Análisis de David Rabinovich: Los líderes sociales no gozan de buena salud

Un comunicado de prensa, emitido el 24 de julio por Global Witness, se refiere a 2017 como “el año más mortífero de los defensores de la tierra y del medio ambiente”. Para la organización “se ha demostrado que la industria agrícola está vinculada a los homicidios”. Global Witness estima que al menos 207 defensores de la tierra y del medioambiente fueron asesinados el año pasado.

Estamos hablando de violencia e inseguridad extremas. Pero el tratamiento del informe, y sobre todo los hechos a los que se refiere dicho documento, no han tenido toda la difusión que se merecen. Los problemas de las democracias –si es que existe en algún lado un “gobierno del pueblo”-, son de menor o mayor interés por razones que pueden ser incomprensibles o simplemente amorales. Si hablamos de Venezuela, Bolivia, Cuba o Nicaragua el tratamiento es uno; pero si se trata de Chile, Brasil, Argentina, otro… Si nos vamos a México, Colombia, Honduras o Guatemala, la distancia entre la realidad y “el relato” es inconmensurable. Por lo menos si pensamos en las historias que se silencian o en las que se difunden, y en el cómo las recibimos acá.

En particular, me llama la atención la “paridad de género” establecida para las víctimas de la inseguridad invisible. En eso sí que no se discrimina. Los sicarios matan hombres, mujeres, niños y ancianos. Sobre todo mujeres, jóvenes e indígenas. Juana Raymundo, una líder social asesinada en Guatemala, tenía 25 años, pertenecía al pueblo maya ixil, era defensora de derechos humanos y enfermera. Murió hace pocos días, es la sexta víctima en pocos meses. ¿Qué sabemos de la tragedia que vive el pueblo de Guatemala, de los que se benefician de ella, del papel de las empresas, del rol que juega el Imperio…? ¿Qué sabemos de los verdaderos conflictos que genera la lucha de clases en países como Guatemala?

Sobre “La tragedia de la victimización de líderes sociales en Colombia” dice El País que 159 líderes sociales fueron asesinados desde la firma del acuerdo de paz en Colombia, es decir, desde el 24 de noviembre de 2016. Lo publicó El País de España el 11 de julio de 2018.

Brasil encabeza el ranking mundial de asesinatos de líderes sociales y ambientales. Lo afirma reporteroshoy.mx en base al informe mencionado. “Entre 2002 y 2014 se contabilizaron 477 asesinatos de líderes ambientales y sociales en Brasil, reporta Global Witness”.

 

LETALES | La insospechable de izquierdista Deutsche Welle, consigna el 17 febrero que México, Colombia y Brasil son “puntos negros para los activistas”.

“Dos informes publicados recientemente sitúan a tres países latinoamericanos entre los más letales para los activistas. Además de la muerte, deben enfrentar amenazas, intimidaciones y campañas de difamación”, afirma la cadena informativa alemana.

El 14 de mayo desde Estados Unidos, “La Tribuna” de Chicago, dice que “Tres líderes indígenas que mantenían luchas en defensa de sus territorios fueron asesinados en menos de una semana en Guatemala.” Pero poco después, el 8 junio, se lee en www.entremundos.org: “Con Francisco, ya son siete los líderes campesinos indígenas asesinados en poco más de un mes en Guatemala.”.

Son crímenes selectivos, los sicarios contratados por empresas y empresarios, las fuerzas de “seguridad” o grupos paramilitares de derecha son los protagonistas de la violencia contra los y las líderes sociales. Las víctimas son campesinas y/o campesinos, periodistas… gente que se pone al servicio de los intereses colectivos. Los victimarios no son sólo los que aprietan el gatillo ¿cuántos autores intelectuales de estos terribles crímenes son juzgados? Cuando hablamos de inseguridad, hablemos de todas las dimensiones de la violencia.

“No hay ningún lugar en el que sea más probable morir asesinado por enfrentarse a las empresas que acaparan la tierra y destruyen el medio ambiente que en Honduras. Según la investigación de Global Witness, desde 2010 han muerto más de 120 personas. Las víctimas eran personas corrientes que se opusieron a las presas, las minas, la tala o la agricultura en sus tierras y murieron asesinadas por fuerzas del Estado, guardias de seguridad o asesinos a sueldo. Muchos otros han sido amenazados, atacados o encarcelados.” Informaba El País (España),  el 1° febrero de 2017. Sindicado como “prensa de derechas” el diario comenta: “La conclusión es demoledora: por una corrupción generalizada, Honduras es el país más peligroso por defender el medio ambiente.”

La lista no se agota en estos ejemplos. A pesar del notorio amparo que brinda el sistema de medios hegemónico a los gobiernos neoliberales de derecha, si uno busca, encuentra cientos de tenebrosos ejemplos de esta faceta de la inseguridad y la violencia instalada a favor del “mercado libre y los negocios rentables”. Porque es bueno saber que entre los negocios más rentables está el narcotráfico, el comercio de armas, la comida chatarra, las industrias extractivas altamente contaminantes, etc. etc. Estos mercados cuentan con el amparo de gobiernos como el de Brasil, Argentina, Honduras, México… las cosas pueden cambiar. Pero si se pretende construir alternativas reales a las derechas depredadoras y corruptas, las izquierdas deben defenderse contra su propia corrupción, ganar en eficiencia y transparencia. Es de vida o muerte, en el más estricto sentido de los términos.

 

LOS DESAFÍO | Toda la parrafada anterior se refiere a la acción y las consecuencias de actitudes violentas a gran escala que causan inseguridad a la humanidad entera. Es algo intrínseco, inherente al sistema. No es fácil percibir esa inseguridad como tal. Vivimos con angustia “el temor nuestro de cada día”: hurtos, rapiñas, agresiones, asesinatos que nos afectan de manera cercana. Queremos soluciones para esa delincuencia vinculada a la marginación y a la drogadicción. No queremos cárceles que sean escuelas del delito, ni delincuentes libres en las calles.

Al mismo tiempo podemos estar de acuerdo en los síntomas que vemos, porque la sociedad está enferma. Más difícil seria coincidir en los remedios que usaríamos para curar el mal. Casi imposible tener una opinión similar en cuanto a los orígenes, las causas de este deterioro social. Sin un diagnóstico acertado, sólo atinamos a aislar al enfermo para “evitar el contagio”. Pero lo aislamos de “nosotros” y los juntamos a todos “ellos” en el leprosario carcelario. La mezcla aumenta la gravedad de todos los males. Las enfermedades han sido combatidas con éxito con el uso de vacunas adecuadas y otras medidas de prevención. Este camino no lo hemos recorrido todavía. Ni hay acuerdos suficientes para ello.

No es un problema de oferta y demanda, ni se debe hablar de recursos escasos. Nada puede ser más caro que el precio que estamos pagando. Ellos y nosotros… si es que realmente existe esa “grieta”. Los marginados y “la gente bien” ¿estamos de acuerdo en que no queremos seguir viviendo así? Entonces cada uno debe aportar de acuerdo a sus posibilidades, para que todos tengan de acuerdo a sus necesidades. Hay que repartir los bienes para aliviar los males. El camino es largo y difícil. No hay atajos y quizá tampoco muchas vías alternativas.

 

Por David Rabinovich.