Libertad, dpto. de San José, Rep. O. del Uruguay

Última actualización: hace 8 horas


08.08.2017 | Sociedad | 351 lecturas




Borgunder Juniors: los 30 años de un mostrador con tradición

Borgunder Juniors: los 30 años de un mostrador con tradición
Carlos Borgunder y sus 30 años tras el mostrador.

En medio de una mañana de viernes que pinta agitada, Carlos Borgunder corta chorizos, mondongo y verduras, preparando el plato del día, mientras responde a los pedidos telefónicos. Es día de buseca y los comensales diarios ya lo saben; llaman y dicen simplemente “mándame una”. No es cualquier momento, para el bar Borgunder Junior, es que este martes 8 de agosto, se cumplen 30 años del día en que un gurí de 19 años, a impulso de su padre, comenzaba un emprendimiento propio.

Por supuesto que aquel Borgunder Junior de 1987 no tiene nada que ver con el de ahora. El lugar surgió como un espacio de disfrute para las nuevas generaciones que recién estábamos saliendo a la calle en el pueblo. Rock y pop como música de fondo, tragos, juegos, ajedrez y punto de encuentro para tomar un té, un café o algún alcohol. Las tardes de invierno, pegados a los ventanales, con un té, un café y algún cigarro suelto compartido en medio de una partida de ajedrez, deben ser uno de los recuerdos más vivos para decenas de adolescente y jóvenes de aquellos inmediatos años post dictadura, hoy personas maduras que pintan canas y que tienen hijos que acuden a ese mismo lugar de las primeras salidas de los padres.

Para Carlos Borgunder -“Carlitos”, como lo conoce todo Libertad y mucha gente que llega desde otros lugares-, la razón de la permanencia ha sido la capacidad de reinventarse, de ofrecer siempre algo nuevo, sin enloquecerse en grandes inversiones. “En 30 años han pasado 400 comercios como el mío”, dice “Carlitos” y recuerda que ha sido un permanente generador de públicos. “En un momento pensé que era una máquina de generar nuevos clientes y que después se fueran detrás de un amigo que abría un bar o un pub o algo similar”, comenta.

Tomó las riendas del comercio casi por casualidad, ya que su padre –otro referente en cuanto a permanencia al frente de un comercio-, había preparado el lugar para que lo trabajara un ex empleado suyo, pero a esa persona le surgió un nuevo trabajo y no lo dudó, así que el lugar fue para él.

Cuando él abrió, los únicos comercios similares en la Confitería de la Plaza (hoy con otro nombre), y la sede del Club Social El Asador, que estaba en un mal momento. Después, no había más nada, pero poco a poco surgieron otras propuestas, pero todas pasaron y Borgounder Juniors, allí sigue.

En las primeras épocas, todas las noches eran de fiesta. “Se llenaba hasta las manos, hacíamos un campeonato de ajedrez y esas cositas y movía mucha gente”, comentó.

LA COCINA Pero los tiempos cambian y las circunstancias personales también. Así que después que llegó el tiempo de conformar una familia y la noche dejó de ser la prioridad para “Carlitos”. Cuenta que en ese momento le dijo a su esposa que debía “inventar algo al mediodía, que le dé un poco más de vuelo, para compensar lo que se pueda perder en la noche. Jenni hacía una comida en casa, la traía en una olla, yo tenía un calentador y empezamos a dar comida al mediodía”.

Pero un día se dio cuenta que no podía seguir trabajando así y se tuvo que poner a cocinar él. “Yo no sabía un carajo de hacer de comer, no tenía ni idea, hasta que un día dije la tengo que hacer yo. Empecé con un libro de cocina que me dio mi madre, también especialista, de Cristina Scheck de Restano. Después comencé a hacer cursos con Beatriz Marino, cuando vi que ya no podía payar más, empecé los cursos”. Hoy es una referencia en platos diarios.

Borgunder Junior no fue nunca un sitio que tuviera muchos espectáculos en vivo, aunque de vez en cuando, algo hace y según Borgounder, es por una “satisfacción personal, porque después económicamente no rinde. Me encanta la música, todo, pero lo tengo que hacer mirando los números. A veces siento la necesidad de hacer algo, por la gente, pero no te da nunca”.

Recuerda “Carlitos” que a principios de los años 90 del siglo pasado había varios locales que tenían shows en vivo todos los fines de semana y él no hacía nada, porque sabía que era algo que iba a tener corto. “Yo no tenía a nadie en el local los viernes y sábados, pero sabía que ese furor no iba a durar mucho”. Y así fue, todas aquellas propuestas ya no están. Si eran muy importantes para él, la previa de los distintos bailes que han pasado en este tiempo.

Pero la noche ha cambiado, no hay salas bailables en la ciudad y la gente sale menos. “Está quieto en todos lados, anda poca plata. La inclusión financiera está influyendo, hasta que la gente no se acostumbre al sistema habrá dificultades”, comentó. Pero también influye que las costumbres han cambiado. Antes “yo tenía un buen televisor, pasaba música, videos, pero ahora todo el mundo eso lo tiene en la casa. La gente se citaba para encontrarse acá, se veían acá y de acá salían para San José o Montevideo, pero ahora con el celular, whatssapp, no es necesario el encuentro previo. Antes era el punto de encuentro. Ahora las casas tienen todo y vos tenés que sacar a la gente y a la vista está, que cuando hay un espectáculo se llena todo”.

EL CHIVITO Un diferencial de Borgunder Junior en estos 30 años han sido los chivitos, que según algunos comensales es de los mejores del país. Recuerda Borgounder, que “ni siquiera había visto hacer un chivito, pero los empecé a hacer y fui recibiendo opiniones, al que venía y me aportaba algo, lo tomaba siempre y ahí quedaba incorporado. Alguien le gustaba que le dorara el pan abajo, empezamos a calentar al pan a todo el mundo. Todo era aporte de la gente y después te vas perfeccionando. Los años son los años, en cualquier actividad. Si más o menos sos despierto y no sos dueño de la razón, tenés medio partido ganado, porque vas aprendiendo y mejorando”, dijo.

Carlos Borgunder dice que no quiere llegar al récord de su padre, el “Negrito”, quien estuvo 50 años al frente de un comercio. “He pensado en que ya van 30 años, voy a cumplir 50 años de edad y me encantaría dar un paso al costado, porque ya está, hay alguna nana tengo, las piernas duelen, pero hay muchas cosas que me lo impiden aún, aunque lo sigo manejando”.

Mientras siga en el local, trabajará “con toda la polenta hasta el último día”. Ahora, son tiempos de festejo, de celebración y por eso recibirá a todos los clientes y amigos en su local de la calle 25 de Agosto, para celebrar. “Yo no invité a nadie, cuando es el cumpleaños de un amigo, no necesito que me invite para ir a saludarlo. En este caso es lo mismo. Que vengan todos los amigos”, dijo Carlos Borgounder.

Por Javier Perdomo.








Periódico La Semana - ® 2001-2017 - Libertad, dpto. de San José, Uruguay - Hosting/desarrollo info@crearte.net.uy