En la zona de Kiyú había población sedentaria a la llegada de los europeos, según investigaciones arqueológicas

En diálogo con La Semana Laura Beovide dijo que los trabajos realizados en estas jornadas “son la continuación del estudio de Kiyú que empezamos en 2003 donde identificamos una serie de sitios arqueológicos, uno de ellos lo excavamos en la zona de Ordeig y dio un fechado de entre 1600 y 2000 años antes del presente, ahora estamos estudiando otro sector de la costa, otro sitio arqueológico y también estaremos determinando qué antigüedad tiene”.

A propósito la investigadora dijo que “este sitio es un sitio que nunca fue estudiado, habían referencias, en el Museo Nacional de Antropología de algunos objetos o instrumentos de piedra y algunas otras cosas como cerámicas pero no tenemos la ubicación exacta de los lugares u otras informaciones, solamente la importancia de esos objetos, entonces ahora fuimos al lugar, identificamos donde posiblemente estuvieran saliendo los vestigios y en estos días estamos obteniendo información muy interesante, no solamente por la recuperación de objetos de cerámica, que aunque están fragmentados podremos reconstruirlos, restos de tallado de instrumentos, pero también mucha fauna quemada, que significa el consumo de esos animales, como también restos de objetos formatizados de adornos en piedra que no habíamos encontrado hasta ahora”.

Beovide dijo que aunque “no es novedoso encontrar animales quemados, no habíamos encontrado restos de ñandú por ejemplo, o partes de huevos de ñandú que no estaban presentes en otros sitios, si pescado, pero nos resulta novedoso el tipo de fauna que se está encontrando, llaman la atención porque estamos en un sitio costero y aparece el consumo de animales que son de pradera, llama la atención por el territorio en el que estamos investigando”.

Sobre la antigüedad de estos nuevos hallazgos, Beovide explicó que “el fechado que teníamos para el área es de 2000 años, suponemos que esto es similar o posterior, más cercano al momento del contacto hispano-indígena, pero no tenemos más referencias, porque en realidad los objetos son similares a otros que hemos encontrado en la región, no podemos decir que sea diferenciable, pero lo que estamos encontrando e identificando nos va a permitir fechar la ocupación del lugar”.

La especialista estimó que “quizás en unos meses ya sepamos de qué tiempo hablamos de estos restos, porque tenemos los recursos como para dar la cronología de ese lugar a través de estudios de adns y Carbono 14 en laboratorio”.

EL SITIO| Beovide agregó que “es muy interesante lo que estamos estudiando ahora, nos pareció un sitio con mucha potencialidad de estudio, tal vez para unos años de seguir investigando el área, es un sitio muy extenso que tal vez esté reflejando una ocupación, como una aldea por un espacio de tiempo importante”.

Las teorías sobre la característica nómade de los antiguos ocupantes de estas tierras parecen tambalearse. Beovide dijo que “nosotros venimos estudiando el área desde el año 98, no solamente el área de Kiyú sino una zona más amplia que abarca la cuenca del Santa Lucía, Mahoma, la costa, y los fechados más antiguos que tenemos son de más de siete mil años, y ya en siete mil años aparece un proceso de manejo de las plantas, es decir que no solamente la caza y la recolección sino también el manejo de plantas, no cultivo en principio, sino recolección en sectores específicos, generación de espacios donde se recolectan determinadas plantas que posteriormente llegarían a ser cultivadas”.

Según Beovide, se ha constatado que “el uso del junco y la totora comenzó hace unos 5 mil años, también la harina de achira, que es una planta común pero que ha sido cultivada en buena parte de América, también el zapallo, luego en el entorno de 3 mil años encontramos el maíz, entonces hablamos de horticultores hace 3 mil años y también hace 5mil con otro tipo de plantas diferentes al maíz”.

Eso indica que al llegar los europeos “ya habían poblaciones más sedentarias, donde la movilidad tal vez esté vinculada a la búsqueda de materiales líticos (piedra), para la talla, pero hay una movilidad vinculada a los recursos, pero quizás el cambio de los asentamientos sea mucho menor, demoran mucho más tiempo en mover los asentamientos a otros sitios”.

Beovide explicó que ”si uno compara la historia de los grupos indígenas, no siempre la movilidad estuvo vinculada a los alimentos, existen cuestiones familiares, propias de los grupos, guerras, conflictos, hay también alianzas, no es tan simple como el decir que se movían porque les faltaban alimentos”.

En tal sentido la investigadora agregó que “nosotros, después de descartar la parte de los alimentos, comprobando que tenían alimentos, si cultivaban, concluimos que se movían por otras cosas”.

PRESERVACIÓN| La investigación que se viene desarrollando es muy importante y la determinación y protección de cada sitio intervenido es vital para los resultados en el corto y mediano plazo. Beovide dijo que “nosotros también trabajamos con la Comisión Nacional de Patrimonio, que es la que regula la posibilidad de estudiar un área, hay que tener un proyecto, hay que determinar dónde irán los objetos, porque se trata de un patrimonio de todos los uruguayos, después que tuvimos la autorización de la Comisión fue que comenzamos con la investigación del área, nosotros, cada vez que investigamos un nuevo lugar debemos informarle porque ellos llevan un inventario de sitios que hay en el país, esa es la protección que se hace del patrimonio por disposiciones de la Ley 14040”.

Además, prosiguió Beovide, “otra forma de proteger el área es con los lineamientos del Ordenamiento Territorial, se identifican zonas de protección arqueológica donde no se pueden hacer determinada cosas, también se pueden proteger con proyectos de Turismo Sustentable” y en ese sentido agregó que “ahora ganamos un proyecto con fondos de Naciones Unidas y PNUD conjuntamente con el club Campana de Libertad y suponemos que el año próximo se establecerá un sendero Eco-Arqueológico en Kiyú donde se podrán conocer todas estas cosas que estamos investigando, será en el Camino del Indio que es un sitio que nosotros investigamos en 2003”.

Pero la gente común que visita el balneario también puede aportar a la preservación de ese patrimonio arqueológico. La investigadora dijo que “hay que explicarle a las personas que cuando retiran un elemento arqueológico de algún lugar, no sólo se daña lo que se retira, sino que además se destruye todo el contexto donde están los materiales, yo digo que los arqueólogos no somos como Indiana Jones, sino más bien tipo detectives CSI porque es el todo que hay en el sitio lo que nos da mayor información”.

Cada sitio es, según Laura Beovide, “como la escena de un crímen, el sitio donde estamos ahora investigando es un sitio que las únicas alteraciones que tiene son naturales, no ha sido alterado, ahora está sellado, esto no quiere decir que en el futuro, cuando se den todas las condiciones, no pueda ser mostrado, pero antes debemos generar las condiciones, creo que todavía los uruguayos aún no tenemos cultura  para proteger estas cosas, además son materiales de mucho valor para la investigación pero no para su venta”.

Consultada sobre la existencia de sitios bajo el agua, Beovide dijo que “no se han determinado sitios sumergidos, si cuando hay bajantes la gente ha encontrado alguna cosa, está pasando que algún sitio se erosiona, las personas han encontrado y lo ideal sería que se pudiera de alguna manera identificar bien el lugar”.

En ese sentido agregó que “eso sería como una recomendación a la gente que pueda encontrar algún material y comunicarnos, para poder determinar las coordenadas para después ir al lugar, esa sería una excelente forma de colaborar con las investigaciones” y consideró que “en el futuro también pueden crearse tipo brigadas del patrimonio, la gente se puede involucrar en las investigaciones guiados por arqueólogos y también puede involucrarse en el cuidado en general de los sitios”.

CIRAT| Los materiales extraídos en los sitios de Kiyú se mantienen en el “Centro de Investigación en Arqueología que está en Ciudad del Plata, que es el CIRAT (Centro de Investigación Regional Arqueológico y Territorial) que se estableció en 2014 por un convenio entre el MEC, la Dirección para el Desarrollo de la Ciencia y el Conocimiento y la Intendencia, allí funciona todo el año, uno puede llamar y aportar datos para que luego vayamos nosotros a cada sitio, se trata de ir armando un puzle que además servirá a futuras generaciones de investigadores, es como hacer un mapa de una zona que tiene más de 120 sitios”.

El grupo que trabajará hasta el día de hoy, cuenta con el apoyo de “la Intendencia a través de la Dirección de Turismo y también del MEC, pero además hay dos grupos de arqueólogos de dos universidades brasileñas, la Universidad de Pelotas y la Universidad Federal de Río Grande, son dos profesoras, la Dra. María Farías y la Dra. Carolin Borges cada una con sus alumnos, por lo tanto este lugar donde estamos trabajando es un sitio escuela para ellos, en total somos casi 25 personas que estamos quedándonos en las Cabañas Municipales”.

El trabajo de campo “estará terminando el martes 30, en la parte de laboratorio habrá al menos un año de trabajo para procesar toda la información que se ha recogido, salvo el fechado que pienso que en febrero o marzo ya estará determinada la antigüedad de las piezas, el resto demora más en analizarse, porque en el laboratorio somos solo tres y dos son honorarios, por eso se demora más tiempo”.

Por Jorge Gambetta.