Al conmemorarse el Día del Maestro, la historia de alguien que es un ejemplo a seguir: Andria Zafirakou

Provoca entusiasmo pensar que, mientras muchas personas y naciones luchan día a día por el poder y la supremacía en el mundo, otros hacen la obra más hermosa y esencial de la vida, la de transmitir no solo conocimientos sino valores, esperanza, ayudando a niños y jóvenes a recorrer sus propios caminos, a través del descubrimiento de sus capacidades y fortalezas.

Cada docente es en sí mismo, un hacedor que teje desde abajo, la trama que florecerá luego en cada persona. Su labor, trasciende épocas y lugares, porque la educación, aunque se transforme con los tiempos, siempre seguirá siendo la  única herramienta que permitirá, hacer del lugar donde vivimos, un espacio más humano, más solidario, más pacífico.

Y por ese camino, maestros y maestras, transitan con el afán de ser parte en el proceso de ampliar horizontes y aportar su granito de arena, a la gran revolución que tanto necesitan los pueblos del mundo.

Cada uno de los docentes  que ayudan a tantos niños y adolescentes a confiar en ellos mismos, a encontrar sus verdaderas pasiones y los motivan a seguir, cueste lo que cueste, merecen ser reverenciados como esos seres especiales, que dedican gran parte de sus vidas a ese difícil arte de educar en saberes y valores.

Por ello nuestro profundo y sincero homenaje, así como nuestro  agradecimiento en su día, a  cada uno de los educadores de Uruguay.

Como forma de enaltecer su gran labor, nuestro homenaje es presentar a una educadora que al igual que tantas otras, buscan incansablemente, desarrollar técnicas de aprendizajes que permitan quitar barreras y hacer cada día más inclusivo,  el derecho a la educación. .

ESTRATEGIAS | Al igual que años anteriores, se otorga un premio especial a un docente destacado por su trabajo educativo. Este galardón, del cual ya hicimos mención el pasado año, en el que Maggie MacDonnell, maestra de una comunidad Inuit en Canadá, fuera elegida como mejor maestra 2017, en esta oportunidad, se fue para Londres.

El premio Global Teacher Prize 2018, llamado el Nobel de la Educación, fue otorgado a Andria Zafirakou, subdirectora y docente de Arte y Textiles en la Alperton Community School, una escuela pública de Londres ubicada en Brent, barrio catalogado como uno de los más pobres, violentos y étnicamente diversos del Reino Unido. Al recibir el premio dijo “Tengo mucha suerte por haber ganado el Global Teacher Prize, sobre todo porque debe haber miles de buenos profesores alrededor del mundo…El objetivo del premio, es hacer brillar la luz de todos esos profesores que ayudan a que los niños logren su mayor potencial”, aseguró.

Por su parte dijo a los estudiantes, ““A todos los estudiantes del mundo, les digo que cualesquiera que sean sus circunstancias, sus problemas, sepan que tienen el potencial de tener éxito en cualesquiera que sean sus sueños”, expresó. De padres griego chipriotas, Andria Zafirakou supo desde niña que su vocación era enseñar, y ese deseo infantil la animó a construir un camino sólido dentro de la educación

Las causas que llevaron al jurado a considerarla como La mejor profesora 2018, se pueden resumir en dos factores fundamentales, su forma de relacionarse con los alumnos y su fuerte compromiso con la integración y la inclusión de los mismos, en el proceso educativo. Pobreza, violencia, diversidad de lenguas y múltiples contextos familiares fueron algunos de los elemento que hicieron parte de la realidad que Andria tuvo que enfrentar cuando llegó a esta escuela por primera vez. Aunque el desafío era enorme, esta profesora, logró hacer frente a la problemática, gestionando cambios dentro y fuera de la escuela.

Logró utilizar el arte como una herramienta para transformar dichas problemáticas, trabajando más allá de su salón de clase. A pesar del contexto, ha podido  generar un impacto importante no sólo en la vida de sus alumnos, sino en la vida de toda la comunidad. El colegio está ubicado en una de las zonas más peligrosas y empobrecidas de Reino Unido, con una gran diversidad étnica y altos niveles de violencia, donde los chicos vienen de familias de muy bajos recursos, viviendo muchos de ellos hacinados conviviendo con otras familias y donde están expuestos a la violencia de las pandillas. Debido a esa realidad, muchos de los estudiantes que entran a la escuela Alperton llegan con un desarrollo de habilidades muy limitado. Esto ha representado un enorme desafío para Andria, a lo que hizo frente y con creces, lo que la llevó a ser ganadora del premio.

La profesora entendió que si más del  85% de los alumnos no hablaba inglés como lengua materna, era necesario como primer paso, poder comunicarse con todos. Ante esa situación, decidió aprender frases básicas, en más de 35 idiomas, para poder saludar e interactuar mejor con los chicos. De esta forma se ha ganado la confianza de sus alumnos más marginados y sobre todo, ha podido construir relaciones importantes con sus familias. “Al saludarlos, me aseguro de que todos estén y se sientan seguros en el recinto”.  Explica Andria que “Debido a que muchos niños llegan a Alperton con habilidades de lenguaje limitadas, se pueden sentir muy solos. Hice un esfuerzo para aprender el saludo básico, un “hola” en la mayoría de los idiomas que se hablan en nuestra escuela porque quería que los niños supieran que aquí son bienvenidos. Cuando los niños me responden al “hola” y al “¿cómo estás?” siento un calorcito en el corazón porque sé que se sienten seguros y felices de estar en nuestra escuela”, dice.

Con respecto al trabajo docente, explica que ser docente es arriesgado pero gratificante a la vez y sobre todo vocacional, “El arte de enseñar tiene un significado muy profundo. Esta es una profesión en la que uno siente el llamado, hay que estar dispuesto, tener vocación. Enseñar es una profesión difícil, no se valora cómo debería, pero tenemos que ser resilientes porque se lo debemos a los niños. Y si no lo podemos hacer ¿entonces quién?”

Explica que para ella los docentes como velas. “Ustedes son como una vela, y una vela es una fuente de esperanza, de luz, de futuro, una fuente que nos permite entender que todo es posible”. También expresa que “No soy la mejor profesora del mundo, eso no existe. Todos somos increíbles en lo que hacemos. Somos ángeles. Los profesores somos trabajadores sociales, hermanos, hermanas y a veces padres porque guiamos y damos conocimientos a los estudiantes”. A lo que agrega, “Nosotros los profesores tenemos poder… tenemos poder porque cambiamos vidas. ¿Cómo cambiamos la vida? Y esto es lo más importante… no sólo educamos, nosotros crecemos, nutrimos, inspiramos, sanamos”.

Con respecto a su trabajo, pudo entender que la problemática mayor estaba tanto dentro como fuera del fuera del colegio, por lo que trabajó con la comunidad, especialmente con la policía de Brent, con quien se encarga de cuidar que las pandillas de la zona no molesten a los alumnos. Explica que después de clase se ubica frente a las puertas del colegio, en compañía de agentes policiales para que sus estudiantes puedan subirse en buses locales sin mayores dificultades y ninguno charle con las pandillas cercana. “Tenemos que proteger a nuestros escolares, cueste lo que cueste” afirma.

Andria decidió crear un club de boxeo para que sus alumnos también sepan protegerse, además de hacer ejercicio, explica que resulta un espacio ideal para mantenerse lejos de las calles en la noche, cuando la situación es más crítica. También creó un equipo de cricket femenino, un coro de alumnos somalíes, un club de desayuno e involucró a sus estudiantes en grupos de matemáticas. Otros de los cambios que implementó la docente fue la jornada extendida para tareas de estudio. Cuando Andria se percató que sus alumnos viven en casas abarrotadas de gente y que tienen poco tiempo para hacer sus deberes, decidió cambiar el sistema del colegio. Para solucionar ese aspecto, abrió horas extracurriculares y ella y los demás docentes, comenzaron a dar clases de apoyo los fines de semana. Todo ello llevó al jurado a entender que Andria le ha dado voz a sus alumnos, ha generado cambios dentro y fuera de la escuela y se ha convertido en una líder que inspira a otros docentes.

 

LOGROS | Alperton es uno de los colegios de Inglaterra y Gales en los que más han mejorado los resultados de los alumnos, un logro que se le atribuye a la docente y su equipo. Como profesora de arte y textiles, entiende que estas son dos herramientas que le han permitido derribar las barreras del lenguaje que tienen muchos de sus estudiantes. Considera que la base de una educación de calidad es el respeto por la diversidad y está convencida de que el arte es esencial para una educación integral. “ El arte trasciende el lenguaje, permitiendo superar las limitaciones del idioma, lo que les permite desarrollar habilidades, pero además, les ayuda a mejorar la confianza en ellos mismos. Su gestión con el arte y los textiles ha permitido que la escuela tenga ahora el status de “escuela especializada” en artes visuales.

Otros de sus logros, ha sido el rediseño de un currículo que responde a las necesidades culturales de todos y cada uno de los estudiantes, no sólo desde las habilidades sino también desde el punto de vista emocional. Explica la docente “Tenemos que ser muy creativos a la hora de evaluar a nuestros estudiantes. Lo que sea que aprendan, deben poder aplicarlo en la vida real”.

Ha logrado con estos avances que la escuela sea un espacio donde los estudiantes se sienten seguros de sus capacidades y convencidos de poder hacer todo lo que se proponen. “Buscamos transformar la vida de los alumnos, mostrarles otros caminos y construir una comunidad educativa segura que les permita desarrollarse 100%. Mi vocación en la vida es asegurarme de que cada niño alcance su máximo potencial. Asegurarme de desbloquear eso. Asegurarme de permitirles que puedan lograr lo que sea que necesiten”.  Explica Andria que “cuando entreno nuevos profesores les digo: ser profesor es 80% ‘arrancarse el pelo’ porque ser profesor es realmente difícil. Por eso digo que somos ángeles. Pero hay un 20% en el que tienes momentos mágicos; como cuando un estudiante entiende algo, cuando ayudas a otro profesor, cuando resuelves un problema, cuando hay problemas en la casa de un estudiante y llegan a ti y puedes hacer algo y se sienten agradecidos. O cuando un niño no tiene nada, te trae un dulce o un chocolate y te dice: ‘hoy es mi cumpleaños’. Hay momentos mágicos y esto es lo que nos hace continuar”, expresa.

Desde que llegó a la escuela, su objetivo primero y principal, fue crear una institución que pudiera amparar además de enseñar a estos chicos que son tan diversos como sus propias realidades, “Es por eso que les inculcamos que cualquiera sea su historia y la cultura de la cual provengan, encontrarán en mí y en los demás profesores personas para ayudarlos, tanto en lo emocional como en lo educacional”. Agrega que los valores que se fomenten son fundamentales. “ Nuestra escuela busca fomentar la comprensión de diferentes culturas, pues estamos ubicados en uno de los sectores más multiculturales de Londres y trabajamos duro para asegurarnos del respeto propio. Esto está relacionado con que seamos altamente inclusivos, abracemos todas las culturas y creencias y tengamos un fuerte sentido de comunidad”, expresa la docente. Agregando que “El género nunca, nunca, NUNCA debería ser un problema en la educación”. Y en cuanto a los migrantes, opina “En el momento en que una familia migrante o refugiada llega a la escuela, a la comunidad, ellos deben ser celebrados; su cultura debe ser celebrada y ellos deben sentirse incluidos. ¡Cero tolerancia al bullying! Ningún ser humano tiene derecho a hacer sentir menos a otro”, expresa.

Por Yudith Píriz