A cuatro años del fallecimiento de Doris Lessing, algunas de sus ideas sobre educación

Desde todos los tiempos, se ha dado a la educación, un lugar destacado dentro de la sociedad, pero en muchos casos, no se ha logrado salir de los tradicionales esquemas y estructuras de lo que representa educar a una persona. Como base del crecimiento de todo ser humano, intentar lograr que la educación sea de calidad, libre y enriquecedora desde un punto de vista integral es de suma importancia para el equilibrio de toda sociedad. El problema surge cuando esa educación se limita a transmitir conocimientos y no va acompañada de herramientas para la vida, principalmente desde los valores, que permiten a los jóvenes hacer frente a las fluctuantes situaciones que ofrece el mundo.

Hay que trabajar en función de que todo niño ya trae consigo un gran potencial a priori, sólo queda ayudar a que lo descubran ellos mismos, cumpliendo el rol de guías en el encuentro con ese potencial, dándole el empuje necesario para descubrirlo.

PLANTEOS |En este camino, muchos han expuesto las deficiencias educativas de las sociedades actuales, por ejemplo Paulo Freire, que establecía la necesidad de una educación liberadora y antiautoritaria o el chileno Claudio Naranjo que ha dicho que “la educación que tenemos roba a los jóvenes la conciencia, el tiempo y la vida”.

En esta línea, y a modo de homenaje, citamos en esta oportunidad a una persona que también supo dejar su mensaje y su dura crítica a los sistemas educativos en la sociedad actual. La escritora británica Doris Lessing, galardonada con el Premio Novel de Literatura 2007, supo durante su vida y su trabajo, mostrar los debes que la educación presenta en la actualidad, y decía sería fundamental llegar a cambios revolucionarios en la educación, si se intenta crear seres libres y felices.

 

MUJER | A 10 años de recibir el Nobel y a cuatro de su partida física, el 17 de noviembre de 2013, a la edad de 94 años, quisimos presentar algunas de sus reflexiones acerca de la educación.

Lessing fue una de las escritoras más influyentes del siglo XX, capaz de desarrollar una obra profunda y analítica, referida a la experiencia femenina. No fue este su único tema sino que profundizó también en sus experiencias de vida y sus percepciones del mundo. Su trabajo más destacado fue, “El cuaderno dorado”, aunque el galardón que recibió, reconoció la obra de toda una vida, más que un libro en concreto.

Radical en su forma de pensar el mundo y crítica de sistemas rígidos y autoritarios, Lessing captó a través de sus trabajos, los sentires de una época y de sus propias vivencias. Su percepción de lo que representa la educación como sistema, mostró su parte más crítica, al establecer que se ha creado una estructura educativa que se enfoca en crear seres competitivos y escasos de valores. Para la escritora, la educación solo crea personas con escasas posibilidades de ser creativos y desarrollar su propio potencial, afirmando que “los chicos son moldeados para servir al sistema”.

Decía Lessing, “todo empieza cuando el niño tiene apenas cinco o seis años, cuando entra en la escuela. Empieza con notas, calificaciones, premios, “bandas”, “medallas” estrellas…Es una mentalidad de carreras de caballos, un modo de pensar en vencedor y en vencidos. Desde el principio, se entrena al niño a pensar así: siempre en términos de comparación, de éxito y de fracaso. Es un sistema de desbroce: el débil se desanima y cae. Un sistema destinado a producir unos pocos vencedores siempre compitiendo entre sí”, expresaba.

Lessing decía que se da una preparación para el mundo laboral, pero no una preparación para ayudar al chico a descubrir sus talentos y lo más importante, a crecer en valores “Según mi parecer, el talento que tiene cada niño, prescindiendo de su cociente de inteligencia, puede permanecer con él toda su vida, para enriquecerle…, si esos talentos no fueran considerados mercancías con valor en un juego de apuestas al éxito”, decía.

Su firme posición antiautoritaria, marcan su estilo durante toda la vida, lo que la llevó a ganarse la antipatía de muchos y como ella decía “hay algo abrasivo en mí porque a menudo hago enfurecer a la gente”.

Creía en dar un cambio radical en la rigidez con la que se educa a un niño, porque creía que de esa forma, lo único que se logra es perpetuar un sistema nefasto. “Se enseña desde el principio a desconfiar del propio juicio. A los niños se les enseña sumisión a la autoridad”, decía. Expresaba: “en la esfera política, al niño se le explica que es libre, demócrata, con un pensamiento y una voluntad libres, que vive en un país libre, que toma sus propias decisiones. Al mismo tiempo, es un prisionero de las suposiciones y dogmas de su tiempo, que él no pone en duda”.

