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30.03.2017 | Cultura | 224 lecturas




Carlos López, el titiritero nómade que se instaló en Libertad

Carlos López, el titiritero nómade que se instaló en Libertad
Su local en Galería Fama, está plagado de personajes.

A través de una de las ventanas cuadradas de la puerta puede distinguirse un rostro de arcilla que toma forma bajo la luz tenue de la lámpara que cuelga del techo. Unas manos hábiles, expertas, trabajan con delicadeza el material, buscando las formas antropomórficas frente a la imagen del modelo. Aunque Carlos trabaja a todas horas, admite que la noche es su horario favorito para este proceso de creación. Es que el Paseo Fama ofrece tranquilidad y un ambiente sutilmente iluminado que permite “trabajar a gusto”.

Hace unos meses ya que el taller de marionetas irrumpió en este pasillo comercial que nace en 25 de Agosto. Los personajes, colgados de sus hilos, colman las paredes de la habitación y se confunden entre destornilladores, sierras y martillos. Las vitrinas, confeccionadas como pequeños escenarios, muestran una “escena de asesinato” a través de títeres vestidos con túnicas romanas.

Carlos López y Cristina Robledillo partieron desde España en 2013 rumbo una aventura que los llevaría desde California a la Patagonia. Cuatro años después, la travesía de un año se convirtió en una epopeya que desembocó en Uruguay. “La vida viajando es muy diferente a la vida sedentaria. El viaje estaba pensado hasta la Patagonia. Eso ya se hizo. Cuando estábamos en Buenos Aires pensábamos: ¿cuál va a ser el siguiente? Uruguay, venga. ¿Y el siguiente? Brasil. Pero acá han pasado unas serie de cosas que te hacen pensar que el viaje se ha terminado”, admite Carlos a La Semana.

Junto a Cristina han llevado por todo el continente el espectáculo ParaCirco de SOS Titelles, una obra donde viejas marionetas olvidadas son devueltas al escenario para mostrar sus habilidades a pesar de sus discapacidades.

A través del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), en agosto, setiembre y octubre del 2016 recorrieron varias localidades de todo el Uruguay, entre ellas Libertad, un sitio estratégico que generó cambios en Carlos. “Empiezas a sentirte en un sitio. ¿Lo del viaje no se habrá terminado? ¿No empezará otra cosa? Estoy en ese momento de cambio, de estar caminando a estar sedentario, y parte de eso es tener un taller, recibir a la gente, contar lo que hago…”, dice el titiritero, actor y director teatral.

“Todo se junta”, intenta explicar refiriéndose a las razones que lo llevan a establecerse en la ciudad. Una de ellas fue “tomar Libertad como sitio central desde donde partir a los demás lugares”, pero también admite que le “encanta vivir en Libertad”. “Llamo a los amigos y me preguntan dónde estás. Les digo que en Libertad, pero ahí has estado siempre, dicen. No, contesto, ahora estoy en libertad de verdad”, cuenta entre risas.

Uruguay lo está “sorprendiendo muy gratamente” porque “se nota que es un país de izquierdas en toda Latinoamérica” y eso puede verlo en “todos los aspectos en los que vosotros no os dais cuenta, yo si”. “Están en otra. Uruguay tiene sus cuidados, esos que suele tener la izquierda cuando gobierna. Puede ser moderada, pero es izquierda: se cuida la sanidad, se cuida la educación, la igualdad. Eso se nota. Me fui de España hace cuatro años cuando ya estaba gobernando la derecha y para los que nos dedicamos a la cultura, nos hace un daño terrible. Empieza a invertir poco, te empieza a menospreciar y en algún momento dado hasta puedes tener problemas”, narra.

SOS Titelles trabajó con todos los ministerios de cultura de los países que recorrieron en el continente y ahora preparan una presentación en el Teatro Solís para el 6 de abril en el marco del Día Mundial del Teatro para Niños y Jóvenes.

Mientras tanto, Carlos mantiene abiertas las puertas del taller que lentamente va “invadiendo” las habitaciones de su casa. “Taller he tenido toda mi vida”, continúa. “Para mi es el poder crear. Es tener todas las herramientas a mano para funcionar rapidito. A veces morimos en la idea porque no tenemos la capacidad para ejecutarla. En el viaje esta era una de las cosas que me faltaba. Lo teníamos todo en el camión. Nosotros nos imaginábamos hacer el taller dentro de la furgoneta y que la gente entrase y se construyera ahí una marioneta. En el minuto dos nos dimos cuenta que era imposible, más que nada porque no era operativo”, añade.

Carlos siempre compartió sus conocimientos y mantuvo los talleres a lo largo del viaje. Explica que un 30% de las personas que comienzan en taller terminan sus títeres. “Eso lo tengo medido”, afirma. Sin embargo, durante los talleres que desarrolló en Libertad a principios de este año batió un récord: 12 marionetas de 12 participantes. Para Carlos toda esta es una “idea medieval de los oficios” que permite que esta actividad se mantenga aún en tiempos donde “se ha visto muy afectada por las tecnologías de la comunicación”.

“A lo mejor por no saberlo explicar, por no decirle a la gente que no es lo mismo ver las cosas en vivo que verlas a través de una pantalla. Tiene otro encanto, otra poesía, otra poética. Ahí hay un trabajo amplio para hacer”, entiende.

Aun así, “esto es una cosa de amor, de sentimientos” que puede percibirlo cuando ve a los espectadores “con la boca abierta y mirando con esos ojitos de niños. Algo estoy haciendo, no sé qué, pero algo estoy haciendo. Les modifico la mirada, el gesto, y me quedo ahí, eso no lo voy a investigar”, agrega. Es que hacer una marioneta, teoriza Carlos: “es el proceso más antiguo de creación. Fíjate en la Biblia, ¿cómo creó Dios al hombre? Agarró un pedazo de arcilla. Pues lo mismo”, dice y ríe.

“La marioneta en concreto es una metáfora del ser humano” y en este sentido “estamos hablando de poesía”, porque “estas creando una poética del personaje” y ese es el viaje que propone el titiritero. Actualmente seis personas trabajan en Paseo Fama sobre sus personajes. No existen horarios ni cuotas, el dinero es voluntario. “Si te tiras por un personajes, vas a ir por ahí, aunque siempre sale la línea nuestra, la de nosotros, porque el personaje que mejor conocemos es a nosotros mismos. Si trabajas de una forma más libre, ves que se parece mucho a ti”.

Por Edward Braida.








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