Elucubraciones, edición del 03/03/2020: Guido, los trogloditas y la asunción presidencial

Comenzar a escribir sobre la asunción presidencial antes que ésta ocurra es bastante complicado. Por eso siendo viernes 28 de febrero, se inicia un viaje que indefectiblemente -cuando este ejemplar le llegue a sus manos-, estará culminando con algunos comentarios sobre lo visto el 1º de marzo, con Luis Alberto Lacalle Pou ya ungido como Presidente de la República. De qué comenzaré hablando aún es una incógnita, así que si quiere, puede pasarse al próximo párrafo y juntos lo iremos descubriendo. Bienvenida/o sea al espacio que dicen que es esto y que es aquello, pero que al final nadie sabe qué es, ni siquiera su propio autor.

El que sí tiene claro lo que es -un auténtico troglodita (dícese de la persona que vive en las cavernas)-, es el “generalito” Guido, que en una entrevista que le realizaran en días previos a la asunción de “Luis”, adujo a la existencia de las minorías de gays, lesbianas y trans, parte de la responsabilidad de la baja natalidad en el país (que en 2019 tuvo otra importante baja respecto a años anteriores, en particular por la disminución del embarazo adolescente).

De verdad que esto debe ser una auténtica novedad en el mundo científico. Lo digo porque tengo entendido que gays, lesbianas, trans y muchas otras sexualidades hay en todo el planeta (explícitos u ocultos, pero los hay en todos lados), y resulta que sólo en Uruguay vienen a causar ese extraño fenómeno de hacer disminuir la fecundidad. Resulta por lo menos extraño.

O tal vez sea otra cosa, tal vez ocurra que al vivir en las cavernas, Guido -también el núcleo duro de sus seguidores-, no se dieron cuenta de las sucesivas etapas de descomposición social que ha tenido este país que han provocado masivas emigraciones, lo que ha motivado que un cuarto de país más ande rodando por el mundo. Generaciones enteras de adolescentes y jóvenes se las tomaron porque el país no les ofrecía condiciones dignas para vivir. Ellos y ellas, formaron sus vidas por ahí, tuvieron hijos, muchos ya deben tener nietos. Quizás muchos de esos hijos y nietos podrían haber nacido en el país y seríamos más para trabajar, para consumir, para producir bienes, artes, ciencia y conocimiento, pero no, se tuvieron que ir.

Capaz que Guido y sus trogloditas (le tengo que pedir perdón al español “Loquillo” por casi usar el nombre de su banda), tampoco se dieron cuenta que mucha gente no quiere, legítimamente, tener hijos o no quieren tener más de uno. Lo que pasa que su mirada troglodítica del mundo no les permite ver que las mujeres del siglo XXI, no son vacas paridoras, que son libres de determinar su maternidad y que por más incentivos que les dé el Estado, tendrán los hijos que quieran y no los que Guido o su lugarteniente Domenech -que en campaña dijo algo similar-, quieran.

Sabe, yo sigo con la tesitura de no darle espacio a los trogloditas, intento no dejarlos pasar -al menos en el pequeño mundo que me pertenece, que son las páginas de esta publicación-, porque son la peor noticia para este Uruguay de hoy, ya de por sí con noticias malas.

Pero sabe qué, a pesar de todo soy optimista y estoy convencido que este es un fenómeno de corto vuelo y me animo a hacer apuestas desde ya -de bajo monto, por supuesto-, respecto a que en 2024 esta formación tenderá a disminuir su presencia electoral.

Los 250 mil que lo votaron no piensan tal como piensa el generalito -hay sí un núcleo duro de trogloditas hombres y trogloditas mujeres fieles al discurso “neandertalista”-, muchos tan sólo vomitaron en el cabildo cerrado de Guido su malestar con el frenteamplismo, no fueron votos a favor suyo. Pero eso pronto va a pasar, los malestares sociales comenzarán a enfocarse en otros sujetos u objetos y esos votos viajeros de frustraciones objetivas y subjetivas, conseguirán nuevos líderes para seguir, en busca de sueños difusos.

Pero bueno, dejemos a un lado mis agoreros presagios para los cabildantes y pasemos a hablar directamente de la asunción de Luis Alberto Alejandro Aparicio, que un caluroso domingo 1 de marzo, dejó de ser electo y ahora es nuestro Presidente en ejercicio, con el beneplácito de los gauchos de nuestra tierra adentro, que se fueron hasta Montevideo para acompañarlo en un sorprendente número.

Sabe, grande fue el dilema ético que tuve estas semanas respecto a si ir o no ir a esta asunción presidencial como hice en las tres anteriores, para llevarle a ustedes una cobertura “estilo La Semana”.

Muchas fueron las razones que me esgrimí para no concurrir, pero la sustancial fue recordar que cuando volví a Libertad luego de la segunda asunción de Vázquez, sentí que el esfuerzo que había realizado fue poco fructífero. Ya en 2015 las redes sociales, las transmisiones on line y el inmediatismo, dejaban lo que uno pudiera decir un par de días después de realizado el acto, casi como algo obsoleto. Ese y no otro argumento, fue lo que me llevó a no estar allí. Habiendo ya pasado el acto protocolar, creo que acerté más de lo que me equivoqué, más allá que hay un voz interna, que me sigue diciendo que tuve que haber ido, para no generar susceptibilidades.

Pero claro que lo vi todo, por supuesto; estoico observé la transmisión conjunta de los canales de tevé de la jornada presidencial y de verdad que vi poca cosa diferente, más allá de que había más gente de lo que esperaba que hubiera y el toque ruralista que le puso el famoso desfile gaucho, tan propio de las actividades proselitistas del Partido Nacional, ahora en el papel de partido de gobierno.

Parece que en Montevideo fue toda una novedad y los medios hegemónicos siguieron a los gauchos desde que un puñado de ellos arrancó allá lejos en el norte (les faltó seguirlos al baño), hasta su llegada a Montevideo, pero acá en el interior estamos acostumbrados a ver desfiles gauchescos con gente gritando “Viva la patria” (como cerró su discurso en el Parlamento el Presidente). Lo diferente a lo que vemos en todas las fiestas criollas del interior, fue el número de jinetes marchantes, superaron con luces los 1100 jinetes que habían anunciado en principio y saludaron al Presidente todos en fila, rodeando el Palacio Legislativo (me recordó a esos líderes militares de las películas, que antes de la batalla arengan a la tropa a punto de lanzar la carga contra el enemigo). Luego, todo el protocolo fue idéntico a todas las asunciones presidenciales, más allá que se notaba que faltaba calor popular, por más que el calor marcó la jornada.

Asumido ya el Presidente, comenzarán a visualizarse las primeras medidas. Comienza un tiempo diferente, pero no tanto. Seguiremos siendo uruguayos convencidos de que este es un punto privilegiado del orbe a veces, a pesar de sus propios gobernantes. Que lo mejor sea para los uruguayos y no vivamos nuevas olas de emigrantes, porque si no acá quedarán solo Guido y los trogloditas, gritando “viva la patria” montados en famélicos caballos.

Entienda usted las alegorías de este espacio. No tome literalmente lo que acá se diga, piense que su autor es tan solo un personaje con nombre propio y recuerde que no hay mejor cosa que reírse de uno mismo. En siete días, vuelve el espacio que es tomado tan en serio, que causa risa.

Por Javier Perdomo.