Entendía que es imposible lograr buenos resultados en la educación de los jóvenes y en sus posteriores vidas de adultos. Los obstáculos, aunque muy solapados, siguen estando y en muchos casos, año a año se suman otros. “Cuando el joven ha llegado a la edad de escoger, seguimos dando por descontado que una elección es inevitable, entre el arte y las ciencias, escoge a menudo las artes por creer que ahí hay humanidad, libertad, verdadera elección. Él no sabe que ya ha sido moldeado por un sistema: ignora que la misma elección es una falsa dicotomía arraigada en el corazón de nuestra cultura”, decía.

Pero además añadía: “quienes notan esto y no quieren ser sometidos a un moldeado ulterior, tienden a irse en un intento medio inconsciente e instintivo de encontrar trabajo donde no vuelvan a ser divididos contra ellos”.

Lessing, criticaba como se deja de lado a los que van quedando por el camino, y que en ello se desaprovecha mucho de lo que podrían tener para ofrecer desde su diferencia. “En todas nuestras instituciones, desde la policía hasta las academias, desde la medicina a la política, prestamos poca atención a los que se van, es un procedimiento de eliminación, que excluye muy tempranamente, a quienes podrían ser originales y reformadores. Este mecanismo social funciona casi sin hacerse sentir; sin embargo, es poderoso como cualquiera para mantener nuestras instituciones rígidas y opresoras”, afirmaba.

 

MÉTODOS | Hace referencia a los métodos de estudio y a las malas prácticas que llevan al joven a desestimularse y perder el interés de lo que ella llama “el sistema de entrenamiento”.

“Esos muchachos, han debido pasar por años dentro del sistema de entrenamiento, dejando de lado su juicio original e imaginativo. Lo que pueden hacer, y lo hacen muy bien, es ser como el papel de tornasol, veletas valiosas… donde deben adaptarse a las figuras de la autoridad”.

Su forma de ver la educación, la llevaban a asegurar que en realidad, no podían o no querían dar otro tipo de educación, pero que de todas formas, deberían “por lo menos, no engañen y de una vez, se digan las cosas por su verdadero nombre. A los niños les deberían decir ‘Están siendo indoctrinados…Lo sentimos mucho, pero es lo mejor que podemos hacer’ (…). Os educan personas que han sido capaces de habituarse a un régimen de pensamiento ya formulado por sus predecesores. Se trata de un sistema de auto perpetuación”.

Ante ello, decía la escritora que los que sobreviven a este opresor sistema, deberán siempre recordar “que están siendo modelados y ajustados para encajar en las necesidades particulares y estrechas de esta sociedad concreta.”

De esta forma, cada niño, sigue las reglas del juego, de acuerdo a lo que planteaba Lessing y en el caso de revelarse, tendrá necesariamente que abandonar el estudio, para buscar otras alternativas que les permita identificar su propio valor, eso sí, sin los acostumbrados premios y castigos de la educación tradicional.

Creía Lessing que lamentablemente al ser algo establecido y aceptado como “normal”, muchas veces no se cuestiona y ahí radica el error que perpetuamos en las nuevas generaciones. “Estamos tan acostumbrados a él que ya ni nos damos cuenta de lo malo que es. Pero yo no puedo acostumbrarme, yo abandoné la escuela de monjas a los 14 años. Durante cierto tiempo creí haber perdido algo de mucho valor. Ahora estoy muy contenta de tan afortunada salida”, expresaba.

Su recorrido por muchos lugares y situaciones y sus distintos enfoques tanto políticos como sociales y filosóficos, la llevaron a desarrollar una rica percepción del mundo actual. Siempre afirmaba que admiraba la gente que tiene ideales pequeños y pelea por ellos. “Respeto a esa gente tanto como odio a los grandes idealistas y a los movimientos de masas. Creo que los grandes idealismos son poses y que casi siempre arrastran a la gente al error. Casi todos los dictadores, los más crueles y brutales, partieron de un idealismo”.

Doris Lessing dejó un legado extraordinario, tanto desde su práctica literaria como desde sus experiencias de vida. De admirable lucidez, y un profundo amor a los gatos, fue una mujer con una marcada personalidad y hasta sus últimos días, vivió apasionada por la magia de la escritura.

Por Yudith Píriz