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08.03.2017 | Sociedad | 46 lecturas




Jean Shinoda Bolen y el espíritu de Artemisa

Jean Shinoda Bolen y el espíritu de Artemisa
Jean Shinoda Bolen (foto web).

Un nuevo 8 de marzo, nos pone ante la expectativa o la duda sobre qué decir de la mujer, que ya poetas, escritores, músicos o pintores, no hayan dicho o expresado a través del arte. Desde diferentes concepciones y enfoques, se ha intentado mostrar la trascendencia del género femenino y su real valor dentro de la sociedad. En estas líneas, no queremos caer en tantos lugares comunes y repetidas frases hechas, sobre todo esas que vemos como slogans en las redes sociales. En muchas ocasiones, esas hermosas frases o versos que alguien escribió, en un tiempo y contexto determinado, pueden verse a diario, escritas con demasiada liviandad y escaso contenido, nada transmiten de especial y sólo se colocan allí como un “emoticón” más.

Quisimos homenajear a todas las mujeres, con un regalo más profundo y merecido, para lo que nos pusimos en el traje de una mujer que hurgó y profundizó, ordenando palabras y experiencias, para llevarlas a sus obras, con la intención, de provocar la reflexión acerca del poder que toda mujer posee. Mujeres creadoras, armadoras de historias, tejedoras de escenarios, buscadoras de vidas, han trascendido a sus tiempos y espacios, regalando su arte. La invitación, es a leer, esta u otras obras, traspasando los límites de una sociedad que ha olvidado hacer un alto tecnológico, y volver a la serenidad y al placer que ofrece siempre, una buena lectura.

OBRA Para buscar esos rasgos que toda mujer tiene y que, o no lo sabe o no lo muestra, nos adentramos en el trabajo de una escritora que desarrolló un muy rico trabajo, plasmado en varios libros referidos al tema del sexo femenino y su problemática. Jean Shinoda Bolen, psiquiatra, analista junguiana y autora del famoso libro “Las diosas de cada mujer”, muestra su especial y atrapante forma de escribir, en este caso, con su trabajo “Artemisa, El espíritu indómito de cada mujer”, uno de sus últimos libros, editado en 2015.

La escritora a la que ya hemos citado en este espacio, transmite su propia percepción de la valía de cada mujer y lo hace a través del arquetipo de la “activista”, la mujer indomable e indomada. La exquisitez y tacto para el manejo del tema, invitan a su lectura y llevan a la reflexión.

Con un juego de metáforas, introduce a varias deidades de la mitología griega, como Artemisa que es la diosa griega de la caza y la Luna, conocida como Diana para los romanos y la hermana gemela de Apolo.

Explica la autora que era la diosa protectora de las jóvenes y parturientas (la planta que lleva su nombre, la artemisa, era utilizada por las comadronas para aliviar el dolor de parto).

La relación de las mujeres con esta diosa, estaría dada a partir de una búsqueda de las relaciones igualitarias y fraternales con los hombres, un sentido de hermandad entre las mujeres, para enfrentar los desafíos que tienen, en una sociedad aún patriarcal.

Jean Shinoda entreteje también en la obra, el mito de Atalanta, haciendo así un recorrido por la psiquis femenina. Atalanta pertenece a un antiguo mito griego y su historia cuenta que al nacer, fue abandonada a su suerte, pero sobrevivió, según los antiguos narradores, gracias a la protección de Artemisa.

En ese aspecto, Atalanta ejemplifica el espíritu indómito que hay en la mujer cuando se niega a abandonar lo que sabe que le pertenece, esa fuerza y valentía surgidas de su espíritu interior que no se somete, aún en las condiciones más vulnerables de un ser humano. Evoca asimismo a la relación, otrora muy aceptada y reconocida de la mujer y la luna donde la menstruación, el embarazo y la menopausia, reflejan los tres estadios de la Luna y las tres fases de la gran diosa como doncella, madre y anciana sabia, en las que cada una de ellas, representa una fase de la vida. A través de metáforas, intenta llegar a lo profundo de cada mujer, a su propia esencia, y transmitirles la necesidad de tomar el poder de sus vidas, como verdaderas diosas.

“Las mujeres Artemisa suelen volverse activistas en defensa del feminismo, de la justicia social y en defensa del medio ambiente. Se ven llamadas a la acción por acontecimientos externos y por una reacción interior de hacer algo al respecto”, dice. Explica Shinoda que un arquetipo es un patrón, la forma de entender el interior de una persona, pero que esto no debe llevar a masificar ya que, una mujer es mucho más que su arquetipo, es única, como sus huellas.

En este magnífico libro, la autora pinta un retrato muy ameno de “mujeres Artemisa” públicas, de la actualidad, del cine o la política. Y muestra cómo dicho arquetipo ofrece un camino para que las lectoras, puedan orientar su búsqueda personal, hacia su auténtico Yo.

ENFOQUES La escritora, habla de mujeres luchadoras y guerreras que van tras sus sueños y que al igual que Artemisa, nuestra Mujer Salvaje, pueden tener objetivos o propósitos propios y perseverar. Es capaz de dirigir su energía hacia lo que le importa, siguiendo sus propias ideas y apartándose del camino común.

“Con lo de indomable me refiero a una actitud interior: ni a base de palos me rindo yo. Las mujeres y las jóvenes con este arquetipo, que han sido apaleadas, violadas, despreciadas, acosadas física o emocionalmente, quizá no sean capaces de rebelarse contra quien hace uso de su poder en perjuicio de ellas, pero en lugar de identificarse como víctimas, piensan en cómo sobrevivir. Las mujeres indomables han superado desafíos físicos y han perseverado…, soportando tratamientos contra el cáncer o negándose a rendirse y a ser consideradas unas discapacitadas. Indomable es seguir adelante a pesar de las dificultades. El espíritu de Artemisa es esa parte de las mujeres que no se somete”, explica.

La relación que establece entre la mujer hoy y la mitología griega u otros hechos históricos, se puede ver a través de todo el texto y es en definitiva, el hilo conductor del mismo. “Cuando el movimiento de liberación de la mujer puso el punto de mira en el patriarcado, para mí quedó muy claro que nuestra cultura era la del monte Olimpo, en el que Zeus, con sus truenos, era el rey de los dioses…por medio de violaciones, seducciones y engaños, también podía ser nombrado rey de los violadores. Cuando una cultura, un país, las empresas corporativas o las familias son capitaneadas por un Zeus, las alianzas, las intrigas, los amoríos y las ostentaciones de privilegios guardan un paralelismo con los mitos griegos”, explica.

Para Shinoda, todo comienza desde la religión, donde el monoteísmo acepta la dominación masculina porque “los hombres están hechos a semejanza de Dios” y …Eva surgió de la costilla de Adán para convertirse en su compañera. El resultado fue una larga procesión de mujeres con una posición inferior a los hombres…Eva o Pandora como representantes de las mujeres, tienen la culpa de haber traído los demonios a nuestro mundo. En los debates teológicos de la época medieval se preguntaban si las mujeres tenían alma”, explica.

Este aspecto, es lo que Shinoda intenta transmitir a las mujeres, el sentir el poder que tienen porque no se trata de un destino que nació con la raza humana, sino que fue modificado y se puede volver, si nos lo proponemos, a la concepción original. “No fue siempre así, porque antes del monoteísmo, lo femenino era realzado y venerado como divinidad y la mujer era la única y primera Diosa, la propia Tierra, era vista como femenina y sagrada, la Madre Tierra. Todo nacía del cuerpo de la mujer o la hembra, era la reencarnación de la divinidad femenina con destacada valía interior”.

Mucho se ha hecho, pero mucho más queda por hacer, en esa búsqueda hacia nuestro verdadero valor, en defensa de nuestra integridad y esencia, esa que nos han querido quitar, durante siglos y que cada mujer desde su lugar, puede recuperar.

“Las sociedades y las naciones patriarcales dominan el mundo. Las religiones, los negocios, la política, las instituciones con poder y prestigio son jerárquicas y los hombres están en lo más alto. Solo al margen de las culturas dominantes seguimos hallando sociedades matriarcales o matrilineales, que son fundamentalmente pueblos indígenas”, dice.

Entiende que la desigualdad se da como hace siglos, con algunos pocos cambios pero que depende del empoderamiento de las mujeres cambiar este parámetro. “Los movimientos de liberación de la mujer surgen del crecimiento ascendente de la conciencia y de la sensación de valía de las mujeres. Los círculos de mujeres en la vida contribuyen a las mujeres a encontrar su voz”, dice.

Shinoda inspira a esos círculos de mujeres y escribió “El millonésimo círculo”, en el que explica cómo nos podemos transformar a nosotras mismas y al mundo, basado en lo que se denomina la masa crítica. Este aspecto hace referencia a la importancia de que cuántos más círculos haya, con mayor rapidez se irán formando, tienen un efecto multiplicador. “Hasta que un día, se formará el metafórico millonésimo círculo que inclinará la balanza y terminará con el patriarcado”.

Su forma de ver el mundo y en particular el rol de la mujer en él, tanto en el pasado como en la actualidad, la han conducido a desarrollar una actitud además de crítica, esperanzadora con respecto a la igualdad y valentía. Dice Jean Shinoda: “pero lo que hacemos, salvar la vida o la mente de alguien, un árbol o un bosque que iba a ser talado, preservar el espíritu de una institución… Todo eso nos cambia. Nos volvemos más valientes, y probablemente ganamos en humildad… Cuando amamos aquella cosa o aquella persona que nos hemos comprometido en salvar, el corazón, la mente y el alma aceptan el compromiso y la vida adquiere significado y propósito”.

Su libro es una llamada al activismo, como dice, “una activista es una mujer que es consciente de que algo tiene que cambiar, cree que el cambio es posible y decide hacer aquello que se siente llamada a hacer. Se trata de tomar conciencia y hacer una elección y la mejor manera es hacerlo con amor, esperanza, perseverancia y optimismo”.Entiende que hoy, más que nunca, la mujer tiene la imperiosa necesidad de retomar su poder y que esa acción sería una experiencia tan transformadora, que la sociedad toda, hombres, mujeres niños, verían grandes y enriquecedores cambios en lo social, en lo económico, político y cultural.

“Me gustaría ver la igualdad y el poder de la mujer en todos los niveles, desde el personal al familiar pasando por las instituciones y las naciones. Creo que algo así terminaría con la violencia doméstica y con los conflictos armados como un medio de resolver disputas. Si las mujeres se ocuparan del bienestar y la seguridad de todos los niños estarían a salvo en sus casas, en las calles y en el mundo. Si las mujeres tuvieran el poder para tomar decisiones sobre cómo distribuir los fondos económicos en todos los niveles basándose en “la agenda de la madre (aquello que toda madre querría para su hijo trasladado a todos los niños)”, los pequeños no solo estarían a salvo, sino que podrían estudiar, contar con una buena nutrición…poniendo un énfasis especial en el bienestar psicológico, físico y espiritual y en la expresión creativa”.

Por Yudith Píriz.








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