La preservación del ambiente desde un enfoque budista

El maestro budista Thich nhat hanh, entiende que “existe un enfoque erróneo derivado a la separitividad entre la Tierra y tú. El cambio puede lograrse sólo si surge el reconocimiento de que los individuos y el planeta forman parte de un mismo ente. La Madre Tierra está dentro de ti, no está afuera”.

El tan nombrado cambio climático, es un hecho que ya no escapa a la mirada atenta y preocupada tanto de científicos como de la población en general. Los desastres naturales que pueden observarse hoy, son más que una teoría a comprobar, pasando a representar una realidad latente y constante, ya que muchas poblaciones del planeta están siendo afectadas. La alteración de los ciclos estacionales, de las temperaturas y de los distintos acontecimientos climáticos que se suceden en cadena, dan una visión más que real, de que el planeta está atravesando por profundos cambios en sus sistemas.

Según los expertos, los cambios en el clima del planeta, se vienen dando desde su formación y es algo natural que ha acompañado a su evolución. Lo que sucede ahora, y más precisamente a partir de la era industrial, es que se han acelerado esos procesos por la sobreexplotación de los recursos naturales y sobre todo por los gases de efecto invernadero, que han aumentado exponencialmente, y las emisiones de gases contaminantes a la atmósfera, que provocan la aceleración de los cambios en el clima.

El hombre ha agotado las reservas y ha envenenado los recursos básicos para la vida como el agua, los suelos y el aire. Esta nefasta combinación de factores, desembocó en la alteración de los ciclos naturales de la Tierra y con ello, se ha producido un deterioro de los ecosistemas, fundamentales para la vida.

Pero no sólo la ciencia tiene para aportar a este tema. También desde enfoques filosóficos, los cambios actuales tienen su explicación.

 

BUDISMO | Frente a diferentes acontecimientos, siempre hay mucho para decir desde lo filosófico porque no todo en la vida, es calculable y lineal, de ahí que otros aportes, sean válidos. Así lo entiende un monje budista que con una mirada diferente e interesante, nos acerca a otros desafíos sobre el cambio climático y el calentamiento global.

Thich nhat hanh conocido como “Thay”, es un practicante del Budismo Zen, que ha sido destacado desde diferentes ámbitos, incluso académicos, como uno de los principales maestros espirituales del mundo. Nació en el Vietnam central en 1926 y se formó en la escuela zen y del budismo mahayana. En 1967, fue nominado al premio Nobel de la Paz nada menos que por Martin Luther King, por su trabajo en la búsqueda del final a la guerra de Vietnam. En su nominación, King dijo: “No conozco personalmente a nadie más digno de este premio, que este amable monje de Vietnam. Sus ideas para la paz, si se aplican, construirían un monumento al ecumenismo, a la hermandad mundial, a la humanidad”.

En la actualidad vive en Francia en la comunidad budista Plum Village y viaja por el mundo para transmitir sus enseñanzas. Su propósito es transmitir la conciencia plena del aquí y ahora y de la acción regida por el amor y el desapego al resultado.

De acuerdo a lo que Thay expresa, la razón por la cual la mayoría de las personas no responde a la amenaza del calentamiento global, a pesar de las evidencias científicas, tiene que ver con que “si no pueden salvarse de su propio sufrimiento personal, poco importa la difícil situación de la Madre Tierra”.

Intenta mostrar cómo afecta la situación actual de las personas al planeta, la angustia, el rencor y el enfermizo materialismo, según entiende, terminan afectando al planeta. Cree que la Tierra, recibe esas bajas vibraciones lo que provoca mucho de lo que sucede hoy a nivel climático y físico. “Cuando reconozcamos las virtudes, el talento, la belleza de la Madre Tierra, entonces algo nacerá en nosotros, una especie de conexión, el amor vivirá”, dice.

Entiende Nhat Hanh que la crisis medioambiental derivó en la ausencia de significado y de conexión de las personas con la naturaleza. “Somos víctimas de un modelo consumista, que basa la supervivencia en la obsesión por las compras, el entretenimiento, el trabajo y la estética. Es como si la ilusión de la felicidad conllevara la hambruna de fama, riqueza, poder y sexo y resulta sólo en sentimientos de desconexión, vacío e incluso desolación”.

Su explicación de lo que nos sucede hoy como especie, se enfoca en la desconexión, la falta de amor y entrega a esa madre que todo lo da. Por ello, cree que es urgente la conexión con la Madre Tierra porque “el cambio puede lograrse sólo si surge el reconocimiento de que los individuos y el planeta forman parte de un mismo ente. La Madre Tierra está dentro de ti, no está afuera”.

Dice Nhat Hanh que olvidamos la unidad con la Madre Tierra, pero también con los demás, experimentando sentimientos basados en esa separación o dualidad, que no es real. “El miedo, la separación, el odio y el enojo vienen de un enfoque erróneo derivado a la separitividad entre la Tierra y tú, en donde la Tierra es sólo el medio ambiente. Tú estás en el centro y lo que quieres es hacer algo para la Tierra con el único fin de sobrevivir. Es una manera muy dualista de verlo”.

Por todo ello, cree en la necesidad de un gran cambio, desde el interior de cada uno primero, para que pueda manifestarse luego en el exterior. “Necesitamos un verdadero despertar, iluminación, para cambiar la manera en que pensamos y vemos las cosas. El cambio sucederá en un nivel fundamental sólo cuando nos hayamos enamorado del planeta”.

Por esta razón, Nhat Hanh entiende que “conforme la gente comienza a curarse en conjunto, la Tierra comenzará a sanar”.

 

OBSERVAR | Como predicador de la paz y con el fiel convencimiento de que en ella todo se puede lograr, este monje opina que “es posible estar en paz al reconocer la interconexión de toda vida, y así podemos ir más allá de la idea de que somos seres separados y expandir nuestra compasión y amor de tal manera que tomemos medidas para proteger la Tierra”.

Intenta mostrarnos que no tenemos una clara dimensión de lo que somos como seres humanos y por ello nos dejamos abatir por las preocupaciones cotidianas, muchas de ellas, sin importancia. “Las personas pasan la mayor parte de sus vidas preocupándose por enfermarse, envejecer y perder las cosas que más atesoran, a pesar del hecho obvio de que algún día tendrán que dejarlas ir”.

Desde su filosofía de vida, procura transmitir la importancia que debemos darle a aspectos que sí realmente son importantes y que trascienden lo puramente físico. “Para nosotros es muy alarmante y urgente, pero para la Madre Tierra, si ella sufre, sabe que tiene el poder de curarse a sí misma, incluso si lleva 100 millones de años, ella tiene mucho talento…El karma colectivo y la ignorancia de nuestra raza, la ira y la violencia colectiva llevarán a nuestra destrucción y tenemos que aprender a aceptar eso”.

Su mensaje intenta crear en las personas esa necesaria, ahora más que nunca, conciencia individual pero a su vez colectiva, de que debemos hacer algo con lo que nos pasa como especie. Su invitación es a sentirnos parte de la Madre Tierra, no separados de ella, para poder comprender su sufrimiento, porque cree que en la separación de quien todo nos da, no está el camino. “Toma refugio en la Madre Tierra y entrégate a ella y pídele que nos sane, que nos ayude”, dice

Cree que nuestra búsqueda de la fama, la riqueza, el poder y la gratificación sexual proporciona el refugio perfecto para que las personas se oculten de la verdad sobre los muchos desafíos que enfrenta el mundo. “Nuestra adicción a los bienes materiales y a un estilo de vida agitado proporciona solo un yeso temporal para las heridas emocionales y espirituales, que solo conducen a una mayor soledad e infelicidad”.

También reflexiona sobre la falta de acción sobre la destrucción de los ecosistemas y la rápida pérdida de biodiversidad, refiriéndose a las grandes empresas y los gobiernos: “Cuando ven la verdad, es demasiado tarde para actuar… No pueden enfrentar la verdad. No es que no sepan qué va a pasar. Simplemente no quieren pensar en ello”.

Opina que dada la dificultad de convencer a aquellos con intereses creados para que cambien su comportamiento, es necesario dejar de consumir los productos que dañan el medio ambiente y hacer frente a la injusticia social.

Para ello, agrega que sólo puede ser efectivo si los activistas primero lidian con su propia ira y temores, en lugar de proyectarlas en aquellos que ven en falta. Según explica, la responsabilidad está en cada uno de los consumidores y sólo ellos, podrán hacer el cambio, dejando de comprar ciertos productos que no sólo contaminan al fabricarse sino que enferman a las personas que los consumen. “No deberían continuar produciendo estas cosas. No las necesitamos. Necesitamos otros tipos de productos que nos ayuden a ser más saludables. Si hay un despertar en las filas de los consumidores, entonces el productor tendrá que cambiar. Podemos obligarlo a cambiar al no comprar”.

Su interpretación de la situación actual de la destrucción de los ecosistemas, pasa por una profunda convicción filosófica de que los seres humanos se han olvidado del amor, la compasión y se han sumido en el miedo, el odio y el desmedido ego.

Opina que los grandes líderes del mundo han olvidado esos valores y por eso el mundo está sumido en una situación enfermiza. “Para que los líderes empresariales y políticos cambien, necesitan cultivar la compasión y disminuir el ego”, dice.

Para llevar una vida más plena y feliz, según Nhat Hanh, se necesitan pocas cosas y mucho amor hacia los demás, sin tener que ser perfectos. “Ahora es el momento de comenzar a aprender a amar de una manera no discriminatoria porque somos lo suficientemente inteligentes, pero no amamos lo suficiente como especie “.

Por Yudith Píriz