Ana Sanz y su exploración de la grandeza de cada mujer

La literatura desde todos los tiempos, ha permitido escuchar la voz de muchas mujeres que, sólo lo pudieron hacer, desde las letras. Este año especialmente ha estado marcado por tragedias que han tenido como protagonistas a mujeres, por lo que es urgente y prioritario no bajar los brazos en lo que respecta a si revalorización como creadora, como dadora, maestra de vida y trabajadora incansable, que durante siglos ha sido una sufrida heroína en un mundo patriarcal.

Desde todos los rincones, hoy la voz de la mujer se hace escuchar y quizás, uniendo esas voces, se pueda lograr cambiar la situación de tantas y tantas que siguen padeciendo injusticias.

Esta breve introducción, quiere ser la presentación a la mirada de una mujer que se dedicó a hurgar en su historia, así como en la de otras mujeres, para entender qué males nos siguen aplastando hoy y que hacemos desde el lugar de cada una, para sacar la cabeza, respirar y decir con firmeza y autodeterminación, ¡Acá estoy yo!

Estar siempre bellas, atender los niños o los hijos adolescentes, o los padres mayores, cuidar de la casa, sumado a nuestro papel como trabajadoras a tiempo completa también fuera del hogar, resultan un combo que, habrá que pararse firme y estar bien equilibradas para digerirlo sin autodestruirnos.

REALIDADES | Marta Sanz es una escritora española, que a través de sus libros intenta mostrar algo de lo que no se habla, la fatigada vida de las mujeres en un mundo globalizado y capitalista. Es Doctora en Literatura Contemporánea por la Universidad Complutense de Madrid, trabaja en la Universidad Antonio de Nebrija en el Postgrado del Departamento de Lenguas Aplicadas y Humanidades, recibiendo importantes reconocimientos a su labor.

Los libros escritos por mujeres, siempre nos dejan esa sensación de estar en casa, de que el que está del otro lado, lo hace desde la plena conciencia de que sabe de qué habla. Las vivencias son una de las claves más importantes para comprender ciertas cosas de la vida las que, de otra manera, solo quedan en un mero relato.

Toda mujer habla desde su cuerpo, desde su piel, sus entrañas hablan, sus ojos y hasta sus enfermedades dejan mensajes y esos, son los más encumbrados maestros de vida. Y esto es en parte, lo que intenta transmitir la escritora Marta Sanz que desde su propia experiencia, pudo sentir que su pesar, tal vez era el de muchas mujeres. Sanz se enfrentó a un “mal desconocido”, como ella dice y a partir de allí, escribió su libro “Clavícula”, tan cautivante como emotivo.

Quizá lo que más nos duele en cierto momento de la vida, es hacernos cargo, enfrentarnos a nuestros propios miedos y aceptarlos, para poder experimentar la libertad de tomar el poder y sanar.

De estos temas y otros habla Marta Sanz, con un tono firme y que para algunos puede llegar a ser demasiado duro y frío, pero no es más que el reclamo de tantas mujeres por el mundo, que intentan reivindicar el duro ejercicio de ser mujer.

En “Clavícula”, se pinta una realidad que para muchas mujeres es la vida misma, son sus experiencias cotidianas con las que debe enfrentarse durante años o décadas sino durante toda su existencia, con un dejo de resignación y acostumbramiento. Se trata de un relato que va más allá de lo puramente autobiográfico, pasando a mostrar los males que padece la sociedad actual pero más aún, las mujeres, en este capitalismo que nos vacía por dentro.

SU SENTIR| En distintas entrevistas, Marta Sanz habla de algunas razones que la llevaron a escribir este libro y sobre su concepción de lo que representa la mujer hoy. Habla de la fragilidad biológica, de algo inevitable como el envejecimiento, sobre todo en lo que respecta a las mujeres “tanto desde el punto de vista de la intimidad como del de la repercusión pública, siempre una vieja y un viejo se venden de diferentes maneras en la sociedad, y en el mercado laboral, ya ni hablar”, comenta.

Entiende Sanz que también se da el tema de la fragilidad de las mujeres como trabajadoras. “La fragilidad específica de las mujeres trabajadoras como primeras víctimas del capitalismo avanzado… En las épocas de crisis, las primeras que se precarizan, las primeras que están en riesgo de pobreza, son las mujeres, las que son en cierta medida trabajaras explotadas y auto explotadas”.

Desde su concepción, lo que nos pasa como mujeres, tiene más una raíz psicológica que real, como lo puede ser con las enfermedades. Dice: “he entrado en una vorágine en la que me autoexploto y sobreexploto porque tengo un miedo terrible a lo que va a pasar mañana, porque veo un horizonte muy negro para las personas de mi generación. Esa es la fragilidad de la que se habla en Clavícula y que se concreta en la idea de un dolor. Estoy convencida de que gran parte de nuestros dolores, nuestras patologías, y especialmente las femeninas, tienen que ver con ese horror laboral y con esa sobrecarga”, dice.

Agrega Sanz que las mujeres estamos tan expuestas a infinidad de responsabilidades que provocan una serie de trastornos que no tienen una causa biológica clara. “La medicina está descrita con un patrón masculino y patriarcal. Eso lleva a que las mujeres, como género más vulnerable y más castigado en el capitalismo y, por tanto, más susceptible de enfermar, tengamos enfermedades que no están descritas y que nos llevan directamente al corralito de las locas, de las ansiosas, de las que no somos lo suficientemente fuertes para aguantar las exigencias de la vida laboral”, dice.
Habla de una escondida relación mujer-dolor, lo que según entiende, determina mucho de lo que padecen las mujeres de hoy.

“Las mujeres somos sufridoras en silencio, parimos con dolor, nos resignamos a todo, nos sacrificamos por los hijos… La relación de la mujer con el dolor, en el mercado laboral y en el mundo en que vivimos, son absolutamente perniciosas, y están dando una visión estereotipada que nos coloca siempre en el plano de que nos exijan y nos den palos por todas partes porque lo vamos a aguantar”.

Con respecto al papel de la mujer a cierta edad, entiende que siempre está expuesta porque ha sido la que está obligada a cuidar y no tanto a que la cuiden. Para ella, esto también forma parte de la estigmatización y de la tradición que tiene como cuidadora a la mujer, y nunca como un ser que requiere cuidados. “Las mujeres entre los 45 y los 65 parece que existen para cuidar a los viejos de la familia, para atender neurastenias del compañero, a los hijos… En Clavícula se da la vuelta al tópico porque yo soy la cuidada”.

Opina que hay que alejarse de uno de los peores males que es la culpa, que juega un rol fundamental en estos temas y en la que la mujer muchas veces cae. Dice Sanz: “las mujeres tenemos una acumulación de costras culturales encima que nos hacen experimentar sentimiento de culpa. Estamos permanentemente luchando con todas esas capas culturales que nos aprietan y entre las que vamos buscando una salida más o menos razonable. Debemos ser conscientes de que muchos de nuestros deseos, sobretodo los que tienen que ver con la apariencia y con muchos de los roles sociales y familiares, son herencia de un heteropatriarcado desde hace 50.000 años”, opina.

EXPECTATIVAS | Para la escritora, la presión que tenemos todas las mujeres respecto a estar y vernos jóvenes, es una carrera que termina dejándonos siempre mal paradas porque nos auto exigimos a estar siempre compitiendo.
“Creo que tiene mucho que ver con el mito de la eterna juventud, que se nos exige de manera especial a las mujeres. Tenemos la obligación de ser eternamente jóvenes y sexualmente activas, porque eso es lo que nos hace ser de algún modo competitivas. Me molesta muchísimo que la mujer tenga que ser competitiva en el trabajo y al mismo tiempo ser una geisha en la cama”, opina.

Entiende que estamos siempre compitiendo entre nosotras con un modelo de belleza que nada tiene que ver con la mujer real. “Hemos interiorizado un concepto no de nuestro propio placer, sino de la necesidad de complacer permanentemente a los otros. Nos lo venden como si fuera una necesidad nuestra, cuando en realidad responde a una expectativa absolutamente masculina”, dice.

Cree que estamos siendo atadas a cánones establecidos por las compañías que lucran con ello y en ello, nos autodestruimos. “Creo que el cuerpo femenino está mal contado, desde una perspectiva masculina y machista…se cuenta solo desde lo maternal o como fetiche… Me interesa un relato del cuerpo femenino que tenga que ver con la cotidianeidad de las mujeres, con lo que hacemos, con nuestros trabajos e insatisfacciones”, opina.

Entiende Sanz que es en el cuerpo de una mujer donde se quedan las huellas de sus experiencias, que pocas veces pueden maquillarse. “Para mí, el cuerpo femenino es el texto en el que quedan impresos nuestros trabajos, nuestras frustraciones, nuestros amores y desamores, nuestras faltas de dinero y nuestros hijos o no hijos. Quiero utilizar el cuerpo femenino en la literatura para reivindicar el cuerpo de las mujeres como manera de contradecir las frases hechas del capitalismo avanzado”, dice.

Opina que la literatura es un arma que nos permite buscar mucho de lo que nos pasa, revelándonos ante aquello que no queremos ver de nosotras mismas, por lo que, comprender el problema es el primer paso para transformarlo. dice.

La literatura tiene eso de que nos ayuda a preguntarnos cosas, a no dar todo por real y a buscar otros destinos posibles a cada una de nuestras problemáticas. “.Yo me pregunto si las personas más inteligentes no serán aquellas capaces de hacerse preguntas que no se hace nadie porque damos por hecho que todo está bien. Valoro mucho la literatura de la que no salgo indemne, que de algún modo me golpea en el buen o mal sentido de la palabra y amplía mi visión del mundo, mi manera de ver las cosas. Por eso quizá busco un lenguaje dentro de mis novelas que sea perturbador y pueda sacar a los lectores del espacio de confort, que genere inquietud, incluso que genere disconformidad”.

Para Marta Sanz, la mujer que traspasó los límites de lo “común”, que se arriesgó a ser ella misma, ha sido tildada de loca y ello ha herido mucho a las mujeres. “Se habla de locura, enfermedad o de dolencia psiquiátrica cuando en realidad estas mujeres lo que estaban expresando era su rebeldía, su disidencia respecto a un orden establecido que probablemente para ellas era absolutamente represivo y alienante. Su inteligencia, su creatividad, el hecho de disentir, el ansia de conocimiento, las colocaba inmediatamente como mujer con el apelativo de la excéntrica, la rara, la loca, la histérica”, continuó la autora.

No cree para nada que todo tiempo pasado fue mejor, por el contrario, confía en que se lograrán cambios pero entiende que estos se darán siempre que “no se caiga en todas las trampas publicitarias y lo que está de moda, ni la idea de progreso que por debajo tiene siempre una carga ideológica muy potente que dudo mucho que nos vaya a traer la felicidad”.

Para la escritora española, la mujer además de loca, siempre es la que tiene que sufrir. “Se nos ha vendido desde siempre que tenemos que ser sufridoras, sensibles, se nos perdona muy poco el sentido crítico y la sátira. Estamos hechas para sufrir y compadecernos de los demás y ser piadosas. Y sufrir no nos hace más fuertes sino que normalmente nos debilita”, afirma Sanz.

 

Por Yudith Píriz.