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15.06.2017 | Cultura | 76 lecturas




Laura Falero: humor y feminismo

Laura Falero: humor y feminismo
La artista brindó un taller previo a su presentación del pasado sábado.

Mujeres en Libertad sigue con su ciclo de charlas en un intento de desmitificar la cultura hegemónica machista y esta vez fue el turno de Laura Falero, comediante y feminista, que propuso el humor como un discurso político que apunta, sobre todo, a mostrar la hilacha de ese micromachismo que se reproduce en los rincones más pequeños de la vida cotidiana, porque es allí donde se acumula el polvo y la suciedad.

Horas antes de la presentación de Varona, Falero se encontró con un pequeño grupo de jóvenes, algunos artistas, otros estudiantes, o ambos, y ofreció algunas reflexiones que nacieron de su trayectoria como humorista primero y feminista después.

Laura contó que empezó en la búsqueda artística desde muy chiquita y sus primeras conexiones en este sentido las tuvo con la música como pianista y cantante. El mandato familiar la vinculó con las artes escénicas en un ambiente familiar “libre y crítico” de padres “liberales y feministas”, un contexto nada común para la época.

“Las cosas eran de una forma en casa pero cuando salí me di cuenta de que el mundo era completamente diferente, ese hogar, con sus valores y su moral, era completamente diferente a las morales a las que me enfrenté cuando salí”, contó.

Falero comenzó una gran crisis a los 26 años cuando se dio cuenta, conscientemente, de que había “dormido” su deseo de dedicarse al arte porque “no había tenido el incentivo”, no “veía mujeres en el arte”.

“Inconscientemente había dicho que tenía que seguir las reglas, hacer una carrera, porque esto otro no era posible para mí”, comentó. El producto de esta “crisis hermosa”, donde se cuestionó su manera de vivir y sus mandatos familiares y se definió, ahora si, como feminista, comenzó a transitar la “experiencia de la risa” y el “humor como herramienta de comunicación”. Pero también ahí descubrió que su condición de mujer la afectaba, porque con su discurso comenzó a “chocar” con la moral hegemónica, machista y patriarcal.

“¿Por qué a la gente le causa horror cuando una señorita dice concha o pija? Porque está pagando para ver a alguien que cree en sí mismo, pero cuando la propuesta es otra corre el riesgo de descubrirse uno”, dijo Falero, que reconoció en su arte un humor “contestatario” que se separa del humor de entretenimiento, ese que acentúa los estereotipos de la sociedad.

“El humor de entretenimiento subestima al público porque hace un bien cultural para que todo el mundo se ría, pero hay más gente que quiere pensar”, dijo Falero en contraposición al “humor contracultura”, donde “siempre son pocos” actuando desde la marginalidad.

Falero comenzó entonces a profundizar en el humor en un país donde la mujer fue invisibilizada en este tipo arte, a diferencia de lo que sucedió del otro lado del Río de la Plata, donde fue colocada como un “objeto” de contemplación que acompañaba a los grandes capocómicos. “Me gusta el humor obsceno, que va al choque desde la oralidad, porque soy así (...) Cuanto más libertades empiezas a tener arriba del escenario, más miedo le causa al otro, le causa horror”.

La risa, dijo Falero, tiene algo que no tiene el drama, que es la reacción física, y desde ahí sale del “plano de lo solemne” para sanar. Aun así, la comedia, que está situada en plano de lo “infantil” y lo “banal”, fue creada por el sistema patriarcal y por tanto está enfocada al público masculino. “¿Cómo fucking hago?”, se preguntó Falero entre risas propias y ajenas.

“Ahí desarrollé mi comedia y cuando comencé a filmarme, me di cuenta de que me estaba masculinizando para que mi discurso llegara”. Construyó, explicó la humorista, una persona escénica que lleva el torso y los hombros hacia adelante, con los brazo ligeramente abiertos, porque quiere que se le “escuche” y no se le “vea”. “Como mujer entiendo en inconsciente colectiva, que a la mujer nunca se le creyó. La única manera que encontré inconscientemente de que se me escuchara, es ser masculina, pero en la vida no soy así”.

EL VARÓN Y EL FEMINISMO El machismo como un “valor cultural”, dijo Falero, lo tenemos hablado “en la intelectualidad”, pero en el interior “el tipo que mató a machetazos a su mujer no lo tiene claro”. “Sin ir más lejos -contó Falero- hice un show en el Club Atlético Wanderers que hace tres años hicieron una comisión con la finalidad intuitivamente de traer a la familia y a sus mujeres (...) Lo que ellos me decían en una charla así, de asado, es que ahora trajimos a las mujeres para que puedan hablar”. Se dio cuenta, entonces, que el discurso feminista está en un terreno súper “solemne”.

“¿Cómo llegamos a esa gente? Llegamos con la comedia, es una herramienta más”. El humor como arma desmitificadora necesita identificar el micromachismo en el humor políticamente correcto, ese que se ríe del hombre que “se rasca los huevos frente al televisor”, pero también del “puto” y de la maternidad.

“El sistema de salud invisibiliza totalmente a los padres. En la sala de maternidad el padre es un donante, el médico no lo mira, no lo incluye. La mujer va a parir y el tipo sigue siendo invisible para la medicina”, dijo y en esta tarea de identificar el micromachismo empezó a hablar con los hombres. “Un maestro varón me dijo: ¿No sabes porque las túnicas de las nenas se prenden para atrás y la de los varones para adelante? No, contesté. Porque las mujeres siempre son las que dependen y el varón es autosuficiente”.

Incluso, según le contó a Falero una enfermera, la vasectomía no es contemplada dentro del sistema de salud y las parejas tienen “naturalizado” que si no quieren tener hijos, es siempre la mujer la que tiene que ligarse las trompas. “El Estado no habilita la vasectomía así como así, incluso los centros de salud no las hacen porque se han comido denuncias de hombres que quieren revertir la intervención y no han podido. Tenés que irte a Río de Janeiro o a Buenos Aires”.

“El macho está en jaque y el hombre necesita encontrar una identidad”, porque su mandato “lo está matando”. Las mujeres, continuó Falero, “queremos que nos dejen de violar y matar, pero tenemos que darle un lugar a los hombres”.

EXIGENCIAS MASCULINAS Y citando la Teoría de King Kong, de Virginie Despentes, explicó a través de una pregunta: “¿Cuáles son las exigencias para ser un hombre de verdad? Represión de las emociones, callar la sensibilidad, avergonzarse de la delicadeza, de la vulnerabilidad; dejar la infancia brutal, y definitivamente los hombres infantiles no tienen buena prensa; están angustiados por el tamaño de la pija; saber hacer acabar a las mujeres sin que sepan o quieran indicar el camino que hay que seguir; no mostrar debilidad; amordazar la sensualidad; vestirse con colores apagados, usar siempre el mismo calzado ordinario; no jugar con el pelo; no llevar muchas joyas ni maquillaje; dar el primer paso siempre; no tener ninguna cultura sexual para mejorar su orgasmo; no saber pedir ayuda; ser valiente, por más que no tenga ganas; valorar la fuerza, sea cual sea su carácter; dar muestras de agresividad; tener acceso restringido a la paternidad; ser exitosos socialmente para pagarse las mejores mujeres; temer su homosexualidad porque un hombre de verdad no debe ser penetrado; no jugar con muñecas en la infancia; confirmarse con autitos y armas de plástico súper feas; no cuidar mucho el cuerpo; ser sumiso a la brutalidad de los hombres sin quejarse”, y la lista siguió.

“Está bueno centrar el debate en que el hombre tampoco el hombre puede elegir (...), tiene toda esta carga, este mandato, que es mucho, y que también hace que no pueda descubrirse. Acá entra el Estado, donde debemos discutir si es este el que debe regular las políticas de género, el capitalismo, porque el machismo es el capitalismo, y el entretenimiento”. El feminismo, entonces, es “mandar toda a la mierda” y ponerle “una bomba a las normas”.

Por Edward Braida.








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