Elucubraciones semanales del 21 de abril: Un respiro de la pandemia

Bueno, por fin apareció gente que permite que me salga del único tema de la agenda del último mes y de los que siguen. Sí señora, sí señor, gracias a la alcaldesa Laura Colombo y al generalito Guido, el avispero se alborotó un poco y al menos por un ratito, no se habló del Covid-19. Como uno vive de lo que sucede alrededor, aprovechamos la bolada, nos escapamos de los virus y nos ponemos rápido a hablar de otras hierbas malas que andan a la vuelta. Bienvenidas/os sean al espacio más incongruente del periodismo josefino, pero al que todos de vez en cuando le dan una “vichada”.

Sin más preámbulos abordemos la cuestión Colombo, porque los espacios siempre son escasos y hay ciertas cuestiones que necesitan su desarrollo. Como sabrá, la Alcaldesa ciudadplatense fue citada a declarar a la Fiscalía General de la Nación por una publicación en su Facebook en la que le dirige unos “cariños” al presidente Lacalle Pou y al “guapo” Ministro, transformándose el hecho en el más sonado a nivel nacional de un rosario de pasadas actitudes de la Alcaldesa que la han “distinguido” de cualquier otro gobernante actual y me animaría a decir pasado.

Mire, a mí si hay algo que no me asusta es que se insulte a una autoridad, me tienen sin cuidado las investiduras y no considero que haya instituciones sagradas, por eso el ciudadano tiene el derecho a expresarse como mejor le cuadre sobre quienes los gobiernan; comparta o no las razones puntuales, no tengo dudas que el pataleo es un derecho humano (las redes sociales llegaron para que los pataleos y los insultos sean masivos), pero la cuestión cambia cuando se ostenta un cargo público electivo, por eso si me lo pregunta -aunque en verdad nadie me lo preguntó-, entiendo que la actitud de Colombo, si bien no ameritaba un tirón de orejas de la Justicia, sí es éticamente reprobable, como tantas otras acciones que ha tenido durante la gestión.

Desde el inicio nomás, me di cuenta que la Alcaldesa no entendió nunca -menos ahora que está terminando el período-, que cuando habla ella habla Ciudad del Plata, jamás entendió que había dejado de ser la persona Laura Colombo para ser la autoridad, que con sus acciones y dichos compromete a una comunidad entera. Es por eso que nunca contuvo sus impulsos verborrágicos, que la han hecho pelearse con toda la institucionalidad del país (de este y el anterior gobierno), perjudicando así los intereses de la ciudadanía de una comunidad que históricamente fue relegada, pero que en el período en que ella ha “gobernado”, tuvo desde los gobiernos nacional y departamental, una atención destacada, por más que sea mucho lo que falte aún.

Sabe, a Colombo le costó mucho salirse del papel de opositora. Tras asumir al cargo por una desgracia -el fallecimiento del titular del Municipio, y además su esposo, Walter Martínez-, siguió pensando que con pegar cuatro gritos y decir que el otro se equivoca, bastaba para gobernar. Tampoco entendió nunca que para gobernar hay que ser capaz de negociar con quien no piensa como uno, más sabiendo que la autoridad superior (por ejemplo un Intendente), puede no responder al mismo sector que uno pertenece. Negociar primero y después denunciar si es necesario, pero no pegar el grito antes de sentarse alrededor de una mesa.

Esa es una muy mala estrategia, pero ha sido la tónica de su gestión y los insultos a Lacalle Pou, son un hecho menor ante otras actitudes que ha protagonizado la Alcaldesa, que se peleó con el intendente Falero a muerte, que destrata a todos sus compañeros del Concejo Municipal y que llegó a asustar a la presidenta de ADEOM Valeria Ripoll (fogueada en mil y una discusión gremial), durante el conflicto que mantuvo con funcionarios del Municipio hace no mucho tiempo atrás.

No necesito ser muy inteligente para saber que lo acá escrito traerá “consecuencias” hacia este medio y hacia la persona de este para nada humilde escriba de pueblo. Los insultos a Lacalle Pou (si llega a ver este número, porque también está peleada con el corresponsal de La Semana y prohibió que en el Municipio hubiera un ejemplar del periódico), serán una nimiedad ante lo que nos insultará, pero como hace tiempo que tenía ganas de hablarle de la Alcaldesa y no se presentaba la oportunidad, aproveché ahora y sin solidarizarme con algunos de los afectados, le digo lo que pienso de su proceder, como le he dicho de tantos otros que han caído en la piqueta elucubradora. Si se enoja, tiene doble trabajo, como dice el dicho.

Dejada atrás la Alcaldesa ciudadplatense, le quiero hablar del éxito comunicacional de los últimos días. El general devenido en senador, el amigo Guido, cuando todos nuestros radares están focalizados en la pandemia, se manda un discurso en defensa de los “viejitos” de las fuerzas armadas que siguen siendo condenados por delitos de lesa humanidad, violando sus derechos humanos. O por lo menos algo así dijo en la media hora previa de una sesión Plenaria del Senado, generando una andanada de reacciones contrarias, que era previsible por la izquierda, pero que también comienza a causarle problemas a los multicolores, que de seguir así van a confirmar las ironías acá expresadas respecto a que estamos frente a una colisión y no a una coalición de gobierno.

Fue un éxito comunicacional el que generó Manini Ríos con su intempestiva salida en defensa de Lawrie Rodríguez, un “viejito” que cuando no lo era tanto, mató a dos o tres personas y hasta ahora no había sido condenado por esos crímenes; el generalito y sus huestes de nostálgicos de la guerra fría -también muchos encumbrados dirigentes blancos y colorados-, insisten con dar vuelta la página, pero eso será imposible. Mientras haya familiares, mientras haya instituciones que defiendan los derechos humanos, seguirá el reclamo.

Guido eso lo sabe, pero ingresó al Parlamento para ser la voz del Ejército y por eso le importó un carajo que el país esté ingresando en una nueva crisis económica a causa de la pandemia mundial y se despachó con un discurso de barricada, en defensa de un camarada -uno de los pocos- caído en desgracia.

Es evidente también que busca alinear a su tropa para la próxima batalla a afrontar, que es la pelea por quedarse con la mayoría de la coalición de derecha y encabezarla en las elecciones del 24. Yo sé que falta mucho, pero estos chicos no dan puntada sin hilo, y Manini Ríos busca marcar su perfil diferente en esa lucha interna en la que ya están ensalzados Talvi, el herrerismo y los cabiladantes para quedarse con la colisión para las siguientes elecciones. De este tipo, veremos muchos capítulos en el futuro cercano, en algún momento se pelearán a morir para unirse después en algún otro ballotage.

Es tiempo de terminar. El fin de semana han surgido novedades sobre el coronavirus en el departamento, pero prefiero dejar que pase un poco más para referirme a ellas. En las elucubraciones no nos gusta que nos apuren. Así que será cuestión que espere siete días y volvemos al coronavirus, ahora en casa y más presente que al principio. A cuidarse, nos leemos en la próxima.

Por Javier Peromo.