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31.05.2017 | Sociedad | 141 lecturas




El libro, más vivo que nunca en el Liceo Libertad

El libro, más vivo que nunca en el Liceo Libertad
Diversas actividades se cumplieron en el liceo por el Día del Libro.

Ellos siempre están ahí, esperando pacientes. Son hijos de los humanos pero no comparten sangre, más bien comparten memoria. Algunos descansan en cómodas repisas hechas a medida y otros observan desde la mesa de luz o la superficie del escritorio. Su identidad, dicen algunos, está siendo cuestionada en este mundo de virtualidades, pero ellos continúan creciendo y reproduciéndose para introducirse en los hogares de forma casi imperceptible.

Muchos consiguen atrapar la atención de sus dueños con historias policiales o grandes encuentros amorosos; otros, más pragmáticos, prefieren ofrecer soluciones concretas en la cocina; pero también están los que optan por plantear grandes preguntas y los que construyen grandes respuestas a estas preguntas. Pueden permanecer inermes, casi muertos, por años, hasta que alguna mano, por lo general curiosa y ávida, les abre el pecho y pone en funcionamiento su sistema existencial.

Esta cualidad ha despertado miedo en los humanos, que no pocas veces han intentado hacerlos desaparecer, siempre de forma selectiva, en grandes fogatas. Pero como hijos del hombre, existe un amor incondicional y arcaico que resiste a los devenires de la historia y que florece, incluso, desde las cenizas. El libro celebró su día este 26 de mayo y el Liceo Libertad decidió dedicarle una semana proponiendo “la lectura como viaje”.

Por los pasillos se podía ver, entre otros, a Sherlock Holmes y a Martin Luther King recorriendo los salones para presentarse e introducirse brevemente. Los estudiantes de primer año proponían “otra mirada” sobre los textos clásicos mientras Carolina SIlva y Aldo Pérez, escritores locales, abrían un conjunto de charlas sobre la producción literaria para los quintos y sextos años. En paralelo, la biblioteca se fue transformando lentamente para dar paso a un Café del 900 donde Delmira Agustini, Roberto de las Carreras, Julio Herrera y Reissig y Horacio Quiroga rendían homenaje a los 100 años de uno de los hijos mayores de este último autor: Cuentos de amor de locura y de muerte.

CÁPSULA DEL TIEMPO El objetivo, contó Natalia Cicao a La Semana, profesora Orientadora, bibliotecaria y docente de Literatura, fue proponer a la Biblioteca como “cápsula del tiempo” y romper la estructura del programa de Secundaria que contempla literatura a partir de tercer año. Junto con Angélica González, profesora de Idioma Español y Literatura, apuntaron a que los autores nacionales se conocieran y difundieran de una forma “vivencial” entre los estudiantes de todos los grados. “Los best sellers no tienen que ver con autores nacionales, y menos los autores del 900”, dijo Natalia. El objetivo fue “contagiar el espíritu efervescente del 900”, la “agitación de esa época” y sacarlo “de esa parálisis que estos tiempos generan por los medios de comunicación tan invasivos”, agregó Angélica.

Mientras Roberto de las Carreras ensaya su discurso, pasado el mediodía del viernes, Angélica reflexiona para La Semana que “el libro sigue teniendo una fuerza y una efervescencia entre el público juvenil y adolescente que nos da cuenta de ese poder trascendente que tiene”.

“Acá hay una población que lee mucho, que viene y se interesa. A veces nos encontramos con algunos problemas respecto a que viene pidiendo títulos extra nuevos y nosotros no los tenemos, pero son lectores”, complementa Natalia. Es que “siguen teniendo esa avidez por leer”, continúa Angélica que interpreta en esta actitud “una reacción ese mundo invasivo y digital” que se transforma en “una necesidad de tocar algo que es real. “Eso es algo que las nuevas tecnologías no han podido anular, estar en contacto con las palabras”, dice. “Tomarse un tiempo para ir a la biblioteca y revisar está bueno, porque en un mundo tan vertiginoso, como en el que vivimos, estar un rato, abrir la biblioteca, fijarte, es un espacio que ellos se dan y que no se ha perdido”, concluye Natalia.

Esta propuesta, junto a otras actividades que se llevaron a cabo en esta jornada, como el certamen Abre Palabra y un concurso de cuentos, se propuso una vuelta al placer para que los estudiantes vean a la literatura “no solamente como un objeto de estudio, sino como un espacio fascinante”.

“Fue un día diferente, una semana de días diferentes. La recepción es genial, porque ven a los compañeros y a los profes en un lugar desde el que no lo conocían y eso contribuye a generar vínculos desde otro lado”, reflexionó Natalia, y agregó: “después de que terminamos la actividad en la biblioteca, hablábamos con Enzo Gussi, que interpretó a Roberto de las Carreras, y pensamos que muchos de los estudiantes que no sabían quién era el autor van a investigar o van a preguntar. La idea es acercarlos desde ese lado, desde el vivencial, porque a veces es letra muerta. La verdad es que ellos viven en un era diferente, a pesar de que en el liceo hay muchos gurises que son lectores y hay una cultura de la lectura bastante impuesta”.

PRIORIDADES Es que los desafíos de la literatura en Secundaria “son muchos” y enfrentan a los docentes a un “programa que es extensísimo y que es difícil de cubrir”. “Tenés que fijarte objetivos, si querés que tus alumnos disfruten, se prendan a las propuestas o si querés cumplir el programa. Yo creo que las dos cosas son imposibles. Prefiero que disfruten, pondero lo vivencial y que se empoderen del texto”, explicó Natalia que observa que “a veces los textos les resulten anacrónicos”, pero es precisamente este el espacio donde comienza a funcionar “la parte creativa como docente de intentar tirarles un ancla para que se prendan y puedan disfrutar, aprehender y aprender, ambas cosas”.

Pero mientras la literatura busca como no perecer en las aulas, el arte sigue captando la atención de los jóvenes allá donde las instituciones no alcanzan; en el espacio íntimo del cuarto, en la libreta de apuntes que se lleva en la mochila o en la carpeta personal del ordenador. “Nos sorprendieron muchos que se destaparon a decirnos yo escribo. Había un grupo considerable de chiquilines que se animan a escribir y a preguntarnos qué se hace con lo que uno escribe”, contó Carolina Silva sobre las charlas que mantuvieron junto a Aldo Pérez con estudiantes de quinto y sexto, organizadas por otra profesora de Literatura, Analía Chichet.

“Creo que las épocas, aunque tampoco están tan distantes, tienen diferencias, pero creo que no se aggiorna es la educación. Siento que están leyendo lo mismo que leí y analizándolo de la misma forma que yo lo hice. No es una cuestión de los profesores, está hecho y punto, pero hay que darle una vuelta para mostrarles que es algo que podemos disfrutar. Uno de los gurises nos preguntó si teníamos presente todos los recursos literarios que ellos aprenden en el liceo, con todos esos nombres raros. Yo no sabía si decir lo que los profesores querían o la verdad. Obvio que dije la verdad, yo no los tengo para nada presentes, pero por naturaleza están ahí”, agregó Carolina.

La Literatura se sigue pensando, pero, mientras tanto, a 80 años de su muerte y a 100 de la publicación de uno de sus libros más famosos, Horacio Quiroga sigue encantando a las generaciones. “Ha sido un ícono de una generación que marcó la historia cultural de nuestro país, pero también un estilo de escritura que no se ha repetido. Es muy versátil. Tenés un niño de seis años al que le estás leyendo La tortuga gigante y vos estar leyendo La tortuga degollada. La figura de Quiroga muy fácilmente los atrapa a ellos (los estudiantes) por su vida trágica y porque a los adolescentes los atrapan las historias en Cuentos de amor, de locura y de muerte. Un bicho que le succiona la sangre a una mujer, por ejemplo, ese tipo de cosas resultan atractivas”.

Por Edward Braida.








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