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23.03.2017 | Cultura | 703 lecturas




Russia, la escuela teatral cofundada por el libertense Fernando Hernández

Russia, la escuela teatral cofundada por el libertense Fernando Hernández
Fernando Hernández en Russia.

Para llegar a Russia no se necesita visa. Hay que subir un par de escaleras de un edificio que se esconde entre las construcciones de la Avenida 18 de Julio. También hay que estar por llegar a las 18 primaveras y aguantar clases de lunes a viernes.

Russia no tiene muchos requisitos de ingreso, pero espera generar un proceso creativo que les enseñe a los alumnos a comunicar desde el alma. No se habla con esto de nada abstracto, sino del complejo proceso de pararse y mostrarse como humano, como una persona miserable y bella. Uno de los directores, El libertense Fernando Hernández, dialogó con La Semana, y explicó por qué la fuerza del nombre de uno de los imperios más grandes de la humanidad le calza perfecto a una escuela de actuación profesional.

La Semana: ¿Cómo surgió la idea de formar una escuela de actuación?

Fernando Hernández: Somos dos los directores, Ximena Rebella y yo. A mediados del año pasado surguió la idea más clara, yo siempre tuve el objetivo de formar una escuela, pero ella me lo planteó. Ella también tenía la capacidad de poder gestionar un espacio, entonces nos fuimos juntando, viendo bien qué queríamos. Hasta que conseguimos este espacio en diciembre y ahí empezamos a ponerle la impronta que queríamos, y vamos a seguir, porque también los alumnos se la van a ir dando.

La Semana: ¿Por qué los alumnos tendrían que venir a estudiar a Russia?

Fernando Hernández: No sé por qué tendrían que venir acá a estudiar, creo que la gente elige los espacios por distintas razones. Lo que nosotros buscamos es dar una formación bastante amplia desde el punto de vista actoral, no tenemos un perfil, pero ya por eso tenemos un perfil. A veces las escuelas tiene muy marcados los perfiles estéticos y apuntan muy al realismo o a una visión más simbólica. Nuestra idea es que el actor que salga de acá haga lo que quiera hacer y no quede dentro de un género.

Lo seguro que sí queremos es que eso que haga, que puede ser una publicidad de Coca-Cola o una obra vanguardista, que lo haga bien, que sepa lo que está haciendo y que pueda seguir creciendo. Pretendemos que cuando salga tenga capacidad de generar sus propios proyectos, que sepan de qué le hablan cuando le proponen algo y que tenga su propia cabeza. No me interesa que el alumno tenga mi cabeza, si que tenga determinada disciplina, que lo haga con seriedad y que su trabajo sea de calidad.

La Semana: ¿Durante la carrera el alumno va eligiendo lo que quiere hacer?

Fernando Hernández: La carrera es bastante abarcativa en cuanto a las corrientes estéticas, y según el año es el trabajo que hacen. El primer año es más un paneo general, en el segundo trabajamos con Anton Chejov y con William Shakespeare. En tercero damos Vanguardias y después nos vamos al Teatro Postdramático. En cuarto trabajamos Lenguaje Audiovisual, la idea es que armen su tesis y la puedan defender. Todas estas están vinculadas con actuación y metodología, pero hay materias que son satélites, que van variando según lo que se esté dando.

La Semana: ¿Tienen alguna materia que les enseñe a armar sus propios proyectos?

Fernando Hernández: Sí, Producción. No quiero que la gente salga de aquí y no sepa qué hacer. No quiero que la gente dependa de nadie y que se queden esperando que lo llame. La idea es que ellos salgan y sepan qué quieren hacer, de qué temas les interesa hablar, que se puedan presentar ante una sala, que tengan lineamientos para manejarse solos.No me interesa que sigan la cabeza de la escuela, queremos que los alumnos sean dueños de sus destinos. No me importa si hacen una novela venezolana o Teatro Callejero, porque eso es una decisión personal, lo que me interesa es que lo hagan bien, que este bueno para ellos, y que sea particular. Esto es también una utopía, tiene que ver con el objetivo de la escuela, pero después lo que te termina definiendo es la actitud del alumno.

La Semana: ¿Te parece que está bueno seguir formando actores?

Fernando Hernández: Me parece que está bueno formarse en las artes en general, a mi me cambió la vida. Cuando dije “voy a ser actor”, mi vida tomó otro sentido. Me hizo muy feliz. La actuación te nutre mucho sobre el ser humano. A veces es medio inestable, desde el punto de vista económico.

Es muy difícil poder vivir de la actuación, podes vivir de la docencia, o si entras en el cine. A veces el trabajo tiene muchas puntas, es duro, es una profesión sacrificada, pero lo que te devuelve es tan grande que no lo podes medir. Te encontrás con cosas tuyas y de los demás, hay cosas que se dan a nivel humano que son increíbles, y que te enriquecen espiritualmente.

Una vez un profesor me dijo que en el mundo de la actuación se ve lo peor y lo mejor de la persona. Lo peor de la persona es realmente jodido, pero lo mejor de las personas es realmente muy hermoso y muy grande. Eso te modifica y te pone en un lugar de felicidad y alegría, que te eleva del piso. No porque sos especial, te eleva humanamente, eso no tiene precio.

La Semana: ¿Por qué la actuación crea vínculos tan intensos entre las personas?

Fernando Hernández: Creo que es por el hecho artístico. A veces se dan flujos de energía, entre quien actúa y quien mira, o entre compañeros, se da una conexión muy especial. Eso te deja en un lugar muy vulnerable, pero lindo. Lo que siempre me shockea es poder verle el alma a la persona, y yo poder mostrarsela, para mi ese es un lugar sano. Te lleva a un lugar de humanidad donde quedan de lado montones de cosas que nos rodean, te saca de lo cotidiano y te pone en un lugar donde ves lo que es realmente importante y valedero entre nosotros en la tierra. Esto puede parecer muy “no sé qué”, pero es realmente así. (Dice entre risas, pero con la seguridad de las palmas de sus manos a la vista, puesta sobre la mesa).

Esto es parte de la impronta de la escuela, nosotros queremos que los alumnos puedan comunicar desde este lugar, para eso primero tenemos que llegar a ese lugar y después poder comunicar desde ahí. Tratar de expresar desde el alma, y logra esconder mi “ser social” por un rato.

Por Karen Parentelli.








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