Andrade: “la izquierda debe ser el hijo querido de los movimientos sociales, no lo menos malo”

Los días lunes y martes de la pasada semana, el precandidato frenteamplista a la Presidencia de la República Óscar Andrade (PCU), llevó a cabo una intensa actividad proselitista de cara a las internas partidarias de junio de 2019 en el departamento de San José. El lunes 19, Valenti recorrió varias empresas del cordón industrial de Ruta 1, estuvo en los medios locales y luego se dirigió a la capital departamental, donde estuvo visitando medios de prensa y culminó con un acto abierto en la noche del martes.

El ex legislador y Secretario General del Sindicato Único de la Construcción y Anexos (SUNCA), visitó Libertad, en donde mantuvo un extenso diálogo con La Semana, del cual extraemos los siguientes conceptos.

 

ENTREVISTA | La Semana: -¿Cómo ves la coyuntura política nacional e internacional, de cara al próximo proceso electoral?

Oscar Andrade: – Estamos en un proceso de ajuste estructural muy duro en lo económico, político, cultural en Sudamérica, lo que hace que las próximas elecciones sean las más difíciles del siglo XXI. Primero porque estamos rodeados de gobiernos neoliberales en la región, explotadores y en algunos casos, con connotaciones facistas muy evidentes. Hay un escenario de ajuste estructural, que tiene mucho que ver con la geopolítica imperial, de haber determinado para la región, el papel subordinado de emporio de recursos naturales con mano de obra muy barata. Eso hace que el ensayo de un gobierno nacional, popular y democrático, de transformaciones sociales, de empoderamiento, se tenga que construir en condiciones más complejas.

Lo segundo es que las circunstancias internacionales que favorecieron los dos primeros períodos de gobierno del Frente Amplio, que se acabaron para el tercero -la inversión extranjera directa y el precio de las materias primas-, todo hace prever que van a dejar de ser el motor principal. Esto dos componentes hacen que la tensión distributiva sea muy dura; ya empezó este año con algunos de los reclamos del movimiento de autoconvocados, con la retirada de la Federación Rural de los Consejos de Salario, con propuestas de rebajas salariales en la industria frigorífica.

L.S.: – ¿Entonces cómo debe posicionarse el FA ante este panorama?

O.A.: – Para enfrentar este grado de dificultad, no nos alcanza cómo estamos parados hoy, no es suficiente, precisamos un Frente Amplio mayor, que no implica más votos. El FA ha perdido una capacidad de movilización muy notoria. La capacidad de movilización está cuestionada, por un relativo divorcio de la izquierda con los movimientos populares históricos. El movimiento sindical, la Universidad, los estudiantes, las cooperativas, el movimiento por los derechos humanos, el feminista. La izquierda tiene que ser el hijo querido de estos movimientos y no se puede transformar en lo menos malo.

Ante esto el programa del FA no lo puede producir solo el FA, tiene que producir propuestas programáticas que en su estrategia vincule a los movimientos sociales junto a los que vas a luchar, por lo tanto las soluciones de vivienda –por ejemplo-, las tenés que articular con FUCVAM, FECOVI, los deudores del BHU.

L.S.: -¿Cómo surge tú candidatura en ese marco?

O.A.: – Una cantidad importante de compañeros, entendió que era necesario una candidatura que proviniera de las luchas sociales, dado que la izquierda está excesivamente institucionalizada. Hay que tener mucha capacidad política, ser muy comprensivo con quien nos está reclamando por distintos temas; por la falta de empleo, por salarios bajos y ser radical y muy duro en comparación con la derecha, porque hay datos de la realidad para hacerlo en cada terreno; empresas públicas, derecho laboral, distribución de la pobreza, políticas sociales, salud pública, educación.

Queremos discutir estas cosas desde la preocupación política para una lucha muy compleja para ganar el gobierno, pero igual de compleja para gobernar, en el sentido que manda la historia del FA. Hay que mirar lo que falta, pero mirar también lo que se construyó políticamente, en comparación de lo que fueron los gobiernos neoliberales de los años 90.

L.S.: Los dirigentes que están en posiciones de gestión de gobierno, argumentan que no tienen tiempo para dedicarle a la militancia, ¿qué opinás sobre esa postura?

O.A.: -Si en los principales partidos de izquierda, el 90 o 100% de los dirigentes está integrado por compañeros en la gestión y representantes en el Parlamento, es que hay gente que falta. Entiendo que una parte de la tarea tiene que ser en la gestión del Estado, pero dónde está la izquierda que milita en el barrio, la que milita en el feminismos, la que está construyendo su sindicato.

Creo que estamos ganados por la idea de que la gestión es todo, la lucha política no sirve de nada. Hoy el debate es más gestión contra menos política. Nosotros dirigimos luchas sociales y el aprendizaje en las luchas sociales no se hace detrás de un escritorio, tiene que ver con el barrio, el territorio, la pelea por el merendero, el asentamiento, la cooperativa.

La izquierda precisa más pueblo participando porque cada vez gana más la idea de que lo que estamos dando es exagerado, cuando en realidad no estamos dando nada, estamos reconociendo los derechos de cada uno. Y ahí tenemos una batalla que estamos perdiendo culturalmente, no en la gestión de la cosa pública.

L.S.: -Algunos sectores han acusado a los llamados grupos radicales, al PCU en particular, de ser los responsables del vaciamiento de los comités de base y la disminución en la participación. ¿Qué visión tenés respecto a esta crítica?

O.A.: – Nosotros en los 90 del siglo pasado, ensayamos una práctica perversa, en medio del desplome de las experiencias del Socialismo Real, donde nos dijimos que las formas históricas de organización ya no servían para nada. Lo hicimos con tal grado de irresponsabilidad que no teníamos una fórmula alternativa para superarlo.

Ese debate no quedó solo en la fuerza política, en los sindicatos también se nos decía que debíamos abandonar esa forma de trabajo, pero los gremios que abandonaron esa forma de trabajo desaparecieron y los que siguieron con esa perspectiva de ir al mano a mano, con la gente, delegados, asambleas, movilizaciones, discusión, estrategia, plan, somos los que hoy tenemos 35 mil personas votando en una elección gremial. El debate sobre las formas de participación no puede ser en abstracto, es un debate concreto.

L.S.: -¿Qué pasará si el FA pierde la próxima elección?

O.A.: – Estaré luchando para que el FA no se fracture, luchando para que no se apliquen las políticas neoliberales, enfrentando las políticas de ajuste. No me imagino que se retroceda en la despenalización del aborto y el movimiento feminista no esté en la calle. Lo acumulado no es en vano. También lucharemos si el FA gana porque estaremos tensionados por sectores de poder muy fuerte para que se rumbee en una línea regresiva.

L.S.: -¿Qué opinión te merece, el ex dirigente comunista Esteban Valenti, que hoy se ha aliado al Partido Independiente?

O.A.: – Valenti tiene que estar agradecido a los medios, porque no habiendo logrado en su vida que lo voten ni siquiera para una comisión de fomento, le tienen en cuenta siempre, a pesar de no haber construido nada. Tiene mucha suerte. Siendo un publicista que se dedicó a hacer plata, tiene más salidas a la prensa que muchos senadores y diputados.