, notaron un incremento en su actividad social cara a cara, más concentración y menos pérdida de tiempo”.

En trabajos realizados por la Universidad alemana Humboldt, se concluyó que “una de cada tres personas se siente mal y más insatisfecha después de visitar Facebook”.

Esto sucede debido a que “los usuarios de las redes sociales solo muestran en sus perfiles la parte de su vida que les interesa que los demás vean: las buenas noticias, las personas publican solo las cosas buenas que les pasan, las fotografías retocadas…Proyectan una vida irreal que hace que la mitad de los usuarios envidien las experiencias que otros comparten en sus perfiles y esa envidia, deriva en frustración, amargura y soledad. El bienestar de los usuarios está condicionado por lo que piensan los demás y el número de likes que consiguen al final del día”, afirma el estudio.

Las redes sociales parecen una nueva religión a la que acuden todos en busca del paraíso perdido, “la religión de la tecnología”. Teniendo en cuenta todas las opiniones, podría pensarse que se está frente a un problema real, del que ya nadie puede escapar, sólo que así decida hacerlo.

 

Por Yudith Píriz